Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

"Recibid el Espíritu Santo"
18-05-2018
"Recibid el Espíritu Santo"

Celebramos y hasta revivimos hoy si le damos ocasión y un poco de silencio y esfuerzo aquel día memorable de Pentecostés en el que el Señor cumplió todas sus promesas y como consecuencia, logro, fruto de la vida y entrega de Jesús, de su Resurrección y su reunión con el Padre. Hemos escuchado, en primer lugar, el relato de los Hechos de los Apóstoles. Aquel día estaban todos reunidos, también estaba María, y era unos días después de la “desaparición” de Jesús en la Ascensión. Estaban orando, celebrando, recordando a Jesús y entonces, como Dios hace las cosas, “de repente” sucedió como un ruido, como de un viento recio que resonó por todo aquel lugar. Después aparecieron unas lenguas como llamaradas de fuego, que se posaron sobre todos y cada uno de los presentes, hombres y mujeres, discípulos y simpatizantes. Inmediatamente, todos, como en las profecías, quedaron llenos del Espíritu Santo y empezaron a dar testimonio de Jesús, en diversas y muy diferentes lenguas, cada una sugerida por el mismo Espíritu, decía el texto. En línea con lo que venimos escuchando estos domingos, se trata ante todo, de la Misión, de dar a conocer a todas las gentes, en su propia lengua, de modo que lo entiendan, la realidad de Jesús y la oferta de Dios en Él, “las maravillas de Dios”. Es el momento indicado por Jesús: “aquel día ya no me preguntaréis nada”.

Ahora los discípulos ven, sienten, se dejan mover por la misma fuerza y la misma realidad de Jesús; experimentan el inmenso amor de Dios, que une al Padre y al Hijo, y los impulsa a ofrecer su presencia, amistad, ayuda, perdón a todas las gentes. El Evangelio nos relata lo mismo desde el punto de vista de la comunidad: aquí se muestra realmente a Jesús entregando el Espíritu a los discípulos, como fruto de su propia entrega y unión con ellos. Este gesto hace consciente a la Iglesia del “poder” que reside en la comunidad y que siempre es para perdonar, salvar, ayudar, compartir sufrimientos y alegrías, gozos y esperanzas de las personas a fin de manifestarles que existe una comunidad, una familia de personas que al creer en Jesús se abren y acogen a todos los demás, sin juzgarles y compartiendo con todos lo mismo que a ellos les ha salvado: el amor sin límites de un Dios que se ha dado y se da a sí mismo en el Amigo Jesús, en el Espíritu que es Vida.

» Primera Lectura

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 2, 1-11
Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar. De repente, un ruido del cielo, como de un viento recio, resonó en toda la casa donde se encontraban. Vieron aparecer unas len­guas, como llamaradas, que se repartían, posándose encima de cada uno. Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en lenguas extranjeras, cada uno en la lengua que el Espíritu le sugería.
Se encontraban entonces en Jerusalén judíos devotos de todas las naciones de la tierra. Al oír el ruido, acudieron en masa y quedaron desconcertados, porque cada uno los oía hablar en su propio idioma.
Enormemente sorprendidos, preguntaban:
–«¿No son galileos todos esos que están hablando? Entonces, ¿có­mo es que cada uno los oímos hablar en nuestra lengua nativa?
Entre nosotros hay partos, medos y elamitas, otros vivimos en Me­sopotamia, Judea, Capadocia, en el Ponto y en Asia, en Frigia o en Panfilia, en Egipto o en la zona de Libia que limita con Cirene; algunos somos forasteros de Roma, otros judíos o prosélitos; también hay cretenses y árabes; y cada uno los oímos hablar de las maravillas de Dios en nuestra propia lengua.»

» Segunda Lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 12,3b-7. 12-13
Hermanos:
Nadie puede decir: «Jesús es Señor», si no es bajo la acción del Espíritu Santo.
Hay diversidad de dones, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor; y hay diversidad de funciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos. En cada uno se mani­fiesta el Espíritu para el bien común.
Porque, lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo.
Todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bau­tizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu.

» Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Juan 20, 19-23
Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:
–«Paz a vosotros.»
Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípu­los se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:
–«Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. »
Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo:
–«Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.»

LECTURAS DEL DOMINGO


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