Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

"Vuestro Padre ha tenido a bien daros el reino"
09-08-2019
"Vuestro Padre ha tenido a bien daros el reino"

En el  Evangelio de hoy, la Palabra de Jesús se dirige directamente a los discípulos, ese “pequeño rebaño” de los que lo seguimos y queremos hacerlo efectivamente, comprendiendo y viviendo cada vez más profundamente la fe que nos une a él tras haber escuchado y respondido afirmativamente a su llamada. De momento, realidad y apariencias son muy pobres y prácticamente no vemos más que aquello que hemos dejado o las relaciones y circunstancias a las que hemos renunciado. Pero eso sí, al haber asumido este cambio, esta renuncia por amor, no nos hemos lanzado a un vacío ignoto y oscuro sino en brazos de una comunidad, la nuestra en concreto y la más grande, de todos, que es la iglesia entera. En ella hemos recibido el don del reino, esto es, del mundo nuevo y no pasajero que Jesús inauguró con su presencia, palabras, acciones y entrega. Lo que se ha entregado o abandonado está a buen recaudo en manos del mismo Dios, ayuda a cimentar, como nuestras vidas, ese mundo nuevo que sucederá al actual, así que ha sido la mejor de las inversiones. Dar, paradójicamente, es el mejor modo de conservar, de que lo que vale de verdad no se desperdicie o desaparezca por acción del tiempo o el olvido. Como pueblo elegido, no se nos oculta nada de lo que está por venir, también porque, de algún modo, está ya haciéndose presente.

Del mismo modo que a los israelitas que escaparon de Egipto en la noche de Pascua (primera lectura), nosotros sabemos que la muerte está vencida y que Dios ha mostrado claramente qué es lo que sirve y lo que no en el mundo nuevo que está recreando. Ahora, también se nos dice claramente que no basta con haberlo dado todo una vez y ya descuidarnos de todo. Se debe mantener la vigilancia, la “vela”, durante toda nuestra vida consciente. En primer lugar, porque vivir en la fe es caminar, es construir, es trabajar en respuesta al inmenso don recibido pero se precisa nuestra intensa colaboración, personal y comunitaria. No nos podemos descuidar porque en este proceso el detenerse o sentarse equivale a retroceder, a perder lo andado, como decía san Juan de la Cruz. También hay que estar muy atentos a los manejos del tentador, que nos quiere apartar con engaños de nuestra decisión. En la práctica, se trata de vivir ya en la realidad, aunque sea incompleta, de lo que esperamos, porque ya es así. Ese mundo nuevo en el que todos somos iguales y servidores y receptores y donadores del amor es nuestra realidad más íntima, la que concreta la entrega que hemos hecho de nuestra vida a Cristo y la confianza que vivimos con Él.

» Primera Lectura

Lectura del libro de la Sabiduría (18,6-9):

La noche de la liberación les fue preanunciada a nuestros antepasados, para que, sabiendo con certeza en qué promesas creían, tuvieran buen ánimo.
Tu pueblo esperaba la salvación de los justos
y la perdición de los enemigos,
pues con lo que castigaste a los adversarios,
nos glorificaste a nosotros, llamándonos a ti.
Los piadosos hijos de los justos ofrecían sacrificios en secreto y establecieron unánimes esta ley divina:
que los fieles compartirían los mismos bienes y peligros, después de haber cantado las alabanzas de los antepasados.

» Segunda Lectura

Lectura de la carta a los Hebreos (11,1-2.8-19):

Hermanos:
La fe es fundamento de lo que se espera, y garantía de lo que no se ve.
Por ella son recordados los antiguos.
Por la fe obedeció Abrahán a la llamada y salió hacia la tierra que iba a recibir en heredad. Salió sin saber adónde iba.
Por fe vivió como extranjero en la tierra prometida, habitando en tiendas, y lo mismo Isaac y Jacob, herederos de la misma promesa, mientras esperaba la ciudad de sólidos cimientos cuyo arquitecto y constructor iba a ser Dios.
Por la fe también Sara, siendo estéril, obtuvo “vigor para concebir” cuando ya le había pasado la edad, porque consideró fiel al que se lo prometía.
Y así, de un hombre, marcado ya por la muerte, nacieron hijos numerosos, como las estrellas del cielo y como la arena incontable de las playas.
Con fe murieron todos estos, sin haber recibido las promesas, sino viéndolas y saludándolas de lejos, confesando que eran huéspedes y peregrinos en la tierra.
Es claro que los que así hablan están buscando una patria; pues si añoraban la patria de donde habían salido, estaban a tiempo para volver.
Pero ellos ansiaban una patria mejor, la del cielo.
Por eso Dios no tiene reparo en llamarse su Dios: porque les tenía preparada una ciudad.
Por la fe, Abrahán, puesto a prueba, ofreció a Isaac: ofreció a su hijo único, el destinatario de la promesa, del cual le había dicho Dios: «Isaac continuará tu descendencia».
Pero Abrahán pensó que Dios tiene poder hasta para resucitar de entre los muertos, de donde en cierto sentido recobró a Isaac.

» Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Lucas (12,32-48):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No temas, pequeño rebaño, porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el reino.
Vended vuestros bienes y dad limosna; haceos bolsas que no se estropeen, y un tesoro inagotable en el cielo, adonde no se acercan los ladrones ni roe la polilla. Porque donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.
Tened ceñida vuestra cintura y encendidas las lámparas. Vosotros estad como los hombres que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame.
Bienaventurados aquellos criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela; en verdad os digo que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y, acercándose, les irá sirviendo.
Y, si llega a la segunda vigilia o a la tercera y los encuentra así, bienaventurados ellos.
Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, velaría y no le dejaría abrir un boquete en casa.
Lo mismo vosotros, estad preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre».
Pedro le dijo:
«Señor, ¿dices esta parábola por nosotros o por todos?».
Y el Señor dijo:
«¿Quién es el administrador fiel y prudente a quien el señor pondrá al frente de su servidumbre para que reparta la ración de alimento a sus horas?
Bienaventurado aquel criado a quien su señor, al llegar, lo encuentre portándose así. En verdad os digo que lo pondrá al frente de todos sus bienes.
Pero si aquel criado dijere para sus adentros: “Mi señor tarda en llegar”, y empieza a pegarles a los criados y criadas, a comer y beber y emborracharse, vendrá el señor de ese criado el día que no espera y a la hora que no sabe y lo castigará con rigor, y le hará compartir la suerte de los que no son fieles.
El criado que, conociendo la voluntad de su señor, no se prepara ni obra de acuerdo con su voluntad, recibirá muchos azotes; pero el que, sin conocerla, ha hecho algo digno de azotes, recibirá menos.
Al que mucho se le dio, mucho se le reclamará; al que mucho se le confió, más aún se le pedirá».

LECTURAS DEL DOMINGO

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