Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

"Los que sean juzgados dignos de la vida futura y de la resurrección de entre los muertos, no se casarán"
08-11-2019
"Los que sean juzgados dignos de la vida futura y de la resurrección de entre los muertos, no se casarán"

Jesús enseñaba y "hacía ver", compartía la experiencia, de que Dios es la vida. Es su creador, protector, su sostenedor y más todavía, como dice el texto de hoy, asociarse a El, vivir en comunión con su Persona significa no morir, ver esta vida temporal traspasada por la vida eterna que es característica fundamental de Dios y don compartido con nosotros, gracias a Jesucristo, como todo. Ya la primera lectura evocaba cómo entró en la revelación bíblica esta convicción según la cual Dios es Dios de vivos y quien entrega la vida por Él y por la Ley, no la pierde sino que la ha salvado definitivamente, vive con Él para siempre. La lectura refiere la experiencia de unos creyentes que prefirieron la muerte antes que cambiar de Dios y negar su fidelidad al modo de vida determinado por la Alianza y este hecho, significa el martirio, el testimonio máximo de entrega de la vida que señala, precisamente, que se cree en un Dios capaz de devolver esa vida que se entrega por Él.

Con todo, como muestra el Evangelio, esta convicción no arraigó en todo el judaísmo y así se podía profesar la fe de Israel sin creer en la resurrección de los muertos, especialmente en aquellos –los saduceos– que disfrutaban y bien de su vida temporal a causa de su poder, influencia y numerosos bienes. Como se ve, el debate se desarrollaba a altos niveles teológicos pero también intentando el método de la reducción al absurdo: la resurrección no tiene sentido porque no resulta coherente con las decisiones que adoptamos en esta vida, especialmente cuando decidimos cumplir con la Ley de Dios. Sería como una contradicción en términos. Jesús, como tantas otras veces, esquiva el debate teórico y lo lleva a la vida, único lugar donde se comprende de verdad la Escritura. Así lo que se trata aquí –lo que interesa desde un punto de vista solamente humano– no es la mera prolongación de esta vida y sus logros sino asumir la ruptura que, necesariamente, significa la muerte. Vivir siempre no es evitar morir sino acceder a la transformación total que es el objetivo de la comunión con Dios y, especialmente, de seguir a Jesús como discípulos. Quién acepta esta invitación tiene que aplicarse no en vivir lo mejor y más cómodo posible sino, al contrario, en “morir”, esto es, en liberarse de las ataduras, gracias a la comunión con Aquél que nos llama y tiene el verdadero poder de cambiarnos por dentro. Solo quien es amigo de verdad de Jesús experimenta la verdadera vida, que ha comenzado a resucitar.

» Primera Lectura

Lectura del segundo libro de los Macabeos 7, 1-2. 9-14

En aquellos días, arrestaron a siete hermanos con su madre. El rey los hizo azotar con látigos y nervios para forzarlos a comer carne de cerdo, prohibida por la ley.
El mayor de ellos habló en nombre de los demás:
–¿Qué pretendes sacar de nosotros? Estamos dispuestos a morir antes que quebrantar la ley de nuestros padres.
El segundo, estando para morir, dijo:
–Tú, malvado, nos arrancas la vida presente; pero, cuando hayamos muerto por su ley, el rey del universo nos resucitará para una vida eterna.
Después se divertían con el tercero. Invitado a sacar la lengua, lo hizo en seguida y alargó las manos con gran valor. Y habló dignamente:
–De Dios las recibí y por sus leyes las desprecio; espero recobrarlas del mismo Dios.
El rey y su corte se asombraron del valor con que el joven despreciaba los tormentos.
Cuando murió éste, torturaron de modo semejante al cuarto. Y cuando estaba a la muerte, dijo:
–Vale la pena morir a manos de los hombres cuando se espera que Dios mismo nos resucitará. Tú en cambio no resucitarás para la vida.

» Segunda Lectura

Lectura de la segunda carta del Apóstol San Pablo a los Tesalonicenses 2, 15-3, 5

Hermanos:
Que Jesucristo nuestro Señor
y Dios nuestro Padre
–que nos ha amado tanto
y nos ha regalado un consuelo permanente
y una gran esperanza–
os consuele internamente y os dé fuerza
para toda clase de palabras y de obras buenas.
Por lo demás, hermanos,
rezad por nosotros,
para que la palabra de Dios siga el avance glorioso
que comenzó entre vosotros,
y para que nos libre de los hombres perversos y malvados;
porque la fe no es de todos.
El Señor que es fiel os dará fuerzas
y os librará del malo.
Por el Señor, estamos seguros de que ya cumplís
y seguiréis cumpliendo
todo lo que os hemos enseñado.
Que el Señor dirija vuestro corazón,
para que améis a Dios y esperéis en Cristo.

» Evangelio

+ Lectura del santo Evangelio según San Lucas 20, 27-38

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos saduceos, que niegan la resurrección y le preguntaron:
Maestro, Moisés nos dejó escrito: «Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer pero sin hijos, cásese con la viuda y dé descendencia a su hermano.» Pues bien, había siete hermanos: el primero se casó y murió sin hijos. Y el segundo y el tercero se casaron con ella, y así los siete murieron sin dejar hijos. Por último murió la mujer. Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete han estado casados con ella.
Jesús les contestó:
–En esta vida hombres y mujeres se casan; pero los que sean juzgados dignos de la vida futura y de la resurrección de entre los muertos, no se casarán. Pues ya no pueden morir., son como ángeles; son hijos de Dios, porque participan en la resurrección. Y que resucitan los muertos, el mismo Moisés lo indica en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor: «Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob.» No es Dios de muertos sino de vivos: porque para él todos están vivos.

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