Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

"La señal por la que conocerán que sois discípulos míos, será que os amáis unos a otros".
17-05-2019
"La señal por la que conocerán que sois discípulos míos, será que os amáis unos a otros".

La Palabra de Dios en esta celebración nos ha hablado del cumplimiento de la misión del Hijo, de Cristo, entre nosotros. El Evangelio nos situaba en el mismo cenáculo, al término de esa primera celebración de la Pascua cristiana y la Eucaristía que san Juan identifica también con el momento de máximo amor de Jesús al lavar los pies de sus discípulos mostrándoles real, simbólica y personalmente hasta dónde llegaba su amor y servicio. Este fragmento de hoy es el comienzo de un largo discurso de sobremesa donde Jesús examina su obra y su significado. En realidad, es más nuestra situación que la de entonces, pues no hubo mucho tiempo aquella noche para explicaciones. Es Jesús ya resucitado, vivo otra vez, superada la prueba, quien “vuelve” al lugar donde todo culminó para dar explicaciones e introducirnos a todos en la comprensión de lo que sucedió de modo que entendamos cómo afecta a nuestras vidas. Apenas ha salido Judas a completar su misión, su papel, y Jesús afirma su “glorificación” como hijo del hombre, esto es, como hombre que realmente camina como hijo en la voluntad del Padre.

Esto significa también la “glorificación” de Dios. San Juan quiere dar a entender muchas cosas mediante este término y casi todas tienen que ver con el cumplimiento de las promesas de Dios, con el hacerse verdad y realidad su reino, su presencia, su “dominio” efectivo en nuestra realidad. Pronto acabará todo, recuerda Jesús, refiriéndose a la Cruz, y esto deja poco tiempo para hacer caer en la cuenta a los discípulos, que tendrán que contemplar lo inaudito, de lo fundamental. Y Jesús lo hace: recuerda su don, aquello que les entrega: que os améis los unos a los otros, esto es, que ahora podemos amarnos unos a otros, como Él nos ha amado, sin medida, con paciencia enorme, sin cálculos, como solo Dios sabe amar. Jesús no manda, ni ordena, ni siquiera da un mandamiento en el mismo sentido que Moisés y la primera alianza lo hicieron. No es, primero, una exigencia, sino un don. Para ello nos ha amado y lo ha mostrado con su servicio, perdón, reconciliación. A partir de ahí, nos marca el camino, nos “pide” dar y regalar lo mismo que Él nos ha hecho sentir, ese amor que nos ha curado y reconciliado unos con otros. Por eso el amarnos, el querernos y servirnos realmente es el único testimonio creíble de que de verdad seguimos a Jesús, que hemos recibido su amor y perdón y lo queremos compartir para sanar las heridas de los demás, de esta sociedad y de este mundo.

» Primera Lectura

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 14, 20b-26
En aquellos días, volvieron Pablo y Bernabé a Listra, a Iconio y a Antioquía, animando a los discípulos y exhortándolos a perseverar en la fe diciéndoles que hay que pasar mucho para entrar en el Reino de Dios.
En cada iglesia designaban presbíteros, oraban, ayudaban y los encomendaban al Señor en quien habían creído. Atravesaron Pisidia y llegaron a Panfilia. Predicaron en Perge, bajaron a Atalía y allí se embarcaron para Antioquía, de donde los habían enviado, con la gracia de Dios, a la misión que acababan de cumplir. Al llegar, reunieron a la comunidad, les contaron lo que Dios había hecho por medio de ellos y cómo había abierto a los gentiles la puerta de la fe.

» Segunda Lectura

Lectura del libro del Apocalipsis 21, 1-5a
Yo, Juan, vi un cielo nuevo y una tierra nueva,
porque el primer cielo y la primera tierra han pasado,
y el mar ya no existe.
Vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén,
que descendía del cielo, enviada por Dios,
arreglada como una novia que se adorna para su esposo.
Y escuché una voz potente que decía desde el trono:
–Esta es la morada de Dios con los hombres:
acampará entre ellos.
Ellos serán su pueblo
y Dios estará con ellos.
Enjugará las lágrimas de sus ojos.
Ya no habrá muerte, ni luto,
ni llanto, ni dolor.
Porque el primer mundo ha pasado.
Y el que estaba sentado en el trono dijo:
«Ahora hago el universo nuevo.»

» Evangelio

+ Lectura del santo Evangelio según San Juan 13, 31-33a. 34-35
Cuando salió judas del cenáculo, dijo Jesús:
–Ahora es glorificado el Hijo del Hombre y Dios es glorificado en él. (Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará).
Hijos míos, me queda poco de estar con vosotros.
Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros como yo os he amado. La señal por la que conocerán que sois discípulos míos, será que os amáis unos a otros.

LECTURAS DEL DOMINGO

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