Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

"Si alguno se viene conmigo y no pospone..."
06-09-2019
"Si alguno se viene conmigo y no pospone..."

Hemos escuchado hoy la exposición directa que hace Jesús a sus seguidores y discípulos acerca de las condiciones reales y realistas para ir tras sus pasos. En este domingo, la primera lectura, que suele orientar la interpretación del Evangelio, nos indicaba también la dificultad de conocer y entender la voluntad de Dios para nosotros, quienes a menudo no somos ni capaces ni de discernir ni actuar en nuestra “vida terrena”: “apenas conocemos las cosas terrenas y con trabajo encontramos lo que está a mano”. Para conocer, entonces, las del cielo, es precisa la sabiduría de lo alto, el Santo Espíritu que viene del cielo. En cambio, la palabra de Jesús viene de Él, que camina sobre la tierra. Es una palabra clara, objetiva ante la que todos tenemos que decidirnos. Pero no habla solo desde la tierra, sino como Hijo de Dios, como Señor que pisa este mundo, y por tanto conoce bien sus posibilidades y límites, pero también transmite directamente la Palabra de Dios.

Y el mensaje no puede ser más claro: no puede haber nada entre Jesús y su discípulo: ni bienes ni quereres terrenos, aun lo más “sagrados”. Ningún otro compromiso se puede anteponer a la relación directa con Jesús para aquél que se decide a seguirle. Ni siquiera lo más cercano y real, que la propia realidad, sentimientos, gustos y vida del discípulo. Seguir a Jesús no es construir un ideal, un reino de sueños y fantasía, la esperanza de otra vida sino ir detrás de Él llevando la cruz, la que Él asumido para salvar a todos. Y esto de “salvar” no es ninguna entelequia o proyecto espiritual sino que se trata de curar y sanar el corazón humano, donde anida y se enraíza el mal que nos agobia. Y para ello no hay más remedio que “soportarlo”, dejar que ese mal y el odio nos pase por encima para poder transformarlo con el poder de Dios, el único que puede enfrentarlo y cambiarlo sin destruir a su portador, que somos cada uno de nosotros. Por eso se llama a reflexión: esto último no es posible sin lo primero. Sin haberlo dejado todo, a todos e, incluso a uno mismo, el discípulo no podrá asumir el seguimiento ni la cruz del maestro. Algo o alguien lo detendrá y frenará, le hará cambiar de opinión. El seguimiento de Cristo, como tantas cosas, precisa conocer bien los términos y condiciones y tener el coraje sostenido de aceptarlos y mantenerlos.

» Primera Lectura

Lectura del libro de la Sabiduría 9, 13-19

¿Qué hombre conoce el designio de Dios,
quién comprende lo que Dios quiere?
Los pensamientos de los mortales son mezquinos
y nuestros razonamientos son falibles;
porque el cuerpo mortal es lastre del alma
y la tienda terrestre abruma la mente que medita.
Apenas conocemos las cosas terrenas
y con trabajo encontramos lo que está a mano:
¿Pues quién rastreará las cosas del cielo,
quién conocerá tu designio,
si tú no le das sabiduría
enviando tu Santo Espíritu desde el cielo?
Sólo así serán rectos los caminos de los terrestres,
los hombres aprenderán lo que te agrada;
y se salvarán con la sabiduría
los que te agradan, Señor, desde el principio.

» Segunda Lectura

Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a Filemón 9b-10. 12-17

Querido hermano:
Yo, Pablo, anciano y prisionero por Cristo Jesús,
te recomiendo a Onésimo, mi hijo,
a quien he engendrado en la prisión;
te lo envío como algo de mis entrañas.
Me hubiera gustado retenerlo junto a mí,
para que me sirviera en tu lugar
en esta prisión que sufro por el Evangelio;
pero no he querido retenerlo sin contar contigo:
así me harás este favor no a la fuerza, sino con toda libertad.
Quizá se apartó de ti
para que le recobres ahora para siempre;
y no como esclavo, sino mucho mejor:
como hermano querido.
Si yo lo quiero tanto,
cuánto más lo has de querer tú,
como hombre y como cristiano.
Si me consideras compañero tuyo,
recíbelo a él como a mí mismo.

» Evangelio

+ Lectura del santo Evangelio según San Lucas 14, 25-33

En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo:
–Si alguno se viene conmigo y no pospone a su padre y a su madre, y a su mujer y a sus hijos, y a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío.
Quien no lleve su cruz detrás de mí, no puede ser discípulo mío.
Así, ¿quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla?
No sea que, si echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran, diciendo:
«Este hombre empezó a construir y no ha sido capaz de acabar.»
¿O qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que le ataca con veinte mil?
Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz.
Lo mismo vosotros: el que no renuncia a todos sus bienes, no puede ser discípulo mío.

LECTURAS DEL DOMINGO


...........