Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

"Así será el que amasa riquezas para sí y no es rico ante Dios"
02-08-2019
"Así será el que amasa riquezas para sí y no es rico ante Dios"

Este domingo nos sigue mostrando el Evangelio la auténtica sabiduría de Jesús, a partir de sus encuentros cotidianos. Es en relación con las personas y las situaciones, no de una cátedra o la composición de libros como el Maestro de Galilea descubría la novedad de su visión del mundo y de nuestras relaciones, entre nosotros y con las cosas. Porque, ciertamente, la Sabiduría es revelación (primera lectura) del misterio divino pero como reflexión tiene sus límites, que reflejan, en realidad, los límites de la razón humana aplicada a la realidad, por más que cuente con la iluminación divina. Así la conclusión ‘todo es vanidad, vaciedad sin sentido’ resume bien la conclusión humana de que ningún esfuerzo, bien o sufrimiento vale la pena pues todo se degrada, diluye o acaba, por inteligente, bueno o maravilloso que sea. El sabio no es capaz de ver más allá, sobre todo porque hasta el mismo sentido común aconseja no ir más allá, no encuentra asidero ni camino para buscar otra explicación.

Por eso, quizá, uno le pregunta a Jesús en el Evangelio que le ayude con lo que, aparentemente, es lo único que importa: la justicia respecto de los bienes, la cuestión doméstica del reparto de una herencia. Era el maestro, el sabio de moda, seguro que podía influir y hacerse escuchar en un asunto tan práctico. Pero Jesús le responde que él no es Salomón, que su sabiduría, aunque tenga el mismo origen, tiene, desde luego, una meta bien distinta. Jesús no ha venido para esto sino invita directamente a este hombre y a todos, a nosotros, a superar toda codicia, esto es, ese deseo de acumular y tener siempre más, creyendo firmemente que esta actitud y actividad nos asegura la propia vida, la felicidad y la permanencia en ella. Jesús, como otras veces, apoya su enseñanza con una parábola que muestra a las claras cómo los bienes no aseguran ni la felicidad ni la permanencia de nuestra vida. Todo este esfuerzo de la codicia no sirve más que, en el mejor de los casos, para acumular y que otro lo pueda gastar o derrochar. Pero hay una alternativa: el trabajar y acumular “ante Dios”, no para uno mismo. Esta, como la mayoría de las palabras de Jesús, significa y puede significar muchas cosas, especialmente, que hagamos vida su propuesta de valorar ante todo a las personas y sus relaciones, de servirnos y querernos, de privilegiar el bienestar del otro antes que el nuestro para encontrar, así, paradójicamente, que nuestros esfuerzos no se pierden sino que se usan en construir y sostener ese otro mundo que es posible y que está también aquí gracias a Jesús a todos aquellos que le han seguido y seguimos.

» Primera Lectura

Lectura del libro del Eclesiastés 1, 2; 2, 21-23
Vaciedad sin sentido, dice el Predicador,
vaciedad sin sentido; todo es vaciedad.
Hay quien trabaja con destreza,
con habilidad y acierto,
y tiene que legarle su porción
al que no la ha trabajado.
También esto es vaciedad y gran desgracia.
¿Qué saca el hombre de todo su trabajo
y de los afanes con que trabaja bajo el sol?
De día dolores, penas y fatigas;
de noche no descansa el corazón.
También esto es vaciedad.

» Segunda Lectura

Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Colosenses 3, 1-5. 9-11
Hermanos:
Ya que habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra.
Porque habéis muerto; y vuestra vida está con Cristo escondida en Dios. Cuando aparezca Cristo, vida nuestra, entonces también vosotros apareceréis, juntamente con él, en gloria.
Dad muerte a todo lo terreno que hay en vosotros: la fornicación, la impureza, la pasión, la codicia, y la avaricia, que es una idolatría.
No sigáis engañándoos unos a otros.
Despojaos de la vieja condición humana, con sus obras, y revestíos de la nueva condición, que se va renovando como imagen de su creador, hasta llegar a conocerlo.
En este orden nuevo no hay distinción entre judíos y gentiles, circuncisos e incircuncisos, bárbaros y escitas, esclavos y libres; porque Cristo es la síntesis de todo y está en todos.

» Evangelio

+ Lectura del santo Evangelio según San Lucas 12, 13-21
En aquel tiempo, dijo uno del público a Jesús:
–Maestro, dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia.
El le contestó:
–Hombre, ¿quién me ha nombrado juez o árbitro entre vosotros?
Y dijo a la gente:
–Mirad: guardaos de toda clase de codicia. Pues aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes.
Y les propuso una parábola:
–Un hombre rico tuvo una gran cosecha. Y empezó a echar cálculos: ¿Qué haré? No tengo donde almacenar la cosecha.
Y se dijo: Haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros más grandes, y almacenaré allí todo el grano y el resto de mi cosecha. Y entonces me diré a mí mismo: «Hombre, tienes bienes acumulados para muchos años: túmbate, come, bebe, y date buena vida.»
Pero Dios le dijo: «Necio, esta noche te van a exigir la vida. Lo que has acumulado ¿de quién será?»
Así será el que amasa riquezas para sí y no es rico ante Dios.

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