Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

"Esta ha echado todo lo que tenía para vivir"
09-11-2018
"Esta ha echado todo lo que tenía para vivir"

En el relato de hace dos domingos, el evangelista nos dejaba claro quién era el verdadero discípulo de Jesús, el auténtico cristiano: el que, tras sentir su paso por la propia vida, sabe que solo Él puede poner remedio a su necesidad profunda de perdón, reconciliación, sanación interior y de encontrar un sentido profundo para la vida. Y entonces se sabe decidir, tira todo lo que le hace de impedimento y le sigue por el camino que llega a la prueba y la cruz y también a la resurrección, como Jesús ha dejado bien claro aunque nadie lo reciba o lo entienda. El Evangelio sigue dando pistas: no es la soberbia y el intentar “atrapar” a Dios con la propia justicia los que nos acercan e introducen en el Reino, sino el amor, como se nos decía el domingo pasado. La Alianza es la religión del Dios bíblico y es, ante todo, una experiencia de perdón, reconciliación y sentirse cada uno profundamente querido y amado sin merecerlo. Solo desde aquí se enraíza el poder amarnos unos a otros.

Eso y no los sacrificios ni ningún culto meramente externo es lo que presenta como una alternativa real en nuestro mundo sediento el reino de Dios concretado en la propuesta de nuestra iglesia. Una propuesta que muchas fuerzas externas e intereses quieren difuminar, confundir, diluir porque saben que aún así como estamos, pobres, pocos, sin apenas dinero, todavía los cristianos representamos una "amenaza" para tanto proyecto particularista, comercial, deshumanizador y sin entrañas como está surgiendo por esos mundos que siguen siendo de Dios. Jesús, ya en el Templo, el lugar donde debería brillar por excelencia la presencia de un Dios que perdona y acoge a todos, empezando por los más pobres, no ve más que el signo clarísimo de esa pobre viuda que pone todo lo que tiene, y por tanto en su caso todo lo que es y espera, en manos de Dios. Esta mujer, como la de Sarepta con Elías de la primera lectura, es la única que ha entendido que el templo no son las piedras sino las personas que son capaces de darlo todo, de darse al Señor para formar parte así de su verdadera “casa” y familia y permitir de este modo la acogida de tantos que tampoco tienen donde vivir realmente, bien porque no tienen nada, bien porque tienen demasiado.

» Primera Lectura

Lectura del primer libro de los Reyes (17,10-16):

En aquellos días, el profeta Elías se puso en camino hacia Sarepta, y, al llegar a la puerta de la ciudad, encontró allí una viuda que recogía leña. La llamó y le dijo: «Por favor, tráeme un poco de agua en un jarro para que beba.»
Mientras iba a buscarla, le gritó: «Por favor, tráeme también en la mano un trozo de pan.»
Respondió ella: «Te juro por el Señor, tu Dios, que no tengo ni pan; me queda sólo un puñado de harina en el cántaro y un poco de aceite en la alcuza. Ya ves que estaba recogiendo un poco de leña. Voy a hacer un pan para mí y para mi hijo; nos lo comeremos y luego moriremos.»
Respondió Elías: «No temas. Anda, prepáralo como has dicho, pero primero hazme a mí un panecillo y tráemelo; para ti y para tu hijo lo harás después. Porque así dice el Señor, Dios de Israel: "La orza de harina no se vaciará, la alcuza de aceite no se agotará, hasta el día en que el Señor envíe la lluvia sobre la tierra."»
Ella se fue, hizo lo que le había dicho Elías, y comieron él, ella y su hijo. Ni la orza de harina se vació, ni la alcuza de aceite se agotó, como lo había dicho el Señor por medio de Elías.

» Segunda Lectura

Lectura de la carta a los Hebreos (9,24-28):

Cristo ha entrado no en un santuario construido por hombres imagen del auténtico, sino en el mismo cielo, para ponerse ante Dios, intercediendo por nosotros. Tampoco se ofrece a sí mismo muchas veces como el sumo sacerdote, que entraba en el santuario todos los años y ofrecia sangre ajena; si hubiese sido así, tendría que haber padecido muchas veces, desde el principio del mundo. De hecho, él se ha manifestado una sola vez, al final de la historia, para destruir el pecado con el sacrificio de sí mismo. Por cuanto el destino de los hombres es morir una sola vez. Y después de la muerte, el juicio. De la misma manera, Cristo se ha ofrecido una sola vez para quitar los pecados de todos. La segunda vez aparecerá, sin ninguna relación al pecado, a los que lo esperan, para salvarlos.

» Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Marcos (12,38-44):

En aquel tiempo, entre lo que enseñaba Jesús a la gente, dijo: «¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en la plaza, buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y devoran los bienes de las viudas, con pretexto de largos rezos. Éstos recibirán una sentencia más rigurosa.»
Estando Jesús sentado enfrente del arca de las ofrendas, observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban en cantidad; se acercó una viuda pobre y echó dos reales.
Llamando a sus discípulos, les dijo: «Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero ésta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir.»

 

LECTURAS DEL DOMINGO


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