Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

"Quedaos en la ciudad, hasta que os revistáis de la fuerza de lo alto"
31-05-2019
"Quedaos en la ciudad, hasta que os revistáis de la fuerza de lo alto"

Este recorrido vivo y celebrativo por la gran Fiesta de Pascua tiene hoy su primera conclusión en esta celebración de la Ascensión. Como preámbulo a su cumplimiento, revivimos hoy el momento en que Jesús Hombre Resucitado vuelve a su lugar junto a Dios, vuelve al Padre. Desaparece, se reintegra al Misterio de Dios que es esencialmente invisible a la percepción superficial y a la prueba racional o científica. Es un paso necesario, como subraya Jesús en el evangelio según san Juan: “os conviene que yo me vaya” para que pueda venir el Otro Jesús, el Defensor, el Espíritu. Es también un momento de prueba e incertidumbre para ayudar a discernir y hacer desaparecer faltas ideas y esperanzas, como las que conservan algunos discípulos sobre el sentido real de lo que están contemplando. No se trata del momento en que Dios restaura la antigua o nueva soberanía de Israel, no es ahora el caso de imponer la verdad que se ha mostrado, ocultándose al mismo tiempo, en el misterio pascual. Dios está y seguirá oculto, por el bien del hombre, pero también Dios, dicho sea con todas las salvedades teológicas, ha cambiado.

En la Trinidad ha entrado la humanidad glorificada, deificada de Jesús. Este, como hombre, ha mostrado, por la obediencia hasta la muerte, por la entrega total, que era el Hijo de Dios humanado y nacido de la Virgen María. Su carne de hombre ha sabido mostrar el culmen de la filiación y cercanía al Padre, a pesar de todos los sufrimientos, de la agonía de su vida y de su última entrega, como recordaba este fragmento del Evangelio. Y este tiene que ser el mensaje a transmitir con las palabras y con la entrega de la propia vida: la conversión a una vida verdaderamente humana y de hijos de Dios que se fundamenta en el perdón real de los pecados. Todos los pueblos y dentro de cada uno todas las personas serán invitadas, desde Jerusalén, desde donde todo ha sucedido, a recomenzar una vida nueva que reconozca que somos amados y queridos como hijos y que necesitamos, tanto como el aire y el agua, vivir como verdaderos hermanos. Pero, ¡atentos!, que hay que esperar. Será Él, el Otro Jesús, el que lo haga posible, viable, lo impulse de modo definitivo e imparable hacia esos confines del mundo. Hasta que eso pase, hasta que nos invada de nuevo la fuerza vital del Espíritu, aguardemos, aguantemos en la oración, en la alegría de la resurrección, en el compartir fraterno con María y con todos los hermanos que nos han precedido en esta aventura y con también con quienes vamos a compartirla.

» Primera Lectura

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 1, 1-11
En mi primer libro, querido Teófilo, escribí de todo lo que Jesús fue haciendo y enseñando hasta el día en que dio instrucciones a los apóstoles, que había escogido, movido por el Espíritu Santo, y ascendió al cielo. Se les presentó después de su pasión, dándoles numerosas pruebas de que estaba vivo y, apareciéndoseles durante cuarenta días, les habló del reino de Dios.
Una vez que comían juntos les recomendó:
–No os alejéis de Jerusalén; aguardad que se cumpla la promesa de mí Padre, de la que yo os he hablado. Juan bautizó con agua, dentro de pocos días vosotros seréis bautizados con Espíritu Santo.
Ellos lo rodearon preguntándole:
–Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar la soberanía de Israel?
Jesús contestó:
–No os toca a vosotros conocer los tiempos y las fechas que el Padre ha establecido con su autoridad. Cuando el Espíritu Santo descienda sobre vosotros, recibiréis fuerza para ser mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaría y hasta los confines del mundo.
Dicho esto, lo vieron levantarse hasta que una nube se lo quitó de la vista. Mientras miraban fijos al cielo, viéndole irse, se les presentaron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron:
–Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? El mismo Jesús que os ha dejado para subir al cielo, volverá como le habéis visto marcharse.

» Segunda Lectura

Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Efesios 1, 17-23
Hermanos:
Que el Dios del Señor nuestro Jesucristo, el Padre de la gloria, os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo. Ilumine los ojos de vuestro corazón para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama, cuál la riqueza de gloria que da en herencia a los santos y cuál la extraordinaria grandeza de su poder para nosotros, los que creemos, según la eficacia de su fuerza poderosa, que desplegó en Cristo, resucitándolo de entre los muertos y sentándolo a su derecha en el cielo, por encima de todo principado, potestad, fuerza y dominación, y por encima de todo nombre conocido, no sólo en este mundo, sino en el futuro.
Y todo lo puso bajo sus pies y lo dio a la Iglesia, como Cabeza, sobre todo. Ella es su cuerpo, plenitud del que lo acaba todo en todos.

» Evangelio

+ Final del santo Evangelio según San Lucas 24, 46-53
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
–Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén.
Y vosotros sois testigos de esto. Yo os enviaré lo que mi Padre ha prometido; vosotros quedaos en la ciudad, hasta que os revistáis de la fuerza de lo alto.
Después los sacó hacia Betania, y levantando las manos, los bendijo.
Y mientras los bendecía, se separó de ellos (subiendo hacia el cielo).
Ellos se volvieron a Jerusalén con gran alegría y estaban siempre en el templo bendiciendo a Dios.

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