Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

"Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más".
05-04-2019
"Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más".

Último domingo de la cuaresma e inicio de la semana de pasión que nos introduce en la Semana Santa, en las celebraciones pascuales para las que nos hemos estado preparando. Y para este domingo dejamos el evangelio de Lucas para tomar el de Juan en un texto único tanto en su contenido como en su historia. Se trata de un relato que indudablemente viene de la Tradición pero que no parece pertenecer a ningún Evangelio. Al parecer, según quien lo ha estudiado, fue copiado en una cara vacía de un manuscrito que contenía el Evangelio de Juan pero tiene poco en común con este, tanto en ideas como en lenguaje y lugar en el relato, pero es claro, directo y muy original y unos de los testimonios más claros de la relación de Jesús con las mujeres, a las que nunca despreció, como atestiguan los evangelios, pero es que ni siquiera trató con condescendencia. Para Jesús, esta mujer no es sino una pecadora y la trata exactamente igual que a un hombre: rechazando el pecado y el mal que conlleva pero acogiendo y protegiendo al pecador del juicio y la ira –asesina en este caso– de la multitud. Como señala la primera lectura, se trata sin duda de que es mejor olvidar lo de antaño porque Dios está realizando algo nuevo: en Jesús nos ofrece algo más que brotes nuevos.

Jesús trae una nueva mentalidad y modo de asumir la vida y vivirla, tras la metanoia, que nos urge a reconocer el perdón y la misericordia de Dios en nuestra vida tenemos que entender que señalar con el dedo o en nuestras redes sociales el pecado de los otros (y castigarlo) lo que hace es descubrir el pecado oculto que cada uno llevamos en el corazón. El relato, además, nos deja un impagable testimonio del “talante” de Jesús, de su fina inteligencia que siempre sabe sacar bien y vida hasta de las trampas y los engaños y sin subterfugios, diciendo siempre la verdad a la cara y descubriendo lo que escondemos debajo de nuestras posturas asumidas y nuestras máscaras. Escuchar este texto en una día como hoy es sentirnos todos denunciados en los juicios ocultos o manifiestos, en la condena a los demás basados en supuestas ideas religiosas o no. El Dios de Jesús es quien dice, por su boca: ‘Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante, no peques más’. Todos somos pecadores, en público y en privado, todos necesitamos misericordia y ser misericordiosos, que es justo lo que Jesús quiere darnos.

» Primera Lectura

Lectura del Profeta Isaías 43, 16–21
Así dice el Señor, que abrió camino en el mar
y senda en las aguas impetuosas;
que sacó a batalla carros y caballos,
tropa con sus valientes:
caían para no levantarse,
se apagaron como mecha que se extingue.
No recordéis lo de antaño,
no penséis en lo antiguo;
mirad que realizo algo nuevo;
ya está brotando, ¿no lo notáis?
Abriré un camino por el desierto
ríos en el yermo;
me glorificarán las bestias del campo,
chacales y avestruces,
porque ofreceré agua en el desierto,
ríos en el yermo,
para apagar la sed de mi pueblo, de mi escogido,
el pueblo que yo formé,
para que proclamara mi alabanza.

» Segunda Lectura

Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Filipenses 3, 8–14
Hermanos:
Todo lo estimo pérdida,
comparado con la excelencia del conocimiento
de Cristo Jesús, mi Señor.
Por él lo perdí todo, y todo lo estimo basura
con tal de ganar a Cristo y existir en él,
no con una justicia mía –la de la ley–,
sino con la que viene de la fe de Cristo,
la justica que viene de Dios y se apoya en la fe.
Para conocerlo a él, y la fuerza de su resurrección,
y la comunión con sus padecimientos, muriendo su misma muerte,
para llegar un día a la resurrección de entre los muertos.
No es que ya haya conseguido el premio,
o que ya esté en la meta:
yo sigo corriendo.
Y aunque poseo el premio,
porque Cristo Jesús me lo ha entregado,
hermanos, yo a mí mismo me considero como si aún no hubiera
conseguido el premio.
Sólo busco una cosa:
olvidándome de lo que queda atrás
y lanzándome hacia lo que está por delante,
corro hacia la meta, para ganar el premio,
al que Dios desde arriba llama en Cristo Jesús.

» Evangelio

+ Lectura del santo Evangelio según San Juan 8, 1-11
En aquel tiempo, Jesús se retiró al monte de los Olivos. Al amanecer se presentó de nuevo en el templo y todo el pueblo acudía a él, y, sentándose, les enseñaba.
Los letrados y los fariseos le traen una mujer sorprendida en adulterio, y, colocándola en medio, le dijeron:
–Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. La ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras: tú, ¿qué dices ?.
Le preguntaban esto para comprometerlo y poder acusarlo.
Pero Jesús, inclinándose, escribía con el dedo en el suelo.
Como insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo:
–El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra.
E inclinándose otra vez, siguió escribiendo.
Ellos, al oirlo, se fueron escabullendo uno a uno, empezando por los más viejos, hasta el último.
Y quedó solo Jesús, y la mujer en medio, de pie.
Jesús se incorporó y le preguntó:
–Mujer, ¿dónde están tus acusadores?, ¿ninguno te ha condenado?
Ella contestó:
–Ninguno, Señor.
Jesús dijo:
–Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más.

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