Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

"Vuestros nombres están inscritos en el cielo".
05-07-2019
"Vuestros nombres están inscritos en el cielo".

En correspondencia con las llamadas al seguimiento que nos recordaba el Evangelio del domingo pasado, el de hoy nos intenta mostrar las razones humanas y divinas de esta urgencia, que tenemos que hacer un esfuerzo grande por acoger y, sobre todo, por poner en práctica. Vivimos un tiempo en que lo único que nos parece urgente y necesario es nuestra propia satisfacción y felicidad y las palabras de Jesús, tanto el domingo pasado como este, nos quieren espabilar acerca de las responsabilidades que hemos asumido al seguir a Jesús o, al menos, al decir que lo hacemos. Antes del Evangelio, la primera lectura nos recordaba que la llamada divina tiene que ver con el gozo y la felicidad, con llevarnos hacia una vida siempre más plena y menos superficial, a una vida en una paz verdadera fruto de la auténtica justicia y no de anestesiarnos con un placer que nos aísla y despreocupa de los demás. Los enviados de Dios, los llamados a anunciar su palabra y su presencia, a hacerla ver tienen la misión de consolar así como se han visto consolados por Dios en persona. Jesús, en continuidad con esta iniciativa divina, envía a sus discípulos por delante de él, de dos en dos, a todos los lugares donde pensaba ir, para preparar la misma llegada de Dios en persona.

Los enviados tienen que tener claro que su misión es parte de la de Jesús, Dios hecho hombre, y que es extraordinariamente necesaria, es la más importante de todas. El enviado es encargado también de orar para que su misión no  termine con ellos. También es consciente de ir a trabajar en territorio enemigo donde lo mejor que le espera es el desprecio y la oposición, ya que lo que tienen que decir no gusta a nadie. El mismo modo de cumplir esta misión debe evocar su inmediatez o relación directa con Jesús y con el reino, no se trata de una operación que hay que diseñar y apoyar con publicidad y propaganda sino con la coherencia de la propia vida, mostrando en todo momento que no se depende más que de Dios en Jesucristo. Y, desde luego, debe quedar claro que lo que se ofrece no es un ideal más sino la oportunidad única y definitiva que trae Dios en persona, y por eso, si se rechaza, poco se puede esperar de Él y de la vida. Cuando vuelven y evalúan la experiencia, Jesús también les deja claro –nos deja claro– que lo importante no es el éxito o el número de convertidos o la profundidad de su compromiso con el ideal, sino la vinculación de cada uno de los enviados con la realidad que la misión debe anunciar, mostrar y hasta ir realizando, con todos los límites humanos.

» Primera Lectura

Lectura del Profeta Isaías 66, 10-14c
Festejad a Jerusalén, gozad con ella,
todos los que la amáis,
alegraos de su alegría,
los que por ella llevasteis luto;
mamaréis a sus pechos y os saciaréis de sus consuelos,
y apuraréis las delicias de sus ubres abundantes.
Porque así dice el Señor:
Yo haré derivar hacia ella,
como un río, la paz,
como un torrente en crecida,
las riquezas de las naciones.
Llevarán en brazos a sus criaturas
y sobre las rodillas las acariciarán;
como a un niño a quien su madre consuela,
así os consolaré yo;
(en Jerusalén seréis consolados).
Al verlo se alegrará vuestro corazón
y vuestros huesos florecerán como un prado;
la mano del Señor se manifestará a sus siervos.

» Segunda Lectura

Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Gálatas 6, 14-18
Hermanos:
Dios me libre de gloriarme
si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo,
en la cual el mundo está crucificado para mí,
y yo para el mundo.
Pues lo que cuenta no es circuncisión o incircuncisión,
sino criatura nueva.
La paz y la misericordia de Dios
vengan sobre todos los que se ajustan a esta norma;
también sobre Israel.
En adelante, que nadie me venga con molestias,
porque yo llevo en mi cuerpo las marcas de Jesús.
La gracia de nuestro Señor Jesucristo
está con vuestro espíritu, hermanos.

» Evangelio

+ Lectura del santo Evangelio según San Lucas 10, 1-12. 17-20
En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos, y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. Y les decía:
–La mies es abundante y los obreros pocos: rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies.
¡Poneos en camino! Mirad que os mando como corderos en medio de lobos. No llevéis talega, ni alforja, ni sandalias; y no os detengáis a saludar a nadie por el camino.
Cuando entréis en una casa, decid primero: «Paz a esta casa.» Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros.
Quedaos en la misma casa, comed y bebed de lo que tengan: porque el obrero merece su salario.
No andeis cambiando de casa. Si entráis en un pueblo y os reciben bien, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya, y decid: «está cerca de vosotros el Reino de Dios.»
Cuando entréis en un pueblo y no os reciban, salid a la plaza y decid: «Hasta el polvo de vuestro pueblo, que se nos ha pegado a los pies, nos lo sacudimos sobre vosotros.» «De todos modos, sabed que está cerca el Reino de Dios.»
Os digo que aquel día será más llevadero para Sodoma que para ese pueblo.
Los setenta y dos volvieron muy contentos y le dijeron:
–Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre.
El les contestó:
–Veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Mirad: os he dado potestad para pisotear serpientes y escorpiones y todo el ejército del enemigo. Y no os hará daño alguno.
Sin embargo, no estéis alegres porque se os someten los espíritus; estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo.

 

LECTURAS DEL DOMINGO