Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

"Tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro"
22-03-2019
"Tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro"

En este tercer domingo entramos ya en los textos propios del ciclo correspondiente al año, que es el “C”, caracterizado por seguir al Evangelio según san Lucas. Se trata de un texto bastante enigmático, que solo nos ha llegado a través de este evangelista. Entendiéndolo en relación a la primera lectura, se trata entonces de discernir la presencia de Dios en la realidad y poder saber cuál es su voluntad, en qué dirección y hacia qué compromisos nos invita a caminar el Señor. Israel tenía claro que Dios se manifiesta en lo que sucede, que si estamos atentos y caminamos por la vida con la mente y los ojos bien abiertos, nos encontramos con Él y los mismos acontecimientos nos llaman a decidirnos y actuar conforme a su Palabra. El mismo episodio de la zarza (primera lectura), decisivo para la historia del pueblo elegido, es un encuentro de la máxima altura con Dios, por decirlo así, en un hecho del todo corriente que quien lo contempla sabe interpretar de acuerdo a su fe y a la experiencia que otros le han transmitido.

Un fuego, quizá un rayo o una tormenta, método universal de manifestación divina, prende fuego a una zarza que arde pero sin consumirse. Moisés escucha ahí la voz no de un nuevo dios sino de Aquél que ya había conducido a sus padres a través de las vicisitudes de la historia y que, ahora, conocedor de la situación de agobio, esclavitud, encallamiento de su pueblo, “ha descendido” para ayudar, para liberar, mostrando el camino. Este es el objetivo de la presencia y la acción del Dios de la Biblia: liberar, sostener, dar esperanza, acompañar en el camino, como sugiere el mismo nombre divino revelado a Moisés: "Soy el que Estoy con vosotros". Por nuestra parte, no es correcto intentar extraer de cada acontecimiento que sucede una enseñanza divina, como si Él no tuviese más que hacer que manejar directamente los complicados hilos de la realidad. Esto señala Jesús en este texto evangélico: tomos somos pecadores, todos necesitamos conversión, esto es, “volvernos” hacia la presencia y la acción de Dios. Todos somos “deudores” y los acontecimientos no son los que nos retribuyen. Convertirse es el único modo cierto de “salvarnos” de la muerte imprevista y violenta. La atención se desplaza de los sucesos provocados por los mismos hombres o por la naturaleza a la responsabilidad de cada cual: es cometido nuestro el dar “fruto” de justicia, de solidaridad, de compasión y de amor en respuesta a ese Dios que interviene en nuestra realidad personal y común para llamarnos a formar parte del reino de Dios.

» Primera Lectura

Lectura del Libro del Exodo 3, 1-8a. 13-15
En aquellos días, pastoreaba Moisés el rebaño de su suegro Jetró, sacerdote de Madián; llevó el rebaño transhumando por el desierto hasta llegar a Horeb, el monte de Dios.
El ángel del Señor se le apareció en una llamarada entre las zarzas. Moisés se fijó: la zarza ardía sin consumirse.
Moisés se dijo:
–Voy a acercarme a mirar este espectáculo admirable, a ver cómo es que no se quema la zarza.
Viendo el Señor que Moisés se acercaba a mirar, lo llamó desde la zarza:
–Moisés, Moisés.
Respondió él:
–Aquí estoy.
Dijo Dios:
–No te acerques; quítate las sandalias de los pies, pues el sitio que pisas es terreno sagrado.
Y añadió:
–Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob.
Moisés se tapó la cara, temeroso de ver a Dios.
El Señor le dijo:
–He visto la opresión de mi pueblo en Egipto, he oído sus quejas contra los opresores, me he fijado en sus sufrimientos. Voy a bajar a librarlos de los egipcios, a sacarlos de esta tierra, para llevarlos a una tierra fértil y espaciosa, tierra que mana leche y miel.
Moisés replicó a Dios:
–Mira, Yo iré a los israelitas y les diré: el Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros. Si ellos me preguntan cómo se llama este Dios, ¿qué les respondo?
Dios dijo a Moisés:
–«Soy el que soy». Esto dirás a los israelitas: «Yo–soy» me envía a vosotros.
Dios añadió:
– Esto dirás a los israelitas: el Señor Dios de vuestros padres, Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob, me envía a vosotros. Este es mi nombre para siempre: así me llamaréis de generación en generación.

» Segunda Lectura

Lectura de la primera carta del Apóstol San Pablo a los Corintios 10, 1-6. 10-12
Hermanos:
No quiero que ignoréis que nuestros padres estuvieron todos bajo la nube y todos atravesaron el mar y todos fueron bautizados en Moisés por la nube y el mar; y todos comieron el mismo alimento espiritual y todos bebieron la misma bebida espiritual, pues bebían de la roca espiritual que les seguía; y la roca era Cristo. Pero la mayoría de ellos no agradaron a Dios, pues sus cuerpos quedaron tendidos en el desierto.
Estas cosas sucedieron en figura para nosotros, para que no codiciemos el mal como lo hicieron nuestros padres.
No protestéis como protestaron algunos de ellos, y perecieron a manos del Exterminador.
Todo esto les sucedía como un ejemplo: y fue escrito para escarmiento nuestro, a quienes nos ha tocado vivir en la última de las edades. Por lo tanto, el que se cree seguro, ¡cuidado! no caiga.

» Evangelio

+ Lectura del santo Evangelio según San Lucas 13, 1-9
En aquella ocasión se presentaron algunos a contar a Jesús lo de los galileos, cuya sangre vertió Pilato con la de los sacrificios que ofrecían. Jesús les contestó:
–¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos, porque acabaron así? Os digo que no; y si no os convertís, todos pereceréis lo mismo. Y aquellos dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé, ¿pensáis que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Os digo que no. Y si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera.
Y les dijo esta parábola:
Uno tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar fruto en ella, y no lo encontró.
Dijo entonces al viñador:
–Ya ves: tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro. Córtala. ¿Para qué va a ocupar terreno en balde?
Pero el viñador contestó:
–Señor, déjala todavía este año; yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto. Si no, el año que viene la cortarás.

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