Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

"Venid y lo vereis"
12-01-2018
"Venid y lo vereis"

Sentadas, revividas las bases de nuestra fe en Cristo en las fiestas navideñas, volvemos a recorrer el camino de nuestra vida en su compañía. Como iglesia y familia suya reiniciamos cada año la escucha y la vivencia del Evangelio. Este año nos acompañará, sobre todo, el de san Marcos, completado en ocasiones como hoy por el de san Juan, debido a su menor longitud. Y en las primeras páginas de los evangelios, y por tanto también en nuestra propia vida de seguidores de Jesús, figura el encuentro con Jesús, cómo lo hemos vivido cada uno. Vale la pena, usando estos textos, que rememoremos cómo hemos escuchado cada uno la Palabra de Dios y hemos reconocido en Jesús al enviado a nuestra vida, la presencia personal de un Dios que nos llama a la amistad y la vida plena, pasando justo por nuestro lado o haciéndose en encontradizo en las circunstancias que sean. En la primera lectura, Samuel es un niño, consagrado a Dios por su madre que lo ha recibido como regalo suyo, pero aun no conoce que el Dios de Israel está presente y que llama, habla, dialoga, busca personas a través de las cuales poder transmitir la Palabra a su pueblo.

Samuel tiene suerte de que allí esté Elí, el viejo sacerdote, que entiende lo que pasa. También nosotros hemos necesitado a alguien que nos ayudase a entender que Dios nos llamaba, que nos estaba invitando a entrar en el silencio donde Él habla. En el Evangelio, este papel corresponde a Juan el Bautista, quien dirige a sus propios discípulos y seguidores hacia Jesús, a quien califica sin ambages de “Cordero de Dios”. Sus discípulos se sienten intrigados y siguen a Jesús y conviven con Él, por lo menos un día, lo que les basta “para quedarse”. La llamada, la Palabra, el Evangelio son una invitación al trato de amistad con Jesús, a “estar muchas a veces a solas con Él” como diría Teresa de Jesús. Es solo en este “trato”, en el seguimiento que significa poner en práctica el Evangelio, donde se “conoce” quien es realmente Jesús. De momento, hoy nos quedamos con este revivir el primer encuentro gozoso y lleno de ilusión. Ojalá que la ilusión haya dado paso a la amistad firme y duradera, a considerar a Jesús la persona más importante de la vida.

» Primera Lectura

Lectura del primer libro de Samuel 3, 3b-10. 19
En aquellos días, Samuel estaba acostado en el templo del Señor, donde estaba el arca de Dios. El Señor llamó a Samuel, y él respondió:
– «Aquí estoy.»
Fue corriendo a donde estaba Elí y le dijo:
– «Aquí estoy; vengo porque me has llamado.»
Respondió Elí:
– «No te he llamado; vuelve a acostarte.»
Samuel volvió a acostarse.
Volvió a llamar el Señor a Samuel.
Él se levantó y fue a donde estaba Elí y le dijo:
– «Aquí estoy; vengo porque me has llamado.»
Respondió Elí:
– «No te he llamado, hijo mío; vuelve a acostarte.»
Aún no conocía Samuel al Señor, pues no le había sido revelada la palabra del Señor.
Por tercera vez llamó el Señor a Samuel, y él se fue a donde estaba Elí y le dijo:
– «Aquí estoy; vengo porque me has llamado.»
Elí comprendió que era el Señor quien llamaba al muchacho, y dijo a Samuel:
– «Anda, acuéstate; y si te llama alguien, responde: "Habla, Señor, que tu siervo te escucha."»
Samuel fue y se acostó en su sitio. El Señor se presentó y le llamó como antes:
– «¡Samuel, Samuel!»
Él respondió:
– «Habla, Señor, que tu siervo te escucha.»
Samuel crecía, y el Señor estaba con él; ninguna de sus pa­labras dejó de cumplirse.

» Segunda Lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 6, 13c-15a. 17-20
Hermanos:
El cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor; y el Señor, para el cuerpo.
Dios, con su poder, resucitó al Señor y nos resucitará tam­bién a nosotros.
¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo?
El que se une al Señor es un espíritu con él.
Huid de la fornicación. Cualquier pecado que cometa el hombre queda fuera de su cuerpo. Pero el que fornica peca en su propio cuerpo. ¿0 es que no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo? El habita en vosotros porque lo ha­béis recibido de Dios.
No os poseéis en propiedad, porque os han comprado pa­gando un precio por vosotros.
Por tanto, ¡glorificad a Dios con vuestro cuerpo!

» Evangelio

+Lectura del santo evangelio según san Juan 1,35-42
En aquel tiempo, estaba Juan con dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que pasaba, dice:
– «Éste es el Cordero de Dios.»
Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús. Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les pregunta:
– «¿Qué buscáis?»
Ellos le contestaron:
– «Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?»
Él les dijo:
– «Venid y lo veréis.»
Entonces fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día; serían las cuatro de la tarde.
Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús; encuentra primero a su her­mano Simón y le dice:
– «Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo).»
Y lo llevó a Jesús. Jesús se le quedó mirando y le dijo:
– «Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que se traduce Pedro).»

LECTURAS DEL DOMINGO


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