Evangeli dominical

EVANGELI DOMINICAL

«¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?»
17-08-2018
«¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?»

Prosigue el debate en torno al signo obrado por Jesús al multiplicar panes y peces y alimentar al pueblo en el desierto, anunciando así la nueva alianza entre Dios, que es Padre, y sus hijos que somos todos y cada uno de nosotros. Jesús se declaró explícitamente como alimento para el corazón, la vida,  la inteligencia del hombre, como Palabra que viene de Dios -baja del cielo- precisamente para dar vida  al mundo. Los que le seguían dudaron de la realidad de estas palabras porque una cosa es tener un  pacto con Dios que compromete a ambas partes a una serie de acciones y privaciones y otra el entrar en  comunión con ese mismo Dios. Jesús les explica que esto de ahora no es sino la consecuencia y el sentido profundo de lo antiguo: es el verdadero Pan que da Dios porque es más que capaz de darles la vida y lo puede probar, aunque con la condición de que ellos se abran y lo acojan; si dudan, si retroceden, se quedarán cuarenta años o más en el desierto. Pero Jesús no deja de revelarse y les manifesta que Él no es solo la Palabra sino también que su persona, carne y sangre, vida es esa primera piedra plantada como entregada como fundamento de la nueva comunidad de personas abierta a todos. Eso ha requerido su entrega, que Él mismo se convirtiese en auténtica comida y auténtica bebida a fin de "contagiar", alimentar y sostener en nosotros el estilo de vida que Él asumió. Han sido necesarios sus signos, sus palabras, su persona, su presencia y también su entrega hasta el final.

Este texto de san Juan es, como sabemos, otra forma complementaria de comprender la Eucaristía que Jesús visibilizó claramente en la tarde de la última cena que precedió, anunció y dio sentido a la entrega de su vida, pues aquí se habla de lo mismo que allí: cómo asumir y hacer nuestro ese modo de vivir que salva, hace vivir en comunión y, por fin, salva la vida para siempre. Se trata, pues, de acogerlo a Él como Palabra, dejar que nos levante, perdone, enseñe y dé fuerza; se trata, también, de "comulgar" físicamente y con fe suficiente, su misma carne y su misma sangre para que nos comuniquen la misma fuerza de Dios que le movió a Él. Los discípulos no entienden ni ven cómo y tienen razón, porque no se trata de teorías o conclusiones filosóficas que hay que aceptar sino de creer, vivir, comulgar, practicar efectivamente un estilo de vida basado, como el de Jesús, en el amor, el servicio y la entrega y ello significa darlo todo y darlo siempre, en toda ocasión, sin detenernos nunca. Solo la plena entrega conlleva la plena comunión y felicidad.

» Primera Lectura

Lectura del libro de los Proverbios (9,1-6):

La Sabiduría se ha construido su casa plantando siete columnas, ha preparado el banquete, mezclado el vino y puesto la mesa; ha despachado a sus criados para que lo anuncien en los puntos que dominan la ciudad: «Los inexpertos que vengan aquí, quiero hablar a los faltos de juicio: "Venid a comer de mi pan y a beber el vino que he mezclado; dejad la inexperiencia y viviréis, seguid el camino de la prudencia."»

» Segona Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios (5,15-20):

Fijaos bien cómo andáis; no seáis insensatos, sino sensatos, aprovechando la ocasión, porque vienen
días malos. Por eso, no estéis aturdidos, daos cuenta de lo que el Señor quiere. No os emborrachéis con vino, que lleva al libertinaje, sino dejaos llenar del Espíritu. Recitad, lternando, salmos,  himnos y cánticos inspirados; cantad y tocad con toda el alma para el Señor. Dad siempre gracias a Dios Padre por todo, en nombre de nuestro Señor Jesucristo.

» Evangeli

Lectura del santo evangelio según san Juan (6,51-58):

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.» Disputaban los judíos entre sí: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?» Entonces Jesús les dijo: «Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí. Éste es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron;, el que come este pan vivirá para siempre.»

LECTURES DEL DIUMENGE


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