Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

"No tengáis miedo a los que matan el cuerpo"
23-06-2017
"No tengáis miedo a los que matan el cuerpo"

Retomamos el Evangelio según san Mateo que nos tiene que acompañar este año, una vez concluidas todas las fiestas. Y lo hacemos ya en su capítulo décimo, durante el segundo de sus grandes discursos, llamado “apostólico” porque el evangelista reúne en él enseñanzas, consejos y advertencias de Jesús a los apóstoles que tienen que continuar su misión. En el fragmento de hoy se explica a quien realmente han de temer los discípulos de Jesús que llevan adelante la misión de fundamentar y ampliar el reino de Dios por él inaugurado. En primer lugar, les hace (nos hace) caer en la cuenta de que no hay que tener miedo de los hombres y su mundo, porque, de otro modo, nunca se podría comunicar el mensaje del Evangelio tal cual es. Como decía la primera lectura, la Palabra, a menudo, nos comunica lo que no queremos oír, que es rechazado fuertemente por la mentalidad reinante. Se prefiere o preferimos, a menudo, la mentira o la fantasía a afrontar la realidad de las cosas, sobre quiénes somos o quiénes podemos ser. Jeremías tuvo que transmitir un mensaje que nadie quería oír, acerca del fin de un tiempo y una época, y eso hace también el Evangelio, en cierto modo: anuncia lo nuevo, lo que de verdad sirve y trae la dicha, la felicidad, y es justo lo opuesto a lo que normalmente se busca o se cree necesitar: riqueza, soberbia, independencia.

Pero la realidad, la verdad de las relaciones humanas es demasiado importante y, además, se acaba imponiendo sobre todos los engaños y fantasías. Jesús invita a afrontar todo el desprecio y aún el daño físico que ocasionará este servicio al Evangelio. Lo importante es mantener a salvo el alma, esto es, la realidad y vida interior, la convicción profunda generada en el encuentro personal con Jesús que es la base para sentirle y anunciarle presente y actuante en las vidas de todos. Como Jeremías (primera lectura) los cristianos tienen que ser conscientes y experimentar que están en manos de Dios, del Padre de Jesús y Padre nuestro, que nos ama, quiere, protege, cuida. Es su presencia la que descubre el auténtico sentido de la realidad y lleva a comunicar el mensaje y sostiene a quienes sufren a causa de este anuncio.

» Primera Lectura

Lectura del libro de Jeremías 20, 10-13
Dijo Jeremías:
«Oía el cuchicheo de la gente:
"Pavor en torno;
delatadlo, vamos a delatarlo."
Mis amigos acechaban mi traspié:
"A ver si se deja seducir, y lo abatiremos,
lo cogeremos y nos vengaremos de él."
Pero el Señor está conmigo,
como fuerte soldado;
mis enemigos tropezarán y no podrán conmigo.
Se avergonzarán de su fracaso
con sonrojo eterno que no se olvidará.
Señor de los ejércitos, que examinas al justo
y sondeas lo íntimo del corazón,
que yo vea la venganza que tomas de ellos,
porque a ti encomendé mi causa.
Cantad al Señor, alabad al Señor,
que libró la vida del pobre de manos de los impíos.»

» Segunda Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 5, 12-15
Hermanos:
Lo mismo que por un hombre entró el pecado en el mundo, y por' el pecado la muerte, y así la muerte pasó a todos los hombres, por­que todos pecaron.
Porque, aunque antes de la Ley había pecado en el mundo, el pe­cado no se imputaba porque no había Ley. A pesar de eso, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés, incluso sobre los que no habían pe­cado con una transgresión como la de Adán, que era figura del que había de venir.
Sin embargo, no hay proporción entre el delito y el don: si por la transgresión de uno murieron todos, mucho más, la gracia otorgada por Dios, el don de la gracia que correspondía a un solo hombre, Je­sucristo, sobro para la multitud.

» Evangelio

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 10, 26-33
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles:
–«No tengáis miedo a los hombres, porque nada hay cubierto que no llegue a descubrirse; nada hay escondido que no llegue a saberse.
Lo que os digo de noche decidlo en pleno día, y lo que escuchéis al oído pregonadlo desde la azotea.
No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No, temed al que puede destruir con el fuego alma y cuerpo. ¿No se venden un par de gorriones por unos cuartos? Y, sin em­bargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis miedo; no hay comparación entre vosotros y los gorriones.
Si uno se pone de mi parte ante los hombres, yo también me pon­dré de su parte ante mi Padre del cielo. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre del cielo.»

LECTURAS DEL DOMINGO


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