Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

"Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría."
04-01-2019
"Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría."

Celebramos hoy, otra vez, la Navidad, esto es, la manifestación en carne humana de la gloria de Dios. Mientras vivamos también nosotros en la carne, no podemos aspirar a ver más claro, así que se nos invita a aprovechar bien estas fiestas y esta experiencia. Hoy recordamos que, siguiendo la misma línea de la Encarnación y el nacimiento, el misterio de la Navidad se ofreció a todas las gentes, a todas las personas que habitan este mundo, representadas por esos magos tan curiosos, a la vez arraigados en la historia y abiertos a la imaginación. Porque realmente la Navidad sucedió en un rincón casi sin importancia de un imperio inmenso (otro intento humano de buscar la unidad aunque no la comunión) y aunque manifestado en un lenguaje todos podían entender (y entendieron, quienes lo aceptaron y quienes lo rechazaron) necesitaba ser reconocido y transmitido, además de comprendido. El suceso dejó un rastro en el cielo y también pudo seguirse a través de las Escrituras, de las predicciones de los profetas, pero necesitaba también unos buscadores capaces de salir de sí mismos y sus convicciones para abrirse a lo total e increíblemente nuevo: que la luz, la esperanza y la vida se encontraban en un niño casi anónimo nacido entre la gente menos importante.

Es precisa mucha sabiduría y mucha experiencia, pero igual cantidad de valentía y decisión para ver en el niño que se encuentra bajo la estrella una esperanza y a un salvador capaz de iluminar y llevar detrás de Él a quienes buscan perdón, salvación, luz, plenitud, comunión, un modo concreto y efectivo. Se cumplen las profecías (primera lectura) y realmente todos los pueblos, en la persona de estos magos, acuden a Jerusalén llevando sus riquezas y cabalgando sus viejos camellos y se postran y adoran al único rey que merece este título por sí mismo en este mundo porque es capaz de guiar, proteger, salvar y compartir todo con aquellos que le reconocen y se ponen con entera confianza en sus manos. Hoy bajo esta estrella los buscadores y necesitados no encuentran sino la iglesia, que por eso ha de ser pobre y sencilla, exenta de poder y ánimo de cualquier tipo de lucro, abierta a amar y, sobre todo, viva, joven, esperanzada, unida solo a Cristo, libre de ideologías y “policías del pensamiento”, de tal modo que solo con su visión o su contacto dé a conocer la salvación, el perdón, la vida.

» Primera Lectura

Lectura del libro de Isaías 60, 1-6
¡Levántate, brilla, Jerusalén, que llega tu luz;
la gloria del Señor amanece sobre ti!
Mira: las tinieblas cubren la tierra,
y la oscuridad los pueblos,
pero sobre ti amanecerá el Señor,
su gloria aparecerá sobre ti.
Y caminarán los pueblos a tu luz,
los reyes al resplandor de tu aurora.
Levanta la vista en torno, mira:
todos ésos se han reunido, vienen a ti;
tus hijos llegan de lejos,
a tus hijas las traen en brazos.
Entonces lo verás, radiante de alegría;
tu corazón se asombrará, se ensanchará,
cuando vuelquen sobre ti los tesoros del mar
y te traigan las riquezas de los pueblos.
Te inundará una multitud de camellos,
de dromedarios de Madián y de Efá.
Vienen todos de Saba, trayendo incienso y oro,
y proclamando las alabanzas del Señor.

» Segunda Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 3, 2-3a. 5-6
      Hermanos:
      Habéis oído hablar de la distribución de la gracia de Dios que se me ha dado en favor vuestro.
      Ya que se me dio a conocer por revelación el misterio, que no ha­bía sido manifestado a los hombres en otros tiempos, como ha sido revelado ahora por el Espíritu a sus santos apóstoles y profetas: que también los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la promesa en Jesucristo, por el Evangelio.

» Evangelio

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 2, 1-12
      Jesús nació en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes.
      Entonces, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando:
      –«¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo.»
      Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó, y todo Jerusalén con él; convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas del país, y les pregun­tó dónde tenía que nacer el Mesías.
      Ellos le contestaron:
      –«En Belén de Judea, porque así lo ha escrito el profeta:
      "Y tú, Belén, tierra de Judea,
      no eres ni mucho menos la última
      de las ciudades de Judea,
      pues de ti saldrá un jefe
      que será el pastor de mi pueblo Israel."»
      Entonces Herodes llamó en secreto a los magos para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Be­lén, diciéndoles:
      –«Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo.»
      Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño.
      Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra.
      Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino.

 

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