Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

"Ya no son dos, sino una sola carne"
05-10-2018
"Ya no son dos, sino una sola carne"

La propuesta de Jesús, el reino de Dios, también va apareciendo en los diversos encuentros que tiene el Maestro. En ellos el evangelista intenta aclarar un camino de respuesta a las grandes preguntas planteadas sobre la identidad del Mesías y el significado de lo que hace y realizará. En esta ocasión se trata de unos “opositores” que lo quieren “poner a prueba” según confiesa el texto. Es un tema peliagudo: el “derecho” de los varones israelitas de divorciarse “repudiando” a su mujer y compañera. Para todos era un tema asumido por la práctica, la tradición y hasta la Ley y solo se discutía sobre los motivos (muy leves según los “liberales” o un poco más graves para los demás). Jesús, una vez más, no se preocupa de “ganar partidarios” sino que expone la verdad que estableció Dios al principio de todas las cosas (primera lectura): ambos están en la cumbre de la creación y solo pueden encontrar verdadera compañía y comunión uno en la otra y viceversa. Son iguales exactamente en valor y dignidad aunque lo suficientemente diferentes para complementarse y completarse, para encontrar juntos la comunión más íntima y profunda que dos personas pueden lograr, y que, además, de ella puedan venir los frutos del amor, los hijos que perpetúan la existencia humana y el proyecto de Dios. Por todo esto Jesús es tan drástico: romper el vínculo matrimonial es desgarrar la carne unida previamente. Las relaciones profundas y estables hombre-mujer significan de primera mano la bendición de Dios, representan el don del amor y la entrega que fundamentan la vida humana. No se pueden entender superficialmente ni que no de las “partes” (tradicionalmente el varón “duro de corazón” que hasta obligó a Moisés a modificar la voluntad original de Dios) lo interprete en función solamente de unas supuestas necesidades afectivas o físicas que, por fuerza, necesitan “renovación”. Ni el amor ni el matrimonio son un adorno de la vida sino que forman parte de su sustrato fundamental. Si se rompe impunemente con esto, queda afectada toda la persona, se falsifican también futuros encuentros y relaciones. En el reino, el modelo son los niños con su acogida, amor y compromiso incondicionales, incapaces de juzgar, criticar o ver solo defectos en aquellos que aman.

» Primera Lectura

Lectura del libro del Génesis 2, 18-24
El Señor Dios se dijo:
– «No está bien que el hombre esté solo; voy a hacerle al­guien como él que le ayude.»
Entonces el Señor Dios modeló de arcilla todas las bestias del campo y todos los pájaros del cielo y se los presentó al hombre, para ver qué nombre les ponía. Y cada ser vivo lleva­ría el nombre que el hombre le pusiera.
Así, el hombre puso nombre a todos los animales domésti­cos, a los pájaros del cielo y a las bestias del campo; pero no encontraba ninguno como él que lo ayudase.
Entonces el Señor Dios dejó caer sobre el hombre un letar­go, y el hombre se durmió. Le sacó una costilla y le cerró el sitio con carne.
Y el Señor Dios trabajó la costilla que le había sacado al hombre, haciendo una mujer, y se la presentó al hombre.
El hombre dijo:
– «Ésta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne.»
Su nombre será Mujer, porque ha salido del hombre.
Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne.»

» Segunda Lectura

Lectura de la carta a los Hebreos 2, 9-11
Hermanos:
Al que Dios había hecho un poco inferior a los ángeles, Jesús, lo vemos ahora coronado de gloria y honor por su pa­sión y muerte.
Así, por la gracia de Dios, ha padecido la muerte para bien de todos.
Dios, para quien y por quien existe todo, juzgó conveniente, para llevar a una multitud de hijos a la gloria, perfeccionar y consagrar con sufrimientos al guía de su salvación.
El santificador y los santificados proceden todos del mismo.
Por eso no se avergüenza de llamarlos hermanos.

» Evangelio

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos 10, 2-16
En aquel tiempo, se acercaron unos fariseos y le pregunta­ron a Jesús, para ponerlo a prueba:
– «¿Le es lícito a un hombre divorciarse de su mujer?»
Él les replicó:
– «¿Qué os ha mandado Moisés?»
Contestaron:
– «Moisés permitió divorciarse, dándole a la mujer un acta de repudio.»
Jesús les dijo:
–«Por vuestra terquedad dejó escrito Moisés este precep­to. Al principio de la creación Dios "los creó hombre y mujer. Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se uni­rá a su mujer, y serán los dos una sola carne". De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre.»
En casa, los discípulos volvieron a preguntarle sobre lo mismo.
Él les dijo:
– «Si uno se divorcia de su mujer y se casa con otra, co­mete adulterio contra la primera. Y si ella se divorcia de su marido y se casa con otro, comete adulterio.»
Le acercaban niños para que los tocara, pero los discípulos les regañaban.
Al verlo, Jesús se enfadó y les dijo:
– «Dejad que los niños se acerquen a mí: no se lo impidáis; de los que son como ellos es el reino de Dios. Os aseguro que el que no acepte el reino de Dios como un niño, no entra­rá en él.» Y los abrazaba y los bendecía imponiéndoles las manos.

LECTURAS DEL DOMINGO


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