Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

"No hay árbol sano que dé fruto dañado, ni árbol dañado que dé fruto sano".
01-03-2019
"No hay árbol sano que dé fruto dañado, ni árbol dañado que dé fruto sano".

Seguimos escuchando dichos de Jesús recibidos de la tradición y que Lucas ha insertado en su discurso principal a los discípulos, esto es, a nosotros. Porque estas palabras, aunque también se dirigen a todo el mundo, son principalmente, como quedaba claro el domingo pasado, para aquellos que decimos y queremos vivir a partir de nuestro encuentro con Cristo. El núcleo de todo lo expuesto es ese objetivo y “obligación” de considerar y amar hasta a los enemigos, construyendo nuevas relaciones, nuevas familias, nuevas comunidades e incluso una nueva sociedad. Desde este presupuesto se examina el comportamiento y la actitud del discípulo de Jesús, esto es, de quien sabe, gracias a la luz de Dios, sobre su pobreza y la acepta y también acerca de la pobreza de los demás, que necesita ser acogida y amada, justo como hace el Padre con cada uno de nosotros. En primer lugar, una advertencia para todos: tenemos que discernir quién nos guía, no sea alguien más ciego que nosotros, como por desgracia hemos comprobado en estos últimos tiempos. Si nos quejamos, y con razón, de responsables políticos y de la sociedad que no merecen este nombre, tenemos que discernir del mismo modo a los líderes eclesiales pues no hay nada peor que no “andar en la verdad”. La fe es oscura en cuanto confianza pero cuando el comportamiento de los hombres que dicen seguirle es contra el Evangelio, es que realmente estamos siguiendo a quien no lo merece ni sabe por donde él mismo va. Es preciso también que, como creyentes, nos sigamos formando, ninguno lo sabemos todo ni siquiera sabemos lo suficiente, y por eso se acude a lo más fácil que es siempre culpar al otro, al hermano, o al entorno, al mundo que nos persigue en lugar de ver nuestros propios pecados y errores. La verdad y la luz comienzan por uno mismo. Es preciso que limpiemos nuestra vista y nuestro corazón antes de querer siquiera “ayudar” o juzgar o discernir el camino de nadie. El Evangelio proporciona un criterio realista y útil: los frutos de la vida. De la ceguera y el mal no se obtienen sino caídas y desgracias. En cambio, de quien vive realmente el Evangelio brota el bien y la vida, a su alrededor hay luz, confianza, amor. Amar de verdad, más allá del egoísmo, del juicio fácil, de la hipocresía –mal eclesiástico por excelencia–, del ocultamiento –lo bueno jamás se necesita ocultar– y el encubrimiento, ese amor es es el fruto cierto de nuestra comunión personal y comunitaria con el Señor, y da bien a entender la presencia y actuación del reino que cambia vidas y nuestro mundo entero.

» Primera Lectura

Lectura del libro del Eclesiástico 27, 5-8
Se agita la criba y queda el desecho,
así el desperdicio del hombre cuando es examinado;
el horno prueba la vasija del alfarero,
el hombre se prueba en su razonar;
el fruto muestra el cultivo de un árbol,
la palabra la mentalidad del hombre;
no alabes a nadie antes de que razone,
porque ésa es la prueba del hombre.

» Segunda Lectura

Lectura de la primera carta del Apóstol San Pablo a los Corintios 15, 54-58
Hermanos:
Cuando esto corruptible se vista de incorrupción y esto mortal se vista de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra escrita:
«La muerte ha sido absorbida en la victoria.
¿Dónde esta, muerte, tu victoria?
¿Dónde está, muerte, tu aguijón?»
El aguijón de la muerte es el pecado, y la fuerza del pecado es la ley.
¡Demos gracias a Dios, que nos da la victoria por nuestro Señor Jesucristo!
Así, pues, hermanos míos queridos, manteneos firmes y constantes.
Trabajad siempre por el Señor, sin reservas, convencidos de que el Señor no dejará sin recompensa vuestra fatiga.

» Evangelio

+ Lectura del santo Evangelio según San Lucas 6, 39-45
En aquel tiempo, ponía Jesús a sus discípulos esta comparación
–¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo?
Un discípulo no es más que su maestro, si bien cuando termine su aprendizaje, será como su maestro.
¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: «hermano, déjame que te saque la mota del ojo», sin fijarte en la viga que llevas en el tuyo? ¡Hipócrita! Sácate primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la mota del ojo de tu hermano.
No hay árbol sano que dé fruto dañado, ni árbol dañado que dé fruto sano.
Cada árbol se conoce por su fruto: porque no se cosechan higos de las zarzas, ni se vendimian racimos de los espinos.
El que es bueno, de la bondad que atesora en su corazón saca el bien, y el que es malo, de la maldad saca el mal; porque lo que rebosa del corazón, lo habla la boca

LECTURAS DEL DOMINGO