Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

"¿Entonces, qué hacemos?"
14-12-2018
"¿Entonces, qué hacemos?"

Se trata, en este tiempo que nos queda de Adviento, de proponernos la misma pregunta que sus contemporáneos hacían a Juan el Bautista: “¿qué hacemos”?, es decir, qué podemos hacer para aprovechar esta fiesta y este tiempo, para profundizar y vivir más y mejor de nuestra fe. El profeta Juan, comienzo del Evangelio como decíamos el domingo pasado, tenía respuestas personalizadas para cada uno que se acercaba: según la propia vida, se trataba de alejarse de la injusticia, por muy justificada que la tuviera, valga la redundancia, cada uno (parecería que es propio de publicanos exigir más o de los soldados aprovecharse de su fuerza y armas para extorsionar) o para los demás, caer en la cuenta de la injusticia que hay a nuestro lado y hacer respecto a ella lo poco que cada uno pueda (dar y repartir túnicas y comida). Es decir, todos podemos hacer algo que va más allá de sacar los trastos del belén e intentar montarlo o asistir con mejor cara a las comidas o cenas de empresa o soportar estoicamente las cenas familiares. Para los cristianos, se trata que se note que Jesús ha venido, viene y está con nosotros y nos impulsa a vivir con más consciencia de quienes somos y de quienes podemos ser. También, en concreto, se nos pedía (primera y segunda lecturas) darnos cuenta de que tenemos motivos para estar alegres, experimentar la alegría que nace de dentro al “recordar” vivamente estos acontecimientos que, para los cristianos no son parte de una hermosa historia sino el comienzo real e histórico del tiempo de la salvación efectiva.

Pero Juan el Bautista tiene más que decirnos: él sabe perfectamente quien  es y donde está y que su misión no es sino anunciar al que viene. Él no es la esperanza sino quien señala que esta esperanza ya camina por nuestro mundo. Al hacerlo, proclama que quien viene es el Esposo, que sí que tomará en sus brazos nuestra vida, nos acogerá en la suya, querrá ser una cosa sola con todos y cada uno de nosotros, nos hará participar de primera mano y en primera fila en el cambio profundo que sufrirá y sigue sufriendo nuestro mundo a pesar de todos los pesares. Esta inmensa fuerza, que es la del Amor de Dios en Cristo, sigue presente y actuante. Ojalá nos demos cuenta un poco más este año, nos alegremos de corazón, nos convirtamos, salgamos decididamente hacia los demás, puesto que el Otro ya ha salido, ya está llegando para hacernos ver el inmenso amor de Dios.

» Primera Lectura

Lectura del Profeta Sofonías 3, 14-18a
Regocíjate, hija de Sión,
grita de júbilo, Israel,
alégrate y gózate de todo corazón, Jerusalén.
El Señor ha cancelado tu condena,
ha expulsado a tus enemigos.
El Señor será el rey de Israel,
en medio de ti, y ya no temerás.
Aquel día dirán a Jerusalén: No temas, Sión,
no desfallezcan tus manos.
El Señor tu Dios, en medio de ti,
es un guerrero que salva.
El se goza y se complace en ti,
te ama y se alegra con júbilo
como en día de fiesta.

» Segunda Lectura

Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Filipenses 4, 4-7
Hermanos:
Estad siempre alegres en el Señor;
os lo repito, estad alegres.
Que vuestra mesura la conozca todo el mundo.
El Señor está cerca.
Nada os preocupe; sino que, en toda ocasión,
en la oración y súplica con acción de gracias,
vuestras peticiones sean presentadas a Dios.
Y la paz de Dios, que sobrepasa todo juicio,
custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos
en Cristo Jesús.

» Evangelio

+ Lectura del santo Evangelio según San Lucas 3, 10-18
En aquel tiempo, la gente preguntaba a Juan:
–¿Entonces, qué hacemos?
El contestó:
–El que tenga dos túnicas, que se las reparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo.
Vinieron también a bautizarse unos publicanos; y le preguntaron:
–Maestro, ¿qué hacemos nosotros?
El les contestó:
–No exijáis más de lo establecido.
Unos militares le preguntaron:
–¿Qué hacemos nosotros?
El les contestó:
–No hagáis extorsión a nadie, ni os aprovechéis con denuncias, sino contentaos con la paga.
El pueblo estaba en expectación y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías; él tomó la palabra y dijo a todos:
–Yo os bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. El os bautizará con Espíritu Santo y fuego: tiene en la mano la horca para aventar su parva y reunir su trigo en el granero y quemar la paja en una hoguera que no se apaga.
Añadiendo otras muchas cosas, exhortaba al pueblo y le anunciaba la Buena Noticia.

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