Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

"Qué hermoso es estar aquí"
15-03-2019
"Qué hermoso es estar aquí"

El segundo domingo de Cuaresma también es “tradición” -se lee en los tres ciclos- celebrar y reflexionar el relato de la transfiguración del Señor. Si el primer domingo nos recordaba el peligro de deslizarnos al “lado oscuro” de la vida al dejarnos vencer por la tentación, incitados por las falsas ideas y experiencias acerca de Dios y Jesús corregía las equivocaciones que generalmente cometemos en nuestro camino de encuentro con Dios, el mismo que san Juan de la Cruz llamaba “la noche”, hoy la Palabra nos ofrece un encuentro todo lo directo que puede ser –técnicamente una teofanía– con el Dios que se revela en Jesucristo. Se trata de un texto clave en los Evangelios, colocado en relación a la revelación del auténtico camino del Mesías que se dirige, derecho, a afrontar el desprecio, el sufrimiento y la muerte. Parece que el evangelista quiere narrar este encuentro desvelador como una especie de contrapeso a todo lo que va a venir, como un momento de luz, de consuelo, de vida en medio de esa noche que comienza poco a poco a oscurecerse. Porque las teofanías suelen ser así, como la que relataba la primera lectura. Incluyen el “sueño profundo, un terror intenso y oscuro” que precede al paso de la divinidad, al encuentro de su realidad trascendente y la nuestra temporal.

Lo más importante de la transfiguración es que este paso divino sucede en la persona de Jesús, en su rostro, sus vestidos, que cambian y brillan de puro blancos; se trata de un blanco imposible para la técnica de limpieza de los hombres, aseguran los otros evangelistas. Jesús es el centro de la visión, de la teofanía, quien “transparenta” a través de su realidad humana la presencia del mismo Dios. Por ello, junto a Él, en ese ámbito de vida que delimita su carne destinada también a la glorificación, significada aquí por el brillo y la blancura sobrehumanas, aparecen como profetas y hombres que han superado la muerte por su cercanía a Dios y su voluntad, Moisés y Elías, para hablar de la muerte de Jesús. Sobre todo ello, y aparte la intervención de Pedro, quien al parecer no se callaba nunca y era especialista en estropear momentos significativos, sobreviene la voz misma de Dios, la última vez que la escuchamos directamente en la Escritura para señalar que, a partir de ahora, su Palabra es el Hijo, el predilecto, preferido, que a quien tenemos que escuchar. Nosotros lo podemos entender como una anticipación profética que muestra el sentido profundo de lo que está por suceder para que, fijos los ojos en Jesús, escuchemos, creamos, la Palabra divina para experimentar también nosotros como Moisés, Elías y todos aquellos que han confiado en Dios su misma vida, quien es realmente el Padre. Así lo está haciendo Jesús.

» Primera Lectura

Lectura del libro del Génesis 15, 5-12. 17-18
En aquellos días, Dios sacó afuera a Abrán y le dijo:
–Mira al cielo, cuenta las estrellas si puedes.
Y añadió:
–Así será tu descendencia.
Abrán creyó al Señor y se le contó en su haber.
El Señor le dijo:
–Yo soy el Señor que te sacó de Ur de los Caldeos, para darte en posesión esta tierra.
El replicó:
–Señor Dios, ¿cómo sabré que voy a poseerla?
Respondió el Señor:
–Tráeme una ternera de tres años, una cabra de tres años, un carnero de tres años, una tórtola y un pichón.
Abrán los trajo y los cortó por el medio, colocando cada mitad frente a la otra, pero no escuartizó las aves. Los buitres bajaban a los cadáveres y Abrán los espantaba.
Cuando iba a ponerse el sol, un sueño profundo invadió a Abrán y un terror intenso y oscuro cayó sobre él.
El sol se puso y vino la oscuridad; una humareda de horno y una antorcha ardiendo pasaban entre los miembros descuartizados.
Aquel día el Señor hizo alianza con Abrán en estos términos:
–A tus descendientes les daré esta tierra, desde el río de Egipto al Gran Río.

» Segunda Lectura

Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Filipenses 3, 17-4, 1
Hermanos:
Seguid mi ejemplo y fijaos en los que andan según el modelo que tenéis en mí.
Porque, como os decía muchas veces, y ahora lo repito con lágrimas en los ojos, hay muchos que andan como enemigos de la cruz de Cristo:
su paradero es la perdición;
su Dios, el vientre;
su gloria, sus vergüenzas.
Sólo aspiran a cosas terrenas.
Nosotros por el contrario somos ciudadanos del cielo, de donde aguardamos un Salvador: el Señor Jesucristo.
El transformará nuestra condición humilde, según el modelo de su condición gloriosa, con esa energía que posee para sometérselo todo.
Así, pues, hermanos míos queridos y añorados, mi alegría y mi corona manteneos así, en el Señor, queridos.

» Evangelio

+ Lectura del santo Evangelio según San Lucas 9, 28b-36
En aquel tiempo, Jesús se llevó a Pedro, a Juan y a Santiago a lo alto de una montaña, para orar. Y mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió, sus vestidos brillaban de blancos.
De repente dos hombres conversaban con él: eran Moisés y Elías, que aparecieron con gloria, hablaban de su muerte, que iba a consumar en Jerusalén.
Pedro y sus compañeros se caían de sueño; y espabilándose vieron su gloria y a 1 os dos hombres que estaban con él. Mientras éstos se alejaban, dijo Pedro a Jesús:
–Maestro, qué hermoso es estar aquí. Haremos tres chozas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.
No sabía lo que decía.
Todavía estaba hablando cuando llegó una nube que los cubrió. Se asustaron al entrar en la nube. Una voz desde la nube decía:
–Este es mi Hijo, el escogido, escuchadle.
Cuando sonó la voz, se encontró Jesús solo. Ellos guardaron silencio y, por el momento, no contaron a nadie nada de lo que habían visto.

LECTURAS DEL DOMINGO


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