Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

"El amo felicitó al administrador injusto, por la astucia con que había procedido"
21-09-2019
"El amo felicitó al administrador injusto, por la astucia con que había procedido"

Hoy también hemos escuchado una parábola de las que solo nos ofrece Lucas, el Evangelista que nos acompaña este año. Como contexto, criterio o contraste, la primera lectura, era una diatriba profética contra el abuso en la posesión de la riqueza. Lejos de apoyar o fomentar un “pobrismo” alejado de la realidad, los profetas denunciaban injusticias bien concretas y determinadas, cuando los que tienen mucho o casi todo abusan de su poder e influencia para empobrecer a los demás, sin caer en la cuenta que eso significa su propio empobrecimiento a la larga. Que los bienes, el dinero, el trabajo todo ha de usarse, además de para un justo provecho propio, para caer en la cuenta de que no estamos solos, que dependemos unos de otros. El que fabrica necesita al comprador y viceversa, y el que trabaja a quien crea y sostiene ese trabajo.

Y si en la parábola del domingo anterior descubríamos que las relaciones y dependencias que tenemos unos con otros no son ataduras frustrantes sino posibilidades de desarrollo y crecimiento, el texto de este domingo insiste en lo mismo. En primer lugar, hemos dicho muchas veces que las parábolas no son una especie de historietas moralizantes con ejemplos de cómo vivir la fe en concreto. En esta, se encuentran pocos ejemplos: un administrador deshonesto que es despedido y no quiere ni trabajar ni pedir y encuentra un modo alternativo de hacerse aceptar –y quizá acoger o recoger– cuando pierda su posición. En su interpretación, generalmente, hay que buscar ese o esos detalles que se salen y llaman la atención y que en este caso pasan por el hecho de que el propietario para quien trabaja el administrador le felicite por su astucia. No se refiere a lo bien que lo ha sabido engañar (primero con años de robo y deshonestidad y después falsificando a la baja los recibos de sus deudores) sino a otra cosa. En realidad, el administrador quita de los recibos una cantidad que bien podría corresponder a su comisión, justa o injusta, para dejar solo la deuda monda y lironda. La felicitación y el mensaje para los discípulos es haber sabido renunciar a un beneficio, lícito o ilícito o ambos, para obtener acogida, benevolencia y compasión. Es decir, que más importante que el dinero, que el acumular, mejor salida que optar siempre por el beneficio a todo coste es saber renunciar hasta a lo que se tiene o merece por tener y merecer relaciones humanas, que son la carne, el fruto verdadero, la alegría de la existencia. El amor se gana, se recibe, nunca se compra, y si se compra no es tal.

» Primera Lectura

Lectura del Profeta Amós 8, 4-7

Escuchad esto los que exprimís al pobre,
despojáis a los miserables,
diciendo: ¿cuándo pasará la luna nueva
para vender el trigo,
y el sábado para ofrecer el grano?
Disminuís la medida, aumentáis el precio,
usáis balanzas con trampa,
compráis por dinero al pobre,
al mísero por un par de sandalias,
vendiendo hasta el salvado del trigo.
jura el Señor por la Gloria de Jacob
que no olvidará jamás vuestras acciones.

» Segunda Lectura

Lectura de la primera carta del Apóstol San Pablo a Timoteo 2, 1-8

Te ruego, pues, lo primero de todo, que hagáis oraciones, plegarias, súplicas, acciones de gracias por todos los hombres, por los reyes y por todos los que están en el mando, para que podamos llevar una vida tranquila y apacible, con toda piedad y decoro. Eso es bueno y grato ante los ojos de nuestro Salvador, Dios, que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad.
Pues Dios es uno, y uno solo es el mediador entre Dios y los hombres, el hombre Cristo Jesús, que se entregó en rescate por todos: éste es el testimonio en el tiempo apropiado: para él estoy puesto como anunciador y apóstol –digo la verdad, no miento–, maestro de los paganos en fe y verdad.
Encargo a los hombres que recen en cualquier lugar alzando las manos limpias de ira y divisiones.

» Evangelio

+ Lectura del santo Evangelio según San Lucas 16, 1-13

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
Un hombre rico tenía un administrador y le llegó la denuncia de que derrochaba sus bienes.
Entonces lo llamó y le dijo:
–¿Qué es eso que me cuentan de ti? Entrégame el balance de tu gestión, porque quedas despedido.
El administrador se puso a echar sus cálculos:
– ¿Qué voy a hacer ahora que mi amo me quita el empleo? Para cavar no tengo fuerzas; mendigar, me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer para que cuando me echen de la administración, encuentre quien me reciba en su casa.
Fue llamando uno a uno a los deudores de su amo, y dijo al primero:
¿Cuánto debes a mi amo?
Este respondió:
– Cien barriles de aceite.
El le dijo:
– Aquí está tu recibo: aprisa, siéntate y escribe «cincuenta».
Luego dijo a otro:
– Y tú, ¿cuánto debes?
El contestó:
– Cien fanegas de trigo.
Le dijo:
– Aquí está tu recibo: Escribe «ochenta».
Y el amo felicitó al administrador injusto, por la astucia con que había procedido. Ciertamente, los hijos de este mundo son más astutos con su gente que los hijos de la luz.
Y yo os digo: Ganaos amigos con el dinero injusto, para que cuando os falte, os reciban en las moradas eternas.
El que es de fiar en lo menudo, también en lo importante es de fiar; el que no es honrado en lo menudo, tampoco en lo importante es honrado.
Si no fuisteis de fiar en el vil dinero, ¿quién os confiará lo que vale de veras? Si no fuisteis de fiar en lo ajeno, ¿lo vuestro quién os lo dará ?
Ningún siervo puede servir a dos amos: porque o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero.

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