Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

"El que me ama guardará mi palabra y mi Padre lo amará y vendremos a él y haremos morada en él"
24-05-2019
"El que me ama guardará mi palabra y mi Padre lo amará y vendremos a él y haremos morada en él"

Hemos escuchado hoy otro fragmento de ese hermoso discurso de despedida de Jesús que “explica” y abre a la comprensión de sus discípulos el misterio de su vida y su entrega y, por tanto, como tenemos que entender y vivir nosotros nuestra fe en Él, esta “historia de amistad” con el Dios hecho hombre en Jesús que nos ha elegido para estar con Él y continuar, hasta culminarla, su misión. Se nos recordaba hoy en que se funda y sostiene esta amistad, estar relación de fe y entrega: en el amor concreto y real que consiste en “guardar”, conservar, mantener, la palabra. Amar a Jesús –y amar a los otros– es escuchar de verdad, de corazón, creer  y poner en práctica esta palabra que se identifica con el modo de vivir de Jesús, que es como el muestra la verdad de lo que anuncia y señala. Quien guarda la palabra ama y, por tanto, hace experiencia de ser morada de Dios mismo, de que nuestra vida y nuestra persona forma parte también de este misterio divino delimitado o extendido, por mejor decir, a través e la presencia de Jesús y su modo de vivir, amar y servir. Se trata de un círculo de acciones y entrega, pero no vicioso sino todo lo contrario: la persona, la palabra y la vida de Jesús anuncian esta presencia de lo divino, del Padre, del Espíritu, de todo a lo que damos el nombre de misterio o de verdad, y nos introducen en él. Se entra en este ámbito profundo de vivir mediante el amor.

Creer en Jesús y seguir su modo de vida, desprendiéndonos de todo para aprender a servir, es ya amar y vivir en esta otra realidad, nueva pero que está ahí desde siempre y ahora es accesible en nuestra propia carne, gracias a la entrega concreta de tiempos, gestos y actitudes en que consiste el amor, no en sentimientos. Amar siguiendo a Jesús es abrirse a nuestra propia realidad interior pero también a la de los demás, romper las barreras que nosotros mismos nos ponemos a causa del miedo o del egoísmo y participar de realidad de un modo completamente nuevo, al “aire” del Espíritu, desde el amor fiel y eterno del Padre. Pero este descubrimiento no es el final sino el principio de una nueva vida, la de la fe y el amor, un camino por recorrer con el impulso del amor de Dios y la fuerza del Espíritu y lleva a vivir y construir la paz de verdad, la que se funda en amor y es un servicio a la familia, a la comunidad y la sociedad.

» Primera Lectura

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 15, 1-2. 22-29
En aquellos días, unos que bajaban de Judea se pusieron a enseñar a los hermanos que, si no se circuncidaban como manda la ley de Moisés, no podían salvarse. Esto provocó un altercado y una violenta discusión con Pablo y Bernabé; y se decidió que Pablo, Bernabé y algunos más subieran a Jerusalén a consultar a los Apóstoles y presbíteros sobre la controversia.
Los Apóstoles y los presbíteros con toda la Iglesia acordaron entonces elegir algunos de ellos y mandarlos a Antioquía con Pablo y Bernabé. Eligieron a Judas Barsabá y a Silas, miembros eminentes de la comunidad, y les entregaron esta carta:
«Los Apóstoles, los presbíteros y los hermanos saludan a los hermanos de Antioquía, Siria y Cilicia convertidos del paganismo.
Nos hemos enterado de que algunos de aquí, sin encargo nuestro, os han alarmado e inquietado con sus palabras. Hemos decidido por unanimidad elegir algunos y enviároslos con nuestros queridos Bernabé y Pablo, que han dedicado su vida a la causa de nuestro Señor. En vista de esto mandamos a Silas y a Judas, que os referirán de palabra lo que sigue: Hemos decidido, el Espíritu Santo y nosotros, no imponeros más cargas que las indispensables: que no os contaminéis con la idolatría, que no comáis sangre ni animales estrangulados y que os abstengáis de la fornicación.
Haréis bien en apartaros de todo esto. Salud.»

» Segunda Lectura

Lectura del Libro del Apocalipsis 21, 10-14. 22-23
El ángel me transportó en espíritu a un monte altísimo
y me enseñó la ciudad santa, Jerusalén,
que bajaba del cielo, enviada por Dios
trayendo la gloria de Dios.
Brillaba como una piedra preciosa,
como jaspe traslúcido.
Tenía una muralla grande y alta
y doce puertas custodiadas por doce ángeles,
con doce nombres grabados:
los nombres de las tribus de Israel.
A oriente tres puertas,
al norte tres puertas,
al sur tres puertas,
y a occidente tres puertas.
El muro tenía doce cimientos que llevaban doce nombres:
los nombres de los Apóstoles del Cordero.
Templo no vi ninguno,
porque es su templo el Señor Dios Todopoderoso
y el Cordero.
La ciudad no necesita sol ni luna que la alumbre,
porque la gloria de Dios la ilumina
y su lámpara es el Cordero.

» Evangelio

+ Lectura del santo Evangelio según San Juan 14, 23-29
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
–El que me ama guardará mi palabra y mi Padre lo amará y vendremos a él y haremos morada en él.
El que no me ama no guardará mis palabras. Y la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió.
Os he hablado ahora que estoy a vuestro lado; pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho.
La Paz os dejo, mi Paz os doy: No os la doy como la da el mundo. Que no tiemble vuestro corazón ni se acobarde. Me habéis oído decir:
«Me voy y vuelvo a vuestro lado.» Si me amarais os alegraríais de que vaya al Padre, porque el Padre es más que yo. Os lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda, sigáis creyendo.

LECTURAS DEL DOMINGO

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