Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

"Recibid el Espíritu Santo"
08-06-2019
"Recibid el Espíritu Santo"

Se cumplen hoy los días de la Pascua, y revivimos el cumplimiento de las promesas de Dios: Jesús Resucitado, el hombre Jesús después de atravesar la noche y la muerte, vuelve al Padre y desde ahí derrama el Espíritu sobre toda carne, comenzando por sus amigos y discípulos en Jerusalén. A los pocos días de la Ascensión, mientras todos estaban reunidos en oración y espera, sucedió "un viento recio" y unas "llamas de fuego" que se posaron sobre todos y cada uno y cada una de los presentes (primera lectura) al modo de lo que sucedió en la antigua alianza, en el Sinaí (Ex 19-20) cuando el fuego de Dios escribió los mandamientos de la Ley sobre unas tablas de piedra. En esta ocasión, el fuego viene del Hombre Jesús y escribe en el mismo corazón, en el lugar más privado e interior donde reside la decisión y la voluntad humana, el nuevo mandamiento, la Verdad puesta de manifiesto por su vida, predicación y entrega hasta la muerte, y por su resurrección. También lo había predicho Jeremías (31,31-34): los prodigios de la Nueva Alianza se realizan dentro de cada persona que ha creído y aceptado a Jesús como Señor y Mesías y en el entorno de la comunidad. Hacia afuera se manifiesta como la comunión real de unas personas que hasta entones habían seguido su propio camino y como el amor que se manifiestan entre ellos y hacia los demás, hacia toda carne.

Lo decía también el Evangelio, ya sea el de la misa de la vigilia (Jn 7,37-39) o el de la misa del día: Jesús es quien "sopla" el don de la Vida, el don del Espíritu en su comunidad y cada uno de sus discípulos. En el interior del creyente se conoce o reconoce la presencia de un manantial de agua que salta hasta la vida eterna. Inevitablemente nos vienen a la cabeza las palabras de Sta. Teresa en las IV Moradas: se entiende claro un dilatamiento o ensanchamiento en el alma, a manera de como si el agua que mana de una fuente no tuviese corriente, sino que la misma fuente estuviese labrada de una cosa que mientras más agua manase más grande se hiciese el edificio, así parece en esta oración. En el centro mismo del ser personal, brota esa fuente de vida que agranda, ensancha la mente y el corazón de cada creyente para que quepan Dios y los demás, Es el amor del Padre, la gracia del perdón de los pecados que nos reconcilia a todos y nos da la capacidad de construirnos de nuevo como parte integrante y plena del Cuerpo de Cristo, que la Iglesia que quiere capacidad para acoger a la humanidad entera.

» Primera Lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 2, 1-11
Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar. De repente, un ruido del cielo, como de un viento recio, resonó en toda la casa donde se encontraban. Vieron aparecer unas len­guas, como llamaradas, que se repartían, posándose encima de cada uno. Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en lenguas extranjeras, cada uno en la lengua que el Espíritu le sugería.
Se encontraban entonces en Jerusalén judíos devotos de todas las naciones de la tierra. Al oír el ruido, acudieron en masa y quedaron desconcertados, porque cada uno los oía hablar en su propio idioma.
Enormemente sorprendidos, preguntaban:
–«¿No son galileos todos esos que están hablando? Entonces, ¿có­mo es que cada uno los oímos hablar en nuestra lengua nativa?
Entre nosotros hay partos, medos y elamitas, otros vivimos en Me­sopotamia, Judea, Capadocia, en el Ponto y en Asia, en Frigia o en Panfilia, en Egipto o en la zona de Libia que limita con Cirene; algunos somos forasteros de Roma, otros judíos o prosélitos; también hay cretenses y árabes; y cada uno los oímos hablar de las maravillas de Dios en nuestra propia lengua.»

» Segunda Lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios  12, 3b-7. 12-13
Hermanos:
Nadie puede decir: «Jesús es Señor», si no es bajo la acción del Espíritu Santo.
Hay diversidad de dones, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor; y hay diversidad de funciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos. En cada uno se mani­fiesta el Espíritu para el bien común.
Porque, lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo.
Todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bau­tizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu.

» Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Juan 20, 19-23
Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:
–«Paz a vosotros.»
Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípu­los se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:
–«Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. »
Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo:
–«Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos. »

LECTURAS DEL DOMINGO