Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

"Estad, pues, despiertos en todo tiempo"
30-11-2018
"Estad, pues, despiertos en todo tiempo"

Reemprendemos un año más el revivir litúrgico del misterio de Jesús, esta vez guiados por el Tercer Evangelio, el de san Lucas. Prácticamente, lo empezamos por el final, por el mismo discurso (casi) que escuchábamos hace unos domingos, aunque en la versión lucana. Es el discurso escatológico donde el evangelista resume la predicación y la actitud del Jesús ante “lo que ha de venir”. Pero si consideramos que cada uno de nosotros tendremos nuestra versión personal del fin del mundo dentro no sabemos cuántos años, entenderemos que este comienzo del año litúrgico es un buen momento para plantearnos nuestras opciones vitales, cómo realmente estamos haciendo nuestro el Evangelio y dando fruto en la vida y en nuestro entorno. Porque en la vida y las circunstancias sociales e históricos que tendremos que atravesar nos sentiremos sacudidos y puede que desbordados por lo que pasa dentro de nosotros y también fuera. Puede suceder incluso que la tribulación exterior se ponga de acuerdo con la interior para ponernos a prueba. En todas estas situaciones, el texto nos da la respuesta y el camino a seguir: entre todas esas nubes, tormentas y signos de amenaza aparece esa figura “como un hijo de hombre”.

Ese hombre es Jesús, es el enviado del Padre, como decía la primera lectura. Encontrarse con Él es experimentar que ha llegado la liberación, la luz, la vida. Se trata entonces de reconocer que hemos tenido esta experiencia y de revitalizarla dentro de cada uno y en la comunidad en que vivamos nuestra fe. De esto hablaba también el Evangelio, que nos pide “cuidarnos”, cuidar nuestra vocación cristiana, religiosa, matrimonial, no dejándonos llevar por lo más fácil, por la satisfacción inmediata que nos atrae cada vez más desde el ambiente social, invitándonos continuamente a aprovechar, satisfacer, vivir cada día lo que se nos presente delante, sin perspectiva de futuro ni proyecto vital. Porque en este caso ese día final “caerá como un lazo” y ni nos daremos cuenta de cómo y en qué se nos ha pasado la vida. Se trata, como dice el Evangelio al final, de mantenerse despierto o en vela, que es lo mismo que vivir y aprovechar cada instante y cada ocasión que nos presente la vida pero no para derrocharla sino para hacernos más conscientes de cada encuentro en la oración, en la fraternidad, de cada ocasión de amar y servir.

» Primera Lectura

Lectura del libro de Jeremías (33,14-16):

YA llegan días
—oráculo del Señor—
en que cumpliré la promesa
que hice a la casa de Israel y a la casa de Judá.
En aquellos días y en aquella hora,
suscitaré a David un vástago legítimo
que hará justicia y derecho en la tierra.
En aquellos días se salvará Judá,
y en Jerusalén vivirán tranquilos,
y la llamarán así:
“Es Señor es nuestra justicia”.

» Segunda Lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses (3,12–4,2)

Hermanos:
Que el Señor os colme y os haga rebosar de amor mutuo y de amor a todos, lo mismo que nosotros os amamos a vosotros; y que afiance así vuestros corazones, de modo que os presentéis ante Dios, nuestro Padre, santos e irreprochables en la venida de nuestro Señor Jesús con todos sus santos.
Por lo demás, hermanos os rogamos y os exhortamos en el Señor Jesús: ya habéis aprendido de nosotros cómo comportarse para agradar a Dios; pues comportaos así y seguir adelante. Pues ya conocéis las instrucciones que os dimos, en nombre del Señor Jesús.

» Evangelio

Lectura del santo Evangelio según san Lucas (21,25-28.34-36):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, perplejas por el estruendo del mar y el oleaje, desfalleciendo los hombres por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues las potencias del cielo serán sacudidas.
Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y gloria.
Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación.
Tened cuidado de vosotros, no sea que se emboten vuestros corazones con juergas, borracheras y las inquietudes de la vida, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra.
Estad, pues, despiertos en todo tiempo, pidiendo que podáis escapar de todo lo que está por suceder y manteneros en pie ante el Hijo del hombre».

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