Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

"Todo lo que tiene el Padre es mío".
14-06-2019
"Todo lo que tiene el Padre es mío".

Terminadas, “cumplidas”, las Fiestas de la Pascua, tenemos por delante un par de semanas y domingos para reflexionar tranquilamente sobre todo lo vivido y celebrado, antes de volver al ciclo ordinario y seguir caminando en él de la mano del Evangelista san Lucas. Así, celebramos hoy la Fiesta de la Santísima Trinidad, que no es sino celebrar juntos la revelación en la que nos ha introducido Jesús. Porque esta revelación es mucho más que el descubrimiento de una sabiduría o unos conocimientos: Jesús nos ha hecho entrar, gracias a su entrega y al don del Espíritu, en la misma entraña de lo revelado que no es sino la verdadera realidad de Dios. No obstante, podemos y hasta debemos reflexionar sobre ello, porque somos también razón y nos tienen y nos tenemos que explicar bien las cosas. Nuestra fe no es racional (no se justifica a sí misma ni desde la filosofía ni desde ninguna ciencia) pero sí razonable, esto es, pensable, explicable, “tratable” mediante esa dimensión humana (y divina por tanto) tan importante que es la razón.

Ya los sabios de Israel (primera lectura) habían reflexionado sobre el modo de manifestarse, revelarse y salvar el Señor, sobre su “naturaleza”. Los sabios llegaron, más o menos, a lo que dice el texto: junto a Dios creador y autor de la vida, origen y fin de todo lo que existe, estaba la Sabiduría, que le ayudaba y colaboraba en este inmenso proyecto que aún continúa y que consiste en crear, funda y sostener la existencia entera. No se podía llegar más lejos con un Dios invisible y que no se deja cosificar ni encasillar. Pero la dinámica propia –se dice la “economía” hablando más técnicamente– de la creación y la salvación nos regaló a Jesucristo, Hijo unigénito del Padre y Creador y hermano nuestro. Él mostró con sus palabras, su vida, actitudes y, por fin, con su entrega final de todo lo que era y tenía, quién realmente Dios: constitutivamente amor y misericordia, capaz de tomar nuestro mal, miedo, pecado y transformarlo en bien y vida, a costa de asumirlo al coste que sea. Y como decía el Evangelio: al terminar su tiempo entre nosotros (que tenía que acabar como el de todo hombre), pudo enviarnos al Espíritu de la Verdad para guiarnos a la plena revelación, a conocer, experimentar y vivir en la entrega de nosotros mismos el misterio de Dios, que se comunica, y aunque nunca se pueda entender del todo, ojalá podamos entender los suficiente como para ser capaces de darlo todo a fin de tenerlo todo, de tenerle a Él, “que Dios (nos) haga merced de unirla en la Santísima Trinidad, en que el alma se hace deiforme y Dios por participación” (C 39,4).

» Primera Lectura

Lectura del libro de los Proverbios 8, 22-31
Esto dice la Sabiduría de Dios:
El Señor me estableció al principio de sus tareas
al comienzo de sus obras antiquísimas.
En un tiempo remotísimo fui formada,
antes de comenzar la tierra.
Antes de los abismos fui engendrada,
antes de los manantiales de las aguas.
Todavía no estaban aplomados los montes,
antes de las montañas fui engendrada.
No había hecho aún la tierra y la hierba,
ni los primeros terrones del orbe.
Cuando colocaba los cielos, allí estaba yo;
cuando trazaba la bóveda sobre la faz del Abismo;
cuando sujetaba el cielo en la altura,
y fijaba las fuentes abismales.
Cuando ponía un límite al mar:
y las aguas no traspasaban sus mandatos;
cuando asentaba los cimientos de la tierra,
yo estaba junto a él, como aprendiz,
yo era su encanto cotidiano,
todo el tiempo jugaba en su presencia:
jugaba con la bola de la tierra,
gozaba con los hijos de los hombres.

» Segunda Lectura

Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Romanos 5, 1-5
Hermanos:
Ya que hemos recibido la justificación por la fe,
estamos en paz con Dios,
por medio de nuestro Señor Jesucristo.
Por él hemos obtenido con la fe
el acceso a esta gracia en que estamos:
y nos gloriamos apoyados en la esperanza
de la gloria de los hijos de Dios.
Más aún, hasta nos gloriamos en las tribulaciones,
sabiendo que la tribulación produce constancia,
la constancia, virtud probada,
la virtud, esperanza,
y la esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones
con el Espíritu Santo que se nos ha dado.

» Evangelio

+ Lectura del santo Evangelio según San Juan 16, 12-15
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
–Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora: cuando venga él, el Espíritu de la Verdad, os guiará hasta la verdad plena. Pues lo que hable no será suyo: hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir.
El me glorificará, porque recibirá de mí lo que os irá comunicando.
Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso os he dicho que tomará de lo mío y os lo anunciará.

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