Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

"También este es hijo de Abrahán"
01-11-2019
"También este es hijo de Abrahán"

El Evangelio de Lucas muestra como Jesús hace realidad el reino que anuncia y que une indisolublemente a su vida y a su persona. Este Reino manifiesta la voluntad de Dios que nos recordaba la primera lectura: la positividad de la acción divina que siempre es creadora o recreadora y tiende a dar vida, a sostenerla, a protegerla. El Señor no rechaza nada que tenga vida ni se rinde ante aquellas situaciones que parecen perdidas. Por eso Jesús, en el texto de hoy, atraviesa rápido una ciudad llena de posibilidades para buscar a un hijo de Abraham descarriado o perdido porque para eso ha venido, no a reunir multitudes conformes sino a ofrecer a cada uno, en su particular situación, el amor y la confianza de un Padre que nunca renuncia a ninguno de sus hijos. Por su parte, Zaqueo, el publicano, también busca encontrar el perdón y la misericordia aunque no sabe cómo. Así y todo, hace todo lo que puede por estar cercano, siquiera ver, al profeta que sabe que denunciará su vida de injusticia y que representa el paso del Dios de la vida. Secretamente, quizá, piensa tiene una oportunidad de cambiar, de vivir la Alianza.

Por eso lo que sucede es increíble: el profeta lo reconoce subido donde está y lo llama por su nombre. Esta es su única palabra: "quiero alojarme en tu casa"; es también la única "recriminación". La sola presencia de este hombre, Jesús, le hace ver su realidad: es pecador e injusto pero tiene una salida, una ocasión en el reconocimiento de su mal en su reparación. Así promete indemnizaciones mucho mayores que las que prescribía la Ley para los estafadores y entrega la mitad de lo que tiene para los que no tienen nada. Nadie puede ni debe sentirse excluido ni expulsado ni lejos del perdón de Dios pero, al mismo tiempo, tiene que estar dispuesto a un cambio real de vida. Este cambio no se produce ni por miedo al castigo ni por adoctrinamiento o “lavado de cerebro”. Esta es la salvación que llega, la nueva vida restaurada desde la misericordia, la acogida, la entrega, el perdón y que nos hace ver que todos somos, mejor que hijos de Abraham, hijos e hijas de Dios, llamados y urgidos a vivir como hermanos que se quieren, se apoyan, se perdonan.

» Primera Lectura

Lectura del libro de la Sabiduría (11,22–12,2):

Señor, el mundo entero es ante ti como un grano en la balanza,
como gota de rocío mañanero sobre la tierra.
Pero te compadeces de todos, porque todo lo puedes
y pasas por alto los pecados de los hombres para que se arrepientan.
Amas a todos los seres
y no aborreces nada de lo que hiciste;
pues, si odiaras algo, no lo habrías creado.
¿Cómo subsistiría algo, si tú no lo quisieras?,
o ¿cómo se conservaría, si tú no lo hubieras llamado?
Pero tú eres indulgente con todas las cosas,
porque son tuyas, Señor, amigo de la vida.
Pues tu soplo incorruptible está en todas ellas.
Por eso corriges poco a poco a los que caen,
los reprendes y les recuerdas su pecado,
para que, apartándose del mal, crean en ti, Señor.

» Segunda Lectura

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses (1,11–2,2):

Hermanos:
Oramos continuamente por vosotros, para que nuestro Dios os haga dignos de la vocación y con su poder lleve a término todo propósito de hacer el bien y la tarea de la fe. De este modo, el nombre de nuestro Señor Jesús será glorificado en vosotros y vosotros en él, según la gracia de nuestro Dios y del Señor Jesucristo.
A propósito de la venida de nuestro Señor Jesucristo y de nuestra reunión con él, os rogamos, hermanos, que no perdáis fácilmente la cabeza ni os alarméis por alguna revelación, rumor o supuesta carta nuestra, como si el día del Señor estuviera encima.

» Evangelio

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas (19,1-10):

EN aquel tiempo, Jesús entró en Jericó e iba atravesando la ciudad.
En esto, un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de ver quién era Jesús, pero no lo lograba a causa del gentío, porque era pequeño de estatura. Corriendo más adelante, se subió a un sicomoro para verlo, porque tenía que pasar por allí.
Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y le dijo:
«Zaqueo, date prisa y baja, porque es necesario que hoy me quede en tu casa».
Él se dio prisa en bajar y lo recibió muy contento.
Al ver esto, todos murmuraban diciendo:
«Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador».
Pero Zaqueo, de pie, dijo al Señor:
«Mira, Señor, la mitad de mis bienes se la doy a los pobres; y si he defraudado a alguno, le restituyo cuatro veces más».
Jesús le dijo:
«Hoy ha sido la salvación de esta casa, pues también este es hijo de Abrahán. Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido».

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