Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

"Señor, enséñanos a orar"
26-07-2019
"Señor, enséñanos a orar"

Jesús enseñaba del mejor modo posible: con el ejemplo y con la vida, especialmente en la cuestiones más importantes y decisivas para todo creyente. Porque creer es orar, es decir, saber que se está ante Dios “por todos”, que decía Sta. Edith Stein. Y es el mejor modo de profundizar en la experiencia de conocimiento y amistad con este Señor, Dios de todo el universo, que “se abaja” muy a gusto a dialogar con sus criaturas, con sus hijos e hijas (primera lectura). Abrahán, como el primer creyente de nuestra historia de salvación, es un gran orante. Sabe sostenerse y perserverar ante Dios, ante las dudas e incomprensiones que una relación tan “desigual” tiene que provocar. Y lo hace porque sabe –se lo dice la fe– que este Dios que le ha elegido, también lo ama y por eso le importa y cuenta con sus palabra, con su opinión. No se limita a comunicar su voluntad a Abrahán como si fuera un criado; sino que habla con él como un auténtico amigo con otro, sin dejar de ser Dios, expone sus motivos, dialoga, escucha los argumentos de un hombre, quien, poco a poco va aprendiendo de Él a valorar lo importante (las personas, la historia salvífica destinada no solo a él, Abrahán, sino a todos) y a pelear por ello.

En el Evangelio, es un Jesús que también necesita orar en tanto que es  hombre, quien enseña a sus discípulos como tienen que orar. Este modo de oración, concretado en una oración concreta que resume todo su proyecto vital y su misión, es lo que caracterizará a los discípulos como una nueva comunidad. Ya solo comenzando, nos presentamos y reconocemos como hijos: este Dios es Padre, que nos habla y escucha como tal. Al mismo tiempo, este reconocimiento nos hace hermanos unos de otros: es con el Padre de todos con quien hablamos. Después de esta experiencia filial, comenzamos a pedir, como Jesús, que se pueda hacer la voluntad de ese Padre amoroso en nuestra vida y nuestro mundo para que el nombre de Dios, que significa el compromiso divino con todos, especialmente los más desheredados y pobres, sea reconocido como tal. Y eso no podrá ser más que en la implantación del reino, ese mundo nuevo, posible por la presencia y la entrega del Hijo. Y todo esto lo experimentamos y lo pedimos, precisamente, desde nuestra realidad de pecadores, de nunca llegar a liberarnos del egoísmo y la codicia, pero luchando por ello cada día. El perdón se experimenta y está condicionado a que también nosotros nos perdonemos. Por último, pedimos que no nos arrastre la tentación, para que nunca perdamos de vista estas realidades que hemos conocido por la fe. Jesús insiste también que tan importante como las peticiones es el no cansarnos de orar, insistir, de irnos abriendo a la voz y la palabra divina, que es el único modo de vivir realmente en la novedad del Evangelio.

 

» Primera Lectura

Lectura del libro del Génesis 18, 20-32
En aquellos días, el Señor dijo:
–La acusación contra Sodoma y Gomorra es fuerte y su pecado es grave: voy a bajar, a ver si realmente sus acciones responden a la acusación; y si no, lo sabré.
Los hombres se volvieron y se dirigieron a Sodoma, mientras el Señor seguía en compañía de Abrahán.
Entonces Abrahán se acercó y dijo a Dios:,
–¿Es que vas a destruir al inocente con el culpable? Si hay cincuenta inocentes en la ciudad, ¿los destruirás y no perdonarás al lugar por los cincuenta inocentes que hay en él? ¡Lejos de ti tal cosa!, matar al inocente con el culpable, de modo que la suerte del inocente sea como la del culpable– ¡lejos de ti! El juez de todo el mundo ¿no hará justicia?
El Señor contestó:
–Si encuentro en la ciudad de Sodoma cincuenta inocentes, perdonaré a toda la ciudad en atención a ellos.
Abrahán respondió:
–Me he atrevido a hablar a mi Señor, yo que soy polvo y ceniza. Si faltan cinco para el número de cincuenta inocentes, ¿destruirás, por cinco, toda la ciudad?
Respondió el Señor:
–No la destruiré, si es que encuentro allí cuarenta y cinco.
Abrahán insistió:
–Quizá no se encuentren más que cuarenta.
–En atención a los cuarenta, no lo haré.
Abrahán siguió hablando:
–Que no se enfade mi Señor si sigo hablando. ¿Y si se encuentran treinta ?
–No lo haré, si encuentro allí treinta.
Insistió Abrahán:
–Me he atrevido a hablar a mi Señor, ¿y si se encuentran veinte?
Respondió el Señor:
–En atención a los veinte no la destruiré.
Abrahán continuó:
–Que no se enfade mi Señor si hablo una vez más. ¿Y si se
encuentran diez?
Contestó el Señor:
En atención a los diez no la destruiré.

» Segunda Lectura

Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Colosenses 2, 12- 14
Hermanos:
Por el bautismo fuisteis sepultados con Cristo
y habéis resucitado con él,
porque habéis creído en la fuerza de Dios
que lo resucitó.
Estabais muertos por vuestros pecados,
porque no estabais circuncidados;
pero Dios os dio vida en Cristo,
perdonándoos todos los pecados.
Borró el protocolo que nos condenaba con sus cláusulas
y era contrario a nosotros;
lo quitó de en medio, clavándolo en la cruz.

» Evangelio

+ Lectura del santo Evangelio según San Lucas 11, 1-13
Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo:
–Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos.
El les dijo:
–Cuando oréis decid: «Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino, danos cada día nuestro pan del mañana, perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe algo, y no nos dejes caer en la tentación.»
Y les dijo:
–Si alguno de vosotros tiene un amigo y viene durante la medianoche para decirle:
«Amigo, préstame tres panes,
pues uno de mis amigos ha venido de viaje
y no tengo nada que ofrecerle.»
Y, desde dentro, el otro le responde:
«No me molestes; la puerta está cerrada;
mis niños y yo estamos acostados:
no puedo levantarme para dártelos.»
Si el otro insiste llamando, yo os digo que, si no se levanta y se los da por ser amigo suyo, al menos por la importunidad se levantará y le dará cuanto necesite.
Pues así os digo a vosotros:
Pedid y se os dará,
buscad y hallaréis,
llamad y se os abrirá;
porque quien pide, recibe,
quien busca, halla,
y al que llama se le abre.
¿Qué padre entre vosotros, cuando el hijo le pide pan, le dará una piedra?
¿O si le pide un pez, le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión?
Si vosotros, pues, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo piden?

LECTURAS DEL DOMINGO