Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

"Si amáis sólo a los que os aman, ¿qué mérito tenéis?"
22-02-2019
"Si amáis sólo a los que os aman, ¿qué mérito tenéis?"

Como en su predecesor Mateo, también nuestro Evangelio de este año compone un discurso con dichos de Jesús a partir de la declaración inicial y fontal que son las bienaventuranzas. Se trata de los preceptos más radicales y novedosos del Evangelio. Si las bienaventuranzas ya eran un lenguaje duro y exigente para cada uno al llevarnos a reconocer y partir de nuestra realidad y verdad, siempre pobre, siempre necesitada, hoy, por el contrario se nos pone delante una meta que parece inalcanzable. De lo más bajo, pero asequible con mucho empeño y sufrimiento, se ha pasado a conductas y actitudes que parecen superarnos de todo punto. Más todavía: son actitudes y comportamientos que lesionan nuestros legítimos derechos, adquiridos con tanto esfuerzo y sufrimiento enfrente a tantos condicionantes. Obviamente, no se trata aquí de eso. E igualmente que reconocernos pobres, necesitamos, simples personas no tiene que ver nada con el autodesprecio sino con la verdad. Estos gestos propuestos ahora tienen que ver con el mundo nuevo que se quiere construir, con ese reino de Dios en que solo entran y permanecen los que saben que son pobres y optan por esta su realidad una y otra vez en la vida. No se trata de ceder derechos y conquistas sino de intentar otro modo de relaciones. Se trata de incluir en nuestra percepción del mundo lo que hemos descubierto de nosotros mismos, la pobreza que cura, sana, libera.

El Evangelio nos hace libres de la competencia como modo de vida, de la lucha por la preeminencia y la excelencia personal y nos propone otras metas también altas, también nobles, también muy costosas. El pobre sabe, además, que todos los demás son también pobres. Conoce que ha sido tratado con compasión y misericordia. Que no hay nadie que no necesite muchas veces en su vida ser comprendido y perdonado, querido por quien es y no solo por lo que hace o tiene. Jesús propone dar una oportunidad así a todos; reflejar ese amor recibido y esa verdad experimentada en las relaciones con los demás. Y dejar de guiarnos por la justicia y la racionalidad humanas como únicos criterios y admitir también otros como el criterio del corazón de Dios que nos contempla a todos como hijos o hemanos, no como competidores o enemigos. Quizá así se construya una sociedad nueva, ese otro mundo que será un día pero que tiene que comenzar aquí y ahora, no hay más remedio. 

» Primera Lectura

Lectura del primer libro de Samuel (26,2.7-9.12-13.22-23):

En aquellos días, Saúl emprendió la bajada hacia el páramo de Zif, con tres mil soldados israelitas, para dar una batida en busca de David. David y Abisay fueron de noche al campamento; Saúl estaba echado, durmiendo en medio del cercado de carros, la lanza hincada en tierra a la cabecera. Abner y la tropa estaban echados alrededor. 
Entonces Abisay dijo a David: «Dios te pone el enemigo en la mano. Voy a clavarlo en tierra de una lanzada; no hará falta repetir el golpe.» 
Pero David replicó: «¡No lo mates!, que no se puede atentar impunemente contra el ungido del Señor.» 
David tomó la lanza y el jarro de agua de la cabecera de Saúl, y se marcharon. Nadie los vio, ni se enteró, ni se despertó: estaban todos dormidos, porque el Señor les había enviado un sueño profundo. 
David cruzó a la otra parte, se plantó en la cima del monte, lejos, dejando mucho espacio en medio, y gritó: «Aquí está la lanza del rey. Que venga uno de los mozos a recogerla. El Señor pagará a cada uno su justicia y su lealtad. Porque él te puso hoy en mis manos, pero yo no quise atentar contra el ungido del Señor.»

» Segunda Lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (15,45-49):

El primer hombre, Adán, fue un ser animado. El último Adán, un espíritu que da vida. No es primero lo espiritual, sino lo animal. Lo espiritual viene después. El primer hombre, hecho de tierra, era terreno; el segundo hombre es del cielo. Pues igual que el terreno son los hombres terrenos; igual que el celestial son los hombres celestiales. Nosotros, que somos imagen del hombre terreno, seremos también imagen del hombre celestial.

» Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Lucas (6,27-38):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «A los que me escucháis os digo: Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen, orad por los que os injurian. Al que te pegue en una mejilla, preséntale la otra; al que te quite la capa, déjale también la túnica. A quien te pide, dale; al que se lleve lo tuyo, no se lo reclames. Tratad a los demás como queréis que ellos os traten. Pues, si amáis sólo a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores aman a los que los aman. Y si hacéis bien sólo a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores lo hacen. Y si prestáis sólo cuando esperáis cobrar, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores prestan a otros pecadores, con intención de cobrárselo. ¡No! Amad a vuestros enemigos, haced el bien y prestad sin esperar nada; tendréis un gran premio y seréis hijos del Altísimo, que es bueno con los malvados y desagradecidos. Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo; no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante. La medida que uséis, la usarán con vosotros.»

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