Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

"Anda, haz tú lo mismo"
12-07-2019
"Anda, haz tú lo mismo"

El Evangelio, la fe en Cristo y el seguimiento tienen que ver con la cercanía. En primer lugar, como recordaba la primera lectura, con la experiencia de un Dios cercanísimo a cada uno de nosotros, a nuestra comunidad y sociedad humana. Un Dios que se hace presente, que se compromete, que toma opciones para salvar a su pueblo, en primer lugar, como parte del proceso de hacerse presente y salvarnos a todos. Y este compromiso permanece, indeleble y persistente a pesar de tantas interpretaciones y errores: es su Palabra, su Ley, que pretende dar sentido y continuidad, aunar a las personas para que sientan también cercanas, para que descubran que son o pueden ser, con poco esfuerzo, familia, comunidad. El Señor se revela para constituirse en punto o razón de unión para que podamos caminar juntos, para que sepamos vivir realmente como quienes somos, personas, hombre y mujeres. Estos mandamientos son dones, no imposiciones. No se trata de una ley que una fuerza extraña hace cumplir desde fuera mediante sanciones a los que no quieren o no se esfuerzan.

Se trata de la revelación de quienes somos, de los que nos lleva a encontrarnos y poder vivir juntos, a la larga. Y de cómo somos, viene cómo tenemos que vivir: solo es posible la fraternidad entre personas sin injusticia, sin aprovecharnos ni utilizarnos unos a otros. El Evangelio habla de Jesús como la Palabra Viva que llega mediante la reflexión y el ejemplo a toda persona. Podemos decir que el saca o quiere sacar lo mejor que se esconde en cada uno de nosotros, como con este escriba al que lleva de una cuestión teórica, al corazón de la vida humana. La vida eterna, participar en ella, en la realidad de Dios, tiene que ver por completo con vivir de acuerdo a esta voluntad manifestada en la revelación de su Verdad y de la nuestra. El escriba que se encuentra con Jesús algo sabe y de ahí que mencione los mandamientos que nos sacan de nosotros mismos, hacia Dios, hacia el prójimo. Ponerlos en práctica (“hacer esto”) es ya estar muy vivo y empezar a disfrutar la misma vida divina. Pero Jesús le aclara quién es este prójimo: cualquier persona que nos necesite, a quien podamos ayudar, servir, animar; toda persona con quien topemos es el prójimo a quien podemos y tenemos que amar. Amar es salir de nosotros, de nuestras ideas por sesudas que sean o nos parezcan, reconocer que somos amados y que cada persona es una ocasión de amor, de servicio, de entrega.

» Primera Lectura

Lectura del libro del Deuteronomio 30, 10-14
Habló Moisés al pueblo diciendo:
–Escucha la voz del Señor tu Dios, guardando sus preceptos y mandatos, lo que está escrito en el código de esta ley; conviértete al Señor tu Dios con todo el corazón y con toda el alma.
Porque el precepto que yo te mando hoy no es cosa que te exceda ni inalcanzable; no está en el cielo, no vale decir:
«¿quién de nosotros subirá al cielo
y nos lo traerá y nos lo proclamará,
para que lo cumplamos?»
Ni está más allá del mar, no vale decir:
«¿quién de nosotros cruzará el mar
y nos lo traerá y nos lo proclamará,
para que lo cumplamos?»
El mandamiento está muy cerca de ti:
en tu corazón y en tu boca. Cúmplelo.

» Segunda Lectura

Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Colosenses 1, 15-20
Cristo Jesús es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda criatura;
porque por medio de él fueron creadas todas las cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles.
Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;
 todo fue creado por él y para él.
El es anterior a todo, y todo se mantiene en él.
El es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia.
El es el principio, el primogénito de entre los muertos, y así es el primero en todo.
Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud.
Y por él quiso reconciliar consigo todos los seres:
los del cielo y los de la tierra,
haciendo la paz por la sangre de su cruz.

» Evangelio

+ Lectura del santo Evangelio según San Lucas 10, 25-37
En aquel tiempo, se presentó un letrado y le preguntó a Jesús para ponerlo a prueba:
–Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?
El le dijo:
–¿Qué está escrito en la Ley?, ¿qué lees en ella?
El letrado contestó:
–«Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas y con todo tu ser. Y al prójimo como a ti mismo.»
El le dijo:
–Bien dicho. Haz esto y tendrás la vida.
Pero el letrado, queriendo aparecer como justo, preguntó a Jesús:
–¿Y quién es mi prójimo?
Jesús dijo:
–Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos bandidos, que lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon, dejándolo medio muerto. Por casualidad, un sacerdote bajaba por aquel camino y, al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. Y lo mismo hizo un levita que llegó a aquel sitio: al verlo dio un rodeo y pasó de largo.
Pero un samaritano que iba de viaje, llegó a donde estaba él y, al verlo, le dio lástima, se le acercó, le vendó las heridas, echándoles aceite y vino y, montándolo en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y lo cuidó. Al día siguiente sacó dos denarios y, dándoselos al posadero, le dijo:
–Cuida de él y lo que gastes de más yo te lo pagaré a la vuelta.
¿Cuál de estos tres te parece que se portó como prójimo del que cayó en manos de los bandidos?
El letrado contestó:
–El que practicó la misericordia con él.
Díjole Jesús:
–Anda, haz tú lo mismo.

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