Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

"Cuando te conviden, vete a sentarte en el último puesto".
30-08-2019
"Cuando te conviden, vete a sentarte en el último puesto".

El Evangelio nos deja hoy una de esas perlas de la sabiduría de Jesús, que extrae no de libros y autoridades, sino de la experiencia misma de la vida, iluminada por Dios. Esta podría ser muy bien una definición de la propia Sabiduría a nivel bíblico (primera lectura): en un tiempo en que ya no había profetas o estos no eran escuchados ni considerados, aparecen otros mediadores de la Palabra viva de Dios que son los sabios. Estos, sin duda, leen e investigan todo lo que saben y pueden y aún más, reflexionan sobre todo lo leído hasta llegar a multitud de conclusiones (no hace muchos domingos que leíamos algunas conclusiones de quien se llamaba a sí mismo el Qohelet) pero sin excluir de ellas la vida sino, al contrario, confrontándolas todas con la experiencia básica de compartir la realidad en que todos debemos coincidir. Para el judío en general y para los sabios en particular, el Dios revelado permanece y habla desde lo real, no en un cielo de particular creación o invención donde todo funciona según sus reglas. El Dios verdadero no teme a la realidad, al contrario, en ella se enfrenta y contrapone a los falsos dioses, a las equivocadas suposiciones humanas, desvelando la razón profunda de muchas conductas personales y comunitarias que se oponen a Dios y también al buen sentido.

Por eso es que vivían, y por tanto enseñaban, la humildad. Humildad tiene poco que ver con humillación. Más bien al contrario: quien no es humilde suele acabar humillado, como sugería el Evangelio. La humildad es la actitud más correcta de quien es consciente de sí mismo, de su valor y de sus límites, cuando se relaciona con los demás en la realidad de cada día. Dios solo se muestra a los humildes, esto es, a quienes saben, más o menos, quiénes son y dónde están, lo que pueden abarcar y lo que no, con todo el realismo posible. El Evangelio no invita jamás a la humillación o al rebajamiento sino, como diría Teresa de Jesús, a “andar en verdad”, esto es, a reconocer que no somos el mismo ombligo del mundo, sino unos más, capaces de muchas cosas al mismo tiempo que incapaces de algunas otras. Y que estas capacidades se potencian y mejoran en colaboración y fraternidad con los demás. Por eso el humilde no ofende sino aúna y es más querido que el hombre generoso. 

» Primera Lectura

Lectura del libro del Eclesiástico 3, 19-21. 30-31
Hijo mío, en tus asuntos procede con humildad
y te querrán más que al hombre generoso.
Hazte pequeño en las grandezas humanas,
y alcanzarás el favor de Dios;
porque es grande la misericordia de Dios,
y revela sus secretos a los humildes.
No corras a curar la herida del cínico,
pues no tienen cura,
es brote de mala planta.
El sabio aprecia las sentencias de los sabios,
el oído atento a la sabiduría se alegrará.

» Segunda Lectura

Lectura de la carta a los Hebreos 12, 18-19. 22-24a
Hermanos:
Vosotros no os habéis acercado
a un monte tangible,
a un fuego encendido,
a densos nubarrones,
a la tormenta,
al sonido de la trompeta;
ni habéis oído aquella voz
que el pueblo, al oírla,
pidió que no les siguiera hablando.
Vosotros os habéis acercado
al monte Sión,
ciudad del Dios vivo,
Jerusalén del cielo,
a la asamblea de innumerables ángeles,
a la congregación de los primogénitos inscritos en el cielo,
a Dios, juez de todos,
a las almas de los justos que han llegado a su destino
y al Mediador de la nueva alianza, Jesús.

» Evangelio

+ Lectura del santo Evangelio según San Lucas 14, 1. 7-14
Entró Jesús un sábado en casa de uno de los principales fariseos para comer, y ellos le estaban espiando.
Notando que los convidados escogían los primeros puestos, les propuso este ejemplo:
–Cuando te conviden a una boda, no te sientes en el puesto principal no sea que hayan convidado a otro de más categoría que tú; y vendrá el que os convidó a ti y al otro, y te dirá: Cédele el puesto a éste. Entonces, avergonzado, irás a ocupar el último puesto.
Al revés, cuando te conviden, vete a sentarte en el último puesto, para que, cuando venga el que te convidó, te diga: Amigo, sube más arriba. Entonces quedarás muy bien ante todos los comensales.
Porque todo el que se enaltece será humillado; y el que se humilla será enaltecido.
Y dijo al que lo había invitado:
–Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos ni a tus hermanos ni a tus parientes ni a los vecinos ricos; porque corresponderán invitándote y quedarás pagado.
Cuando des un banquete, invita a pobres, lisiados, cojos y ciegos; dichoso tú, porque no pueden pagarte; te pagarán cuando resuciten los justos.

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