Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

"No temas: desde ahora, serás pescador de hombres"
07-02-2019
"No temas: desde ahora, serás pescador de hombres"

El relato que hoy nos ofrece el Tercer Evangelio, nuestro guía en este año, refleja también la peculiar interpretación que este evangelio hace de otros encuentros especiales de Jesús, bien documentados en la tradición evangélica, y parte de este material cuidadosamente recogido en las fuentes y examinados por el evangelista, según nos confesó el primer día. Se trata de los primeros encuentros de Jesús con los que serán los discípulos, los futuros apóstoles. Lucas los narra de un modo completamente nuevo aunque toma el escenario y las personas que también mencionan los otros. Jesús es presentado como un profeta que proclama la Palabra, como los antiguos, y la gente se “agolpa” para escucharla. Pero hay algo más: este profeta busca un grupo de discípulos para compartir todo lo que dice y hace, esa palabra tiene que crear un grupo, una comunidad, una familia; no es solamente un mensaje más o el mismo mensaje de siempre destinado a unos oídos endurecidos. Esta vez va a dejar una huella permanente, manifestará que realmente la realidad ha cambiado, que Dios la está haciendo cambiar.

Por eso Lucas ha trabajado tanto este primer encuentro de Jesús con quienes serán su primer grupo, su primera familia y ha conseguido una presentación espectacular. Jesús se encuentra cerca de los pescadores que sabemos que se convertirán en sus discípulos y les pide utilizar las barcas para predicar, un poco lejos de tierra. Cuando acaba de hablar, les propone hacer una experiencia que les muestre lo que sucede si siguen, si se confían a su palabra. La palabra que es enseñanza es también creadora y transformadora de la realidad y hace que se obtenga fruto allí donde, aparentemente, no lo hay ni lo ha habido. Ante la orden o indicación de volver al mar a pescar, Simón, el líder, objeta que ya lo han hecho y no han obtenido nada pero que, siguiendo su palabra, volverán a hacerlo, a echar las redes. Y el resultado es una gran pesca, la mayor, la más grande que habían conocido. Simón y los demás se llenan de asombro y comprenden que se trata detrás está el dedo de Dios, por eso confiesa que es un pecador. Jesús los tranquiliza usando la fórmula que en los relatos de vocación se atribuye a Dios consolando y asegurando al profeta que lo que se le pide no está por encima de sus posibilidades: ‘No temas’ porque aquí está el dedo de Dios que transforma vuestra vida. Y el camino, la aventura, no ha hecho más que empezar.

» Primera Lectura

Lectura del Profeta Isaías 6, 1-2a. 3-8
El año de la muerte del rey Ozías, vi al Señor sentado sobre un trono alto y excelso: la orla de su manto llenaba el templo.
Y vi serafines en pie junto a él.
Y se gritaban uno a otro diciendo:
–¡Santo, santo, santo, el Señor de los Ejércitos,
la tierra está llena de su gloria!
Y temblaban las jambas de las puertas
al clamor de su voz,
y el templo estaba lleno de humo.
Yo dije:
–¡Ay de mí, estoy perdido!
Yo, hombre de labios impuros,
que habito en medio de un pueblo de labios impuros,
he visto con mis ojos al Rey y Señor de los Ejércitos.
Y voló hacia mí uno de los serafines,
con un ascua en la mano,
que había cogido del altar con unas tenazas;
la aplicó a mi boca y me dijo:
–Mira: esto ha tocado tus labios,
ha desaparecido tu culpa,
está perdonado tu pecado.
Entonces escuché la voz del Señor, que decía:
–¿A quién mandaré? ¿Quién irá por mí?
Contesté:
–Aquí estoy, mándame.

» Segunda Lectura

Lectura de la primera carta del Apóstol San Pablo a los Corintios 15, 1-11
Hermanos:
Os recuerdo el Evangelio que os proclamé
y que vosotros aceptasteis,
y en el que estáis fundados,
y que os está salvando,
si es que conserváis el Evangelio que os proclamé;
de lo contrario, se ha malogrado nuestra adhesión a la fe.
Porque lo primero que yo os transmití, tal como lo había recibido, fue esto:
que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras;
que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras;
que se le apareció a Cefas y más tarde a los Doce;
después se apareció a más de quinientos hermanos juntos,
la mayoría de los cuales viven todavía, otros han muerto;
después se le apareció a Santiago,
después a todos los Apóstoles;
por último, como a un aborto, se me apareció también a mí.
Porque yo soy el menor de los Apóstoles,
y no soy digno de llamarme apóstol,
porque he perseguido a la Iglesia de Dios.
Pero por la gracia de Dios soy lo que soy
y su gracia no se ha frustrado en mí.
Antes bien, he trabajado más que todos ellos.
Aunque no he sido yo, sino la gracia de Dios conmigo.
Pues bien; tanto ellos como yo esto es lo que predicamos;
esto es lo que habéis creído.

» Evangelio

+ Lectura del santo Evangelio según San Lucas 5, 1-11
En aquel tiempo, la gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la Palabra de Dios, estando él a orillas del lago de Genesaret; y vio dos barcas que estaban junto a la orilla: los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes.
Subió a una de las barcas, la de Simón, y le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente.
Cuando acabó de hablar, dijo a Simón:
–Rema mar adentro y echad las redes para pescar.
Simón contestó:
–Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes.
Y, puestos a la obra, hicieron una redada de peces tan grande, que reventaba la red. Hicieron señas a los socios de la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Se acercaron ellos y llenaron las dos barcas, que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús, diciendo:
–Apártate de mí, Señor, que soy un pecador.
Y es que el asombro se había apoderado de él y de los que estaban con él, al ver la redada de peces que habían cogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón.
Jesús dijo a Simón:
–No temas: desde ahora, serás pescador de hombres.
Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.

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