Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

"Esto pasaba en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde estaba Juan bautizando"
13-12-2019
"Esto pasaba en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde estaba Juan bautizando"

Después de escuchar y celebrar el domingo pasado el testimonio de vida y entrega reales de María, Virgen, la palabra nos trae hoy la voz y la persona de Juan el Bautista a fin de motivar y sostener nuestra espera. Gracias a Juan, el último de los profetas, la esperanza de la antigua alianza se deposita en Jesús, hijo bendito de la fe y la acogida de María. Es decir, la primera parte del Adviento se va transformando en la segunda: la espera bien concreta no de un fin del mundo que, según todas las apariencias y la mayor parte de las profundidades, va a tardar, sino de Alguien, un hombre como nosotros gracias al cual Dios asume nuestra naturaleza y nuestras condiciones para llevarnos y acompañarnos a ese fin que vendrá, aunque tarde. El profeta Juan, pues, es como la clave de vuelta, el punto de inflexión y así lo recordamos y lo celebramos hoy. Los testimonios históricos coinciden con el Evangelio: en los albores del s. I apareció un hombre que hizo revivir la predicación del profeta Isaías (segundo de ese nombre, allá por el año 600 a.C.) que anunció el fin del exilio y la vuelta a la tierra.

Para ello (primera lectura) contó con la presencia y vitalidad del Espíritu para transmitir y convertir su misma vida en Buena Noticia. En el Evangelio, el profeta va más allá, como “testigo de la luz” que, no obstante, sabe muy bien que él no es el enviado, sino la señal, el mensajero, el precursor. Es la primera lección que nos deja: reconocer cada uno quien somos y qué hemos venido a hacer a este mundo, sin creernos lo que nos digan para manipularnos. Juan, además, bautiza, esto es, visibiliza con un gesto la puerta, el camino que lleva al encuentro con Aquel a quien ha venido a preparar el camino. Este bautismo que significa las ganas de cambiar de vida, salir del sistema que nos está impidiendo crecer y avanzar y volver a ponerse en manos de Dios, hará salir de su anonimato al Elegido, al Mesías de verdad. Desvelará su rostro humano, normal, cotidiano y lo presentará como la respuesta de Dios da a todas nuestras peticiones y necesidades. Porque Juan lo dice muy claro a quien sabe leer la Escritura: este hombre es el Esposo, el único digno de “quitar la sandalia” a cada uno, para convertirse, realmente, en nuestro compañero, “amigo fiel que nunca falla”, como dijo Teresa de Jesús.

» Primera Lectura

Lectura del libro de Isaías 61, 1-2a. 10-11

El Espíritu del Señor está sobre mí,
porque el Señor me ha ungido.
Me ha enviado para dar la buena noticia a los que sufren,
para vendar los corazones desgarrados,
para proclamar la amnistía a los cautivos,
y a los prisioneros la libertad,
para proclamar el año de gracia del Señor.
Desbordo de gozo con el Señor,
y me alegro con mi Dios:
porque me ha vestido un traje de gala
y me ha envuelto en un manto de triunfo,
como novio que se pone la corona,
o novia que se adorna con sus joyas.
Como el suelo echa sus brotes,
como un jardín hace brotar sus semillas,
así el Señor hará brotar la justicia
y los himnos ante todos los pueblos.

» Segunda Lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 5, 16-24

Hermanos:
Estad siempre alegres. Sed constantes en orar. Dad gracias en toda ocasión: ésta es la voluntad de Dios en Cristo Jesús res­pecto de vosotros.
No apaguéis el espíritu, no despreciéis el don de profecía; sino examinadlo todo, quedándoos con lo bueno.
Guardaos de toda forma de maldad. Que el mismo Dios de la paz os consagre totalmente, y que todo vuestro espíritu, alma y cuerpo, sea custodiado sin reproche hasta la venida de nuestro Señor Jesucristo.
El que os ha llamado es fiel y cumplirá sus promesas.

» Evangelio

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 1, 6-8. 19-28

Surgió un hombre enviado por Dios,
que se llamaba Juan:
éste venía como testigo,
para dar testimonio de la luz,
para que por él todos vinieran a la fe.
No era él la luz,
sino testigo de la luz.
Y éste fue el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a Juan, a que le preguntaran:
– «¿Tú quién eres?»
Él confesó sin reservas:
– «Yo no soy el Mesías.»
Le preguntaron:
– «¿Entonces, qué? ¿Eres tú Elías?»
El dijo:
– «No lo soy.»
– «¿Eres tú el Profeta?»
Respondió:
– «No.»
Y le dijeron:
– «¿Quién eres? Para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado, ¿qué dices de ti mismo?»
Él contestó:
– «Yo soy la voz que grita en el desierto: "Allanad el camino del Señor", como dijo el profeta Isaías.»
Entre los enviados había fariseos y le preguntaron:
– «Entonces, ¿por qué bautizas, si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?»
Juan les respondió:
– «Yo bautizo con agua; en medio de vosotros hay uno que no conocéis, el que viene detrás de mí, y al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia.»
Esto pasaba en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde estaba Juan bautizando.

LECTURAS DEL DOMINGO


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