Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

"Levántate, vete: tu fe te ha salvado"
11-10-2019
"Levántate, vete: tu fe te ha salvado"

Jesús no solo enseñaba con una autoridad propia que poco tenía que ver con la que se transmiten las escuelas de pensamiento o de escribas (digo esto porque lo han dicho otros, lo mejoro, resumo o amplío). Jesús, sobre todo, actuaba, decidía, hacía realidad en cada momento sus actitudes y decisiones profundas, su visón de la realidad y de las personas. Así, como mostraba el Evangelio, no se limitaba a criticar y revelar la enfermedad, el mal, el desprecio que anida en el corazón de muchas personas, sino, sobre todo, intentaba ponerles remedio. No solo denunciaba sino que procuraba el remedio que curase, diese ánimos o convenciese a la persona que tenía delante que también era un predilecto de Dios, como todos los somos. En el relato, Jesús va camino de  Jerusalén, a cumplir su “éxodo”, como dice el mismo evangelista y se encuentra con unos leprosos, el ejemplo por excelencia de la discriminación social y religiosa, literalmente, unos peor que unos apestados o unos inmigrantes pobres hoy día. Ellos, directamente, lo reconocen por su nombre y le piden que se “compadezca”.

Basta el encuentro y la petición para que sean curados y así Jesús solo tiene que decirles que se presenten a los sacerdotes para certificarlo y recuperar su vida, sus derechos sociales y religiosos, para volver a ser personas. Todos, a su modo, creen y confían, pues, mientras van de camino, quedan efectivamente limpios. Pero solo uno vuelve al darse cuenta, para agradecer, quizá para encontrar algo más de significado en este encuentro bienaventurado que ha tenido con este hombre extraordinario. Y da la casualidad que es un extranjero, un “hereje” samaritano. El hecho no es extraordinario como nos recordaba la primera lectura: de entre todos los leprosos de su tiempo, a solo un extranjero, el general sirio Naamán, libró de la lepra el profeta Eliseo. Como él, también este se dio cuenta de lo que significa la curación física, el gesto humano de Jesús: que se había encontrado con el Dios capaz de rehacerlo por dentro, de dar el verdadero sentido y objetivo a su vida. Y, efectivamente, al volver, recibe de Jesús la palabra que todos necesitamos: que nos diga que nuestra fe, que nuestra relación con Él, que nuestro abrirnos a su gracia, perdón y compasión, nos ha salvado, nos ha hecho personas nuevas y renovadas, capaz de reconocer cuánto somos queridos y, sobre todo, cuanto podemos querer.

» Primera Lectura

Lectura del segundo libro de los Reyes 5, 14-17

En aquellos días, Naamán el sirio bajó y se bañó siete veces en el Jordán, como se lo había mandado Eliseo, el hombre de Dios, y su carne quedó limpia de la lepra, como la de un niño. Volvió con su comitiva al hombre de Dios y se le presentó diciendo:
–Ahora reconozco que no hay dios en toda la tierra mas que el de Israel. Y tú acepta un presente de tu servidor.
Contestó Eliseo:
–Juro por Dios, a quien sirvo, que no aceptaré nada.
Y aunque le insistía, lo rehusó.
Naamán dijo:
–Entonces, que entreguen a tu servidor una carga de tierra, que pueda llevar un par de mulas; porque en adelante tu servidor no ofrecerá holocaustos ni sacrificios de comunión a otro dios que no sea el Señor.

» Segunda Lectura

Lectura de la segunda carta del Apóstol San Pablo a Timoteo 2,8-13

Querido hermano:
Haz memoria de Jesucristo el Señor,
resucitado de entre los muertos,
nacido del linaje de David.
Este ha sido mi Evangelio,
por el que sufro hasta llevar cadenas,
como un malhechor.
Pero la palabra de Dios no está encadenada.
Por eso lo aguanto todo por los elegidos,
para que ellos también alcancen la salvación,
lograda por Cristo Jesús, con la gloria eterna.
Es doctrina segura:
Si morimos con él, viviremos con él.
Si perseveramos, reinaremos con él.
Si lo negamos, también él nos negará.
Si somos infieles, él permanece fiel,
porque no puede negarse a sí mismo.

» Evangelio

+ Lectura del santo Evangelio según San Lucas 17, 11-19

Yendo Jesús camino de Jerusalén, pasaba entre Samaría y Galilea. Cuando iba a entrar en un pueblo, vinieron a su encuentro diez leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían:
–Jesús, maestro, ten compasión de nosotros.
Al verlos, les dijo:
–Id a presentaros a los sacerdotes.
Y mientras iban de camino, quedaron limpios. Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos, y se echó por tierra a los pies de Jesús, dándole gracias.
Este era un samaritano.
Jesús tomó la palabra y dijo:
–¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios?
Y le dijo:
–Levántate, vete: tu fe te ha salvado.

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