Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

"Lo que te ha dicho el Señor se cumplirá"
21-12-2018
"Lo que te ha dicho el Señor se cumplirá"

Este cuarto domingo del adviento la Palabra nos invita a poner toda la atención sobre los protagonistas históricos del acontecimiento al que debemos nuestra fe y también la capacidad de participar directa y personalmente en los planes de Dios. En primer lugar, Belén de Judá o Belén de Efraín, aldea pequeña y sin más “importancia” que haber sido la cuna del rey David, elegido personalmente por Dios para cuidar de su pueblo y de la Alianza, para vivir y creer, para luchar y para arrepentirse del propio mal y pecado. En resumen, un hombre falible y débil pero valiente para creer y asumir las responsabilidades de esa fe, hacia Dios y hacia las personas. Pero esto no convierte a Belén en un lugar grande e influyente sino en un símbolo de esperanza: si Dios actúo y fue mejor y más fuerte que nuestra resistencia y nuestros pecados, volverá a hacerlo, sigue haciéndolo cada día. Belén nos representa a cada uno y a nuestras familias y comunidades: somos poca cosa, nadie cuenta con nosotros, pero somos capaces de contemplar y acoger al que tiene que venir. Y es precisamente aquí, en cada una de nuestras casas, pequeñas comunidades, iglesias con las que ya nadie cuenta donde sigue sucediendo la intervención única, última y fundamental de Dios. Porque viene un jefe, un salvador, el mesías pero viene en medio de la sencillez y el ocultamiento, viene uniéndose radicalmente a nuestra carne para convertir la razón principal de nuestra debilidad en nuestro bien principal y nuestra fuerza.

El Evangelio nos recordaba que la salvación definitiva que Dios ha logrado obrar en nuestra realidad es cosas de mujeres. Y esto es también una gran revelación: nadie se acuerda de la madre de David, pero todos tienen presente a la Madre de Jesús. Desde el comienzo, el evangelista ha dejado claro que si no es por ellas, no se hubieran cumplido ni los planes ni los deseos de Dios, Que han sido María e Isabel, sobre todo, quienes han creído y, por tanto, han visto la actuación de Dios. Han visto y sabido acoger a esos niños que, trabajando juntos, constituirán el Evangelio. Han sido ellas y nos sus maridos quienes se han llenado del Espíritu Santo para proclamar que Dios está obrando, está viniendo para unirse a todos y a cada uno, para tomar nuestra vida en la suya, para hacer posible que todos construyamos juntos ese mundo nuevo, que está ahí, que es también real, aunque humilde y escondido.

» Primera Lectura

Lectura del Profeta Miqueas 5, 2-5a
Esto dice el Señor:
Pero tú, Belén de Efrata,
pequeña entre las aldeas de Judá,
de ti saldrá el jefe de Israel.
Su origen es desde lo antiguo,
de tiempo inmemorial.
Los entrega hasta el tiempo
en que la madre dé a luz,
y el resto de sus hermanos
retornarán a los hijos de Israel.
En pie pastoreará con la fuerza del Señor,
por el nombre glorioso del Señor su Dios.
Habitarán tranquilos porque se mostrará grande
hasta los confines de la tierra,
y ésta será nuestra paz.

» Segunda Lectura

Lectura de la carta a los Hebreos 10, 5-10
Hermanos:
Cuando Cristo entró en el mundo dijo:
Tú no quieres sacrificios ni ofrendas,
pero me has preparado un cuerpo;
no aceptas holocaustos ni víctimas expiatorias.
Entonces yo dije lo que está escrito en el libro:
«Aquí estoy, oh Dios,
para hacer tu voluntad».
Primero dice: No quieres ni aceptas
sacrificios ni ofrendas, holocaustos ni víctimas expiatorias,
–que se ofrecen según la ley–.
Después añade: Aquí estoy yo para hacer tu voluntad.
Niega lo primero, para afirmar lo segundo.
Y conforme a esa voluntad todos quedamos santificados
por la oblación del cuerpo de Jesucristo,
hecha una vez para siempre.

» Evangelio

+ Lectura del santo Evangelio según San Lucas 1, 39-45
En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías, y saludó a Isabel.
En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo, y dijo a voz en grito:
–¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre!
¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre.
¡Dichosa tú, que has creído! porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.

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