Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

«¿De quién son esta cara y esta inscripción?»
20-10-2017
«¿De quién son esta cara y esta inscripción?»

Tras las parábolas que ilustraban gráficamente la oferta de Dios en Jesús, el evangelista Mateo vuelve a las controversias directas con los dirigentes de Israel. En esta ocasión, se alían fariseos y herodianos, que estaban enfrentados en la mayoría de las cuestiones, menos en esta del dinero, por lo que parece. Y aliados, arremeten contra Jesús con toda esa ironía hipócrita tan propia de los profesionales religiosos, que aparentan apreciar a quien, en realidad, desprecian. La primera lectura plantea directamente el tema de las relaciones entre poderes religiosos y civiles (iglesia y estado) pero no parece que el Evangelio se refiera a eso, a no ser que se entienda que el tema del dinero represente a la política o que Jesús generalice desde esta cuestión a todas las implicadas en las siempre complicadas relaciones entre lo presente y lo transcendente. El texto de Isaías reivindica la libertad de Dios de elegir a quien necesite para intervenir en la realidad, de modo indirecto, sin que el “elegido” se tenga que creer con poderes especiales para hablar o actuar en su nombre.

En este caso, el contexto es de liberación –la vuelta del destierro de Babilonia– pero en otras ocasiones también significa “castigo” o, mejor dicho, asunción de responsabilidades por parte del pueblo y sus dirigentes, cuando la injusticia inducida o consentida se vuelve contra quienes la practican. En el evangelio, Jesús se muestra como un maestro agudo e inteligente, ingenioso, como quien era. En primer lugar, él no lleva ninguna moneda y son los adversarios quien deben mostrarla, haciendo visible que colaboran con el sistema y que les gusta el oro, independientemente de la inscripción que lleve, blasfema o no. La cuestión queda abierta, más que cerrada. No se están definiendo dos marcos de actuación, el del poder y el de la religión, lo que se debe al gobierno y lo que se debe a Dios. Se está, como en las otras ocasiones, desenmascarando con habilidad y gracia, la radical hipocresía de unos dirigentes que niegan al verdadero ungido y rechazan la actuación de Dios en medio de ellos. El Dios verdadero no ofrece una vana y cansina liberación política para que otros se erijan en nuevos dominadores sino que ofrece el amor, la libertad de los hijos de Dios, la verdad, la justicia a todos aquellos que se reconozcan como sus hijos y se comporten como tales con los demás.

» Primera Lectura

Lectura del libro de Isaías 45, 1. 4-6
Así dice el Señor a su Ungido, a Ciro,
a quien lleva de la mano:
«Doblegaré ante él las naciones,
desceñiré las cinturas de los reyes,
abriré ante él las puertas,
los batientes no se le cerrarán.
Por mi siervo Jacob,
por mi escogido Israel,
te llamé por tu nombre, te di un título,
aunque no me conocías.
Yo soy el Señor y no hay otro;
fuera de mí, no hay dios.
Te pongo la insignia,
aunque no me conoces,
para que sepan de Oriente a Occidente
que no hay otro fuera de mí.
Yo soy el Señor, y no hay otro. »

» Segunda Lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses  1, 1-5b
Pablo, Silvano y Timoteo a la Iglesia de los tesalonicenses, en Dios Padre y en el Señor Jesucristo. A vosotros, gracia y paz.
Siempre damos gracias a Dios por todos vosotros y os tenemos presentes en nuestras oraciones.
Ante Dios, nuestro Padre, recordamos sin cesar la actividad de vuestra fe, el esfuerzo de vuestro amor y el aguante de vuestra esperanza en Jesucristo, nuestro Señor.
Bien sabemos, hermanos amados de Dios, que él os ha elegido y que, cuando se proclamó el Evangelio entre vosotros, no hubo sólo palabras, sino además fuerza del Espíritu Santo y convicción profunda.

» Evangelio

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 22, 15-21
En aquel tiempo, se retiraron los fariseos y llegaron a un acuerdo para comprometer a Jesús con una pregunta. Le enviaron unos discípulos, con unos partidarios de Herodes, y le dijeron:
–«Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad; sin que te importe nadie, porque no mi­ras lo que la gente sea. Dinos, pues, qué opinas: ¿es lícito pagar im­puesto al César o no?»
Comprendiendo su mala voluntad, les dijo Jesús:
–«Hipócritas, ¿por qué me tentáis? Enseñadme la moneda del impuesto. »
Le presentaron un denario. Él les preguntó:
–«¿De quién son esta cara y esta inscripción?»
Le respondieron:
–«Del César.»
Entonces les replicó:
–«Pues pagadle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. »

LECTURAS DEL DOMINGO


...........