Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

Está mandado: «No tentarás al Señor tu Dios.»
08-03-2019
Está mandado: «No tentarás al Señor tu Dios.»

El primer domingo de cada Cuaresma celebramos y reflexionamos acerca de la victoria de Jesús, hombre e Hijo de Dios, sobre la tentación. En primer lugar, se nos recuerda que tenemos que poner el foco de atención en Jesús, no en nosotros, por más pecadores –o no– que nos consideremos. En Cuaresma tenemos el sincero y sano propósito de acercarnos más a Cristo, quien está presente y actúa en nuestra realidad y en nuestras vidas. Y en segundo lugar, nos ayuda a abrir los ojos ante la realidad de la tentación, que es esa oposición, externa e interna, que se ejerce contra todos aquellos que queremos seguir de verdad y con todas las consecuencias el Evangelio. La tentación no es una interpretación alternativa de la realidad como cuando tenemos que decidir si creemos o no, si continuamos creyendo o no, si está o no Dios cerca de nosotros. Es directamente una mentira, una falsedad, un engaño que quiere ofuscar nuestra experiencia de la realidad y la vida para llevarnos a una conclusión equivocada. El relato evangélico es el último escrito en la tradición, el de Lucas. Se personifica este peligro y esta amenaza de desinformación e inautenticidad en el maligno, enemigo de Dios y del hombre. Este se presenta a Jesús mientras ora y ayuna para experimentar la comunión con Dios y “hacerse” a la presencia del Espíritu que está con Él de modo especial y permanente desde su bautismo. El ayuno le provoca hambre y ahí es donde interviene el tentador para decirle que un verdadero hijo de Dios puede sacar pan de las piedras. Jesús lo rechaza respondiéndole, con la Escritura, que este hijo vive de algo más que de pan. Ni Dios ni su Palabra están para llenarnos el estómago (habitamos una creación divina donde habría de sobra para todos si compartiéramos).

El segundo ataque o mentira es la oferta que hace el tentador de una soberanía que, en realidad, no tiene y que solo compartiría con quien le adorase como dios. Jesús responde que solo Dios es digno de esta adoración porque es creador, salvador, servidor del hombre, porque es quien se arrodilla también ante su criatura. La última falsedad tiene que ver con algo que todos hemos pensado: por qué no Jesús hizo uso de “su poder” divino para impresionar –en realidad para imponer– su salvación, por qué siguió fiel a Dios incluso cuando el Padre no intervino en su abandono, sufrimiento, muerte. Jesús rechaza así todo el movimiento del tentador, reafirmando su lazo intrínseco y ahora también humano con el Padre. A Dios no se le tienta, no se le manipula. Solo responde y se siente presente cuando se le obedece, cuando se ama y se quiere amar más y entregar la propia vida.

» Primera Lectura

Lectura del libro del Deuteronomio 26, 4–10
Dijo Moisés al pueblo:
–El sacerdote tomará de tu mano la cesta con las primicias y la pondrá ante el altar del Señor, tu Dios.
Entonces tú dirás ante el Señor, tu Dios:
«Mi padre fue un arameo errante,
que bajó a Egipto, y se estableció allí, con unas pocas personas.
Pero luego creció, hasta convertirse
en una raza grande, potente y numerosa.
Los Egipcios nos maltrataron y nos oprimieron,
y nos impusieron una dura esclavitud.
Entonces clamamos al Señor, Dios de nuestros padres;
y el Señor escuchó nuestra voz,
miró nuestra opresión, nuestro trabajo y nuestra angustia.
El Señor nos sacó de Egipto con mano fuerte y brazo extendido,
en medio de gran terror, con signos y portentos.
Nos introdujo en este lugar, y nos dio esta tierra,
una tierra que mana leche y miel.
Por eso ahora traigo aquí las primicias de los frutos del suelo,
que tú, Señor, me has dado.»
Lo pondrás ante el Señor, tu Dios, y te postrarás en presencia del Señor, tu Dios.

» Segunda Lectura

Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Romanos 10, 8–13
Hermanos:
La Escritura dice:
«La palabra está cerca de ti:
la tienes en los labios y en el corazón.»
Se refiere al mensaje de la fe que os anunciamos.
Porque si tus labios profesan que Jesús es el Señor
y tu corazón cree que Dios lo resucitó,
te salvarás.
Por la fe del corazón llegamos a la justicia,
y por la profesión de los labios, a la salvación.
Dice la Escritura:
«Nadie que cree en él quedará defraudado.»
Porque no hay distinción entre Judío y Griego;
ya que uno mismo es el Señor de todos,
generoso con todos los que lo invocan.
Pues «todo el que invoca el nombre del Señor se salvará.»

» Evangelio

+ Lectura del santo Evangelio según San Lucas 4, 1-13
En aquel tiempo, Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán, y durante cuarenta días, el Espíritu lo fue llevando por el desierto, mientras era tentado por el diablo.
Todo aquel tiempo estuvo sin comer, y al final sintió hambre.
Entonces el diablo le dijo:
–Si eres Hijo de Dios, dile a esta piedra que se convierta en pan.
Jesús le contestó:
–Está escrito: «No sólo de pan vive el hombre.»
Después, llevándole a lo alto, el diablo le mostró en un instante todos los reinos del mundo, y le dijo:
–Te daré el poder y la gloria de todo eso, porque a mí me lo han dado y yo lo doy a quien quiero. Si tú te arrodillas delante de mí, todo será tuyo.
Jesús le contestó:
–Está escrito: «Al Señor tu Dios adorarás y a él sólo darás culto.»
Entonces lo llevó a Jerusalén y lo puso en el alero del templo y le dijo:
–Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo, porque está escrito: «Encargará a los ángeles que cuiden de ti», y también: «te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras.»
Jesús le contestó:
–Está mandado: «No tentarás al Señor tu Dios.»
Completadas las tentaciones, el demonio se marchó hasta otra ocasión.

LECTURAS DEL DOMINGO


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