Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

"ESTE ES EL REY DE LOS JUDIOS"
21-11-2019
"ESTE ES EL REY DE LOS JUDIOS"

Concluye hoy el repaso anual o recuerdo y reviviscencia de los misterios de la vida de Jesús de la mano de un Evangelio, que este año ha sido Lucas. Guiados por él hemos seguido las huellas del Maestro para comprender mejor cómo sigue presente en cada uno y entre todos, gracias a la fe personal y que compartimos y celebramos como comunidad cristiana. Este último domingo se dedica a la Fiesta de Jesucristo, Rey del Universo (con perdón) que no es sino la propuesta del Hombre Jesús, entregado a la muerte por nosotros y resucitado para devolvernos esperanza y vida, como único Señor, Soberano, Fin y Meta de nuestra vida y nuestro mundo. Celebramos con ello la vigencia del Reino de Dios, firmemente asentado en nuestra realidad como alternativa abierta realmente a todos, ya que para entrar no se precisa más condición –que es única pero al mismo tiempo irrenunciable– que la adhesión personal a Cristo, Dios y Hombre, como Señor de nuestra vida y Fin de este universo. Parece mucho y lo es, y más si examinamos sus fundamentos.

En la primera lectura se nos recordaba cómo el rey David asumió el gobierno sobre el pueblo elegido: él era el ungido por Dios pero necesitó también, como cualquier gobernante que entienda su misión como servicio, el asentimiento de los “gobernados”. Cristo también ha llegado así a nuestras vidas: ofrecido y regalado por Dios mismo, que así se convierte en Padre de todos, pero necesitado de que le reconozcamos, de que le queramos recibir y, sobre todo, seguir. No podemos decir que para ello haya empleado gestos vanos o hipócritas, como nos recordaba el Evangelio, sino su propia entrega hasta la muerte y más allá. El texto lo sitúa en el mejor púlpito y único trono del que dispuso en esta vida mortal: la Cruz. Ahí, ante las burlas y críticas últimas de pueblo y líderes, Jesús renuncia ostensiblemente a “salvarse a sí mismo”. Muestra que es el Mesías no con un gesto de poder que sorprenda a los pocos creyentes y a la mayoría de incrédulos sino con todo lo contrario: con la entrega y con ese gesto último de salvación hacia alguien condenado a su lado, dando así hasta el último momento vida y esperanza a quien mínimamente aunque sea, es capaz de creer en Él. Al pie de esta Cruz, pues, comienza el Paraíso, se sostiene el Reino contra viento y marea, injertado de modo definitivo en esta realidad en forma de entrega y oferta, de perdón y de camino de vida para siempre.

» Primera Lectura

Lectura del libro segundo de Samuel 5, 1-3

En aquellos días, todas las tribus de Israel fueron a Hebrón a ver a David y le dijeron:
Hueso y carne tuya somos; ya hace tiempo, cuando todavía Saúl era nuestro rey, eras tú quien dirigías las entradas y salidas de Israel. Además el Señor te ha prometido: «Tú serás el pastor de mi pueblo, Israel, tu serás el jefe de Israel.»
Todos los ancianos de Israel fueron a Hebrón a ver al rey, y el rey David hizo con ellos un pacto en Hebrón, en presencia del Señor, y ellos ungieron a David como rey de Israel.

» Segunda Lectura

Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Colosenses 1, 12-20

Hermanos:
Damos gracias a Dios Padre, que nos ha hecho capaces de compartir la herencia del pueblo santo en la luz.
El nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
El es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda criatura;
porque por medio de él fueron creadas todas las cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;
todo fue creado por él y para él.
El es anterior a todo, y todo se mantiene en él.
El es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia.
El es el principio, el primogénito de entre los muertos,
y así es el primero en todo.
Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud.
Y por él quiso reconciliar consigo todos los seres:
los del cielo y los de la tierra,
haciendo la paz por la sangre de su cruz.

» Evangelio

+ Lectura del santo Evangelio según San Lucas 23, 35-43

En aquel tiempo, las autoridades y el pueblo hacían muecas a Jesús, diciendo:
–A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el Elegido.
Se burlaban de él también los soldados, ofreciéndole vinagre y diciendo:
–Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo.
Había encima un letrero en escritura griega, latina y hebrea: ESTE ES EL REY DE LOS JUDIOS.
Uno de los malhechores crucificados lo insultaba diciendo:
–¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros.
Pero el otro lo increpaba:
–¿Ni siquiera temes tú a Dios estando en el mismo suplicio? Y lo nuestro es justo, porque recibimos el pago de lo que hicimos; en cambio, éste no ha faltado en nada.
Y decía:
–Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino.
Jesús le respondió:
–Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso.

LECTURAS DEL DOMINGO