Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

«¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?»
11-08-2017
«¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?»

Este domingo, casi como el pasado, hemos asistido en el Evangelio a un momento especial de encuentro de Jesús con los discípulos, una ocasión de revelación, de comunión, de entender quién es realmente Jesús. El relato continúa uno en el que Jesús se retira al desierto, empujado por el rechazo de la mayoría de la gente y del aumento de la persecución (muerte de Juan Bautista) y allí alimenta al pueblo que se reúne en torno a él, como Moisés y el Señor hicieron en el Sinaí, mostrando que es el Mesías. Después suceden los hechos narrados en el fragmento de hoy. Jesús y sus discípulos siguen caminos diversos: ellos se marchan por mar mientras Él se retira a orar, como siempre que necesitaba iluminar el camino que tenía que seguir, discernir la voluntad del Padre. El encuentro especial y significativo se produce, pues, después, sobre un mar que se encrespa y amenaza a la comunidad naciente, pobre y sin recursos de dinero ni poder. Los cristianos se sienten justo como los apóstoles en esa barca: a punto de zozobrar a causa de las cuestiones internas y de la presión externa. Jesús parece ausente, los ha dejado a su suerte. Pero el momento de encuentro –técnicamente llamada teofanía– revela que esto no es así, que el Maestro está siempre cerca y atento a lo que están pasando los suyos.

Lo mismo sucede en la primera lectura: el profeta Elías, que también se cree abandonado, descubre que Dios está y estaba presente, y bien presente, y atento a todo lo que sucedía y, prácticamente, el profeta se podría haber ahorrado el viaje. La brisa donde se muestra el Señor significa su presencia continua y atenta, aunque como en segundo plano, oculto, sin hacerse de notar pero dando fuerza y confianza a todos los que son capaces de percibirle en la fe. En nuestro relato, Jesús se muestra a todos los discípulos, a la iglesia entera, como dominador del viento y de la tempestad, al estilo del AT, y deseoso de compartir este poder con ellos. En nombre de todos, Pedro medio se fía y lo intenta pero, una vez sobre el agua se asusta y no cree de verdad que Jesús le esté transmitiendo su fuerza y resistencia. Pero es verdad y el Maestro se lo hace ver. Jesús, a pesar de nuestros miedos, desánimos, incomprensiones sigue escuchando nuestra oración aun en nuestra poca fe y manifestando su apoyo, presencia y cercanía.

» Primera Lectura

Lectura del primer libro de los Reyes 19, 9a. 11-13a
En aquellos días, cuando Elías llegó al Horeb, el monte de Dios, se metió en una cueva donde pasó la noche. El Señor le dijo:
–«Sal y ponte de pie en el monte ante el Señor. ¡El Señor va a pasar! »
Vino un huracán tan violento que descuajaba los montes y hacía trizas las peñas delante del Señor; pero el Señor no estaba en el vien­to. Después del viento, vino un terremoto; pero el Señor no estaba en el terremoto. Después del terremoto, vino un fuego; pero el Señor no estaba en el fuego.
Después del fuego, se oyó una brisa tenue; al sentirla, Elías se tapó el rostro con el manto, salió afuera y se puso en pie a la entrada de la cueva.

» Segunda Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 9, 1-5
Hermanos:
Digo la verdad en Cristo; mi conciencia, iluminada por el Espíritu Santo, me asegura que no miento. Siento una gran pena y un dolor incesante, en mi corazón, pues por el bien de mis hermanos, los de mi raza según la carne, quisiera incluso ser un proscrito lejos de Cristo.
Ellos descienden de Israel, fueron adoptados como hijos, tienen la presencia de Dios, la alianza, la ley, el culto y las promesas. Suyos son los patriarcas, de quienes, según la carne, nació el Mesías, el que está por encima de todo: Dios bendito por los siglos. Amén.

» Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Mateo 14, 22-33
Después que la gente se hubo saciado, Jesús apremió a sus discípu­los a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mien­tras él despedía a la gente.
Y, después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba allí solo.
Mientras tanto, la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario. De madrugada se les acercó Jesús, andando sobre el agua. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, pensando que era un fantasma.
Jesús les dijo en seguida:
–«¡Animo, soy yo, no tengáis miedo!»
Pedro le contestó:
«Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua. »
Él le dijo:
–«Ven.»
Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua, acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó:
–«Señor, sálvame.»
En seguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo:
–«¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?»
En cuanto subieron a la barca, amainó el viento.
Los de la barca se postraron ante él, diciendo:
–«Realmente eres Hijo de Dios.»

LECTURAS DEL DOMINGO


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