Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

"Yo y el Padre somos uno"
10-05-2019
"Yo y el Padre somos uno"

Conforme avanzamos en las celebraciones de la Pascua, domingo a domingo, el tema de las lecturas, de la Palabra de Dios, va pasando del hecho fundante que es la presencia viva del Señor en medio de los suyos a la misión que Él compartió y sigue compartiendo hoy día con todos los que nos consideramos y queremos seguir siendo sus discípulos. El libro de los Hechos (primera lectura) va narrando el imparable avance de la pequeña comunidad de discípulos que van, poco a poco, extendiendo casi por contagio personal, de tu a tu, la Buena Nueva de que Jesús, quien acogía a pobres y a pecadores, sigue vivo y nada ni nadie puede ya detenerle en su empeño de fundar y sostener esta familia de hijos e hijas de Dios donde todos tenemos lugar y cabida. Esta nueva realidad está abierta a todos, comenzando por los judíos, primeros destinatarios de las promesas, pero cuando estos se niegan a aceptar y acoger, la Palabra sigue adelante, va siempre más allá, se anuncia, ya sin límites, a ese inmenso campo de los no judíos, los gentiles, que hasta este momento no podrían formar parte, de pleno derecho, del pueblo elegido según la carne y la sangre.

Esta ruptura entre cristianos y judíos se produjo, ayudada por diversos acontecimientos históricos como la destrucción del segundo templo, pero estaba implícita ya en el enfrentamiento entre Jesús y la religión oficial de su tiempo. En realidad, esta ruptura se plantea siempre que la religión, la Iglesia, se institucionaliza demasiado, pasa de ser familia a un establecimiento donde se dispensan servicios o raciones más o menos generosas de esa “gracia barata” o abaratada que se da por supuesta o ganada sin ningún esfuerzo. El Evangelio nos recordaba que Jesús sí que sigue esforzándose cada día en pastorear a la familia de los hijos de Dios. De hecho, cristiano es todos los que les escuchan, no solo ni es suficiente, los que tienen un certificado que lo atestigüe. La fe es mutuo conocimiento, amistad, relación efectiva y capaz de cambiarnos a nosotros y a Él, de interesarle en nuestras cosas y nosotros en las suyas, las “cosas del Padre”, su empeño por convencernos de que ya nacemos siendo sus hijos, de que siempre podremos contar con Él, con su amor, con su perdón, con su fuerza con tal que sostengamos con fuerza, con sufrimiento si hace falta como se hace con lo que importa de verdad, esa relación personal y de pertenencia a la gran familia de la iglesia, los hijos y las hijas de Dios.

» Primera Lectura

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 13, 14. 43–52
En aquellos días, Pablo y Bernabé desde Perge siguieron hasta Antioquía de Pisidia; el sábado entraron en la sinagoga y tomaron asiento.
Muchos judíos y prosélitos practicantes se fueron con Pablo y Bernabé, que siguieron hablando con ellos, exhortándolos a ser fieles al favor de Dios.
El sábado siguiente casi toda la ciudad acudió a oir la Palabra de Dios. Al ver el gentío, a los judíos les dio mucha envidia y respondían con insultos a las palabras de Pablo.
Entonces Pablo y Bernabé dijeron sin contemplaciones:
–Teníamos que anunciaros primero a vosotros la Palabra de Dios; pero como la rechazáis y no os consideráis dignos de la vida eterna, sabed que nos dedicamos a los gentiles. Así nos lo ha mandado el Señor: «Yo te haré luz de los gentiles, para que seas la salvación hasta el extremo de la tierra.»
Cuando los gentiles oyeron esto, se alegraron mucho y alababan la Palabra del Señor; y los que estaban destinados a la vida eterna, creyeron.
La Palabra del Señor se iba difundiendo por toda la región. Pero los judíos incitaron a las señoras distinguidas y devotas y a los principales de la ciudad, provocaron una persecución contra Pablo y Bernabé y los expulsaron del territorio.
Ellos sacudieron el polvo de los pies, como protesta contra la ciudad y se fueron a Iconio. Los discípulos quedaron llenos de alegría y de Espíritu Santo.

» Segunda Lectura

Lectura del libro del Apocalipsis 7, 9. 14b-17
Yo, Juan, vi una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación razas, pueblos y lenguas, de pie delante del trono y del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos.
Y uno de los ancianos me dijo:
–Estos son los que vienen de la gran tribulación, han lavado y blanqueado sus mantos en la sangre del Cordero.
Por eso están ante el trono de Dios dándole culto día y noche en su templo.
El que se sienta en el trono acampará entre ellos.
Ya no pasarán hambre ni sed, no les hará daño el sol ni el bochorno. Porque el Cordero que está delante del trono será su pastor, y los conducirá hacia fuentes de aguas vivas.
Y Dios enjugará las lágrimas de sus ojos.

» Evangelio

+ Lectura del santo Evangelio según San Juan 10, 27-30
En aquel tiempo, dijo Jesús:
–Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre y nadie las arrebatará de mi mano.
Mi Padre, que me las ha dado, supera a todos y nadie puede arrebatarlas de la mano de mi Padre.
Yo y el Padre somos uno.

LECTURAS DEL DOMINGO

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