Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

"Lo seguía por el camino"
26-10-2018
"Lo seguía por el camino"

Los relatos que hemos escuchado los domingos anteriores y éste tienen en común que tratan, desde la perspectiva de las personas que se encuentran con Jesús, de determinar quién es el verdadero discípulo del Señor, el auténtico cristiano en definitiva. Así, hemos asistido al encuentro con “voluntarios”, con personas muy motivadas  que se perplejas, como poco, cuando Jesús les revelaba las verdaderas dimensiones de lo que pretendían: dejarlo todo (riquezas) y hasta a uno mismo (deseos de primacía y poder) y confiarse por entero en las manos de este Hombre y del proyecto divino que lleva entre manos. Hoy, en cambio, Jesús se encuentra con otro hombre que no parece interesado en el reino de Dios ni en la persona de Cristo más de lo necesario. Se trata de un pobre y pedigüeño por pura necesidad porque es ciego, el hijo de Timeo. Está allí, junto al camino, y fundamentalmente desinteresado de las novedades políticas, teológicas y espirituales hasta que oye que pasa Jesús, el nazareno, de quien sí que había oído hablar. Y se pone a gritar su nombre, sabiendo que es autor de prodigios y curaciones extraordinarias, que es o puede ser el Mesías, el ‘hijo de David’, pero este aspecto solo le interesa en la medida en que le pueda curar o ayudar en cualquier manera.

Sin duda que no recordó el magnífico pasaje de Jeremías de la primera lectura ni identificó que por su lado estaba pasando quien lo hacía verdad y realidad. Si en los zebedeos Jesús admiró su valentía, amó al joven rico y explicó claramente lo que les esperaba a los “voluntarios”, en este pobre y ciego admira sin duda la persistencia y el ánimo con que grita, camina y suplica. Y cuando le llama, el ciego tiene un gesto verdaderamente impactante: arroja por los aires el manto, su única posesión y protección, y corre como es capaz hacia Jesús. Y le expresa más que claramente su deseo más íntimo, vital y prioritario: ‘¡quiero ver’!. En medio de todos estos gestos, desde esta petición gritada a pleno y decidido pulmón con toda una vida de pobreza y oscuridad, Jesús no puede sino concederlo, mediar para que se haga el prodigio. Y dice el relato que este hombre, el ciego, cuando comprobó que veía se puso a dar saltos de alegría y lo “iba siguiendo” por el camino, impactado porque él si ha tenido una experiencia directa de la fuerza del reino de Dios en las manos y la persona entera de Jesús. Ahora ve, ahora tiene luz, fuerza y vida y decide entregarla siguiendo a este hombre sin saber ni remotamente hasta dónde pero con la certeza absoluta que le ha tocado la misma mano de Dios y le ha dado la luz y la vida para que pueda decidir entregárselas.

» Primera Lectura

Lectura del libro de Jeremías (31,7-9):

Así dice el Señor: «Gritad de alegría por Jacob, regocijaos por el mejor de los pueblos; proclamad, alabad y decid: ElSeñor ha salvado a su pueblo, al resto de Israel. Mirad que yo os traeré del país del norte, os congregaré de los confinesvde la tierra. Entre ellos hay ciegos y cojos, preñadas y paridas: una gran multitud retorna. Se marcharon llorando, los guiaré entre consuelos; los llevaré a torrentes de agua, por un camino llano en que no tropezarán. Seré un padre para Israel, Efraín será mi primogénito.»

 

» Segunda Lectura

Lectura de la carta a los Hebreos (5,1-6):

Todo sumo sacerdote, escogido entre los hombres, está puesto para representar a los hombres en el culto a Dios: para ofrecer dones y sacrificios por los pecados. Él puede comprender a los ignorantes y extraviados, ya que él mismo está envuelto en debilidades. A causa de ellas, tiene que ofrecer sacrificios por sus propios pecados, como por los del pueblo. Nadie puede arrogarse este honor: Dios es quien llama, como en el caso de Aarón. Tampoco Cristo se confirió a sí mismo la dignidad de sumo sacerdote, sino aquel que le dijo: «Tú eres mi Hijo: yo te he engendrado hoy», o, como dice otro pasaje de la Escritura: «Tú eres sacerdote eterno, se gún el rito de Melquisedec.»

» Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Marcos (10,46-52):

En aquel tiempo, al salir Jesús de Jericó con sus discípulos y bastante gente, el ciego Bartimeo, el hijo de Timeo, estaba sentado al borde del camino, pidiendo limosna. Al oír que era Jesús Nazareno, empezó a gritar: «Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí.» Muchos lo regañaban para que se callara. Pero él gritaba más: «Hijo de David, ten compasión de mí.» Jesús se detuvo y dijo: «Llamadlo.» Llamaron al ciego, diciéndole: «Ánimo, levántate, que te llama.» Soltó el manto, dio un salto y se acercó a Jesús. Jesús le dijo: «¿Qué quieres que haga por ti?» El ciego le contestó: «Maestro, que pueda ver.» Jesús le dijo: «Anda, tu fe te ha curado.» Y al momento recobró la vista y lo seguía por el camino.

LECTURAS DEL DOMINGO


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