Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

"Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia"
03-01-2020
"Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia"

Este domingo, el segundo de la Navidad, que se celebra según vengan las fechas, no es sino otra repetición de la raíz y esencia de la celebración de estos días. Se insiste en la realidad del Hijo encarnado de Dios (Evangelio), predicho en la Sabiduría (primera lectura) que es lo más que se pudo acercar la antigua alianza a la propia realidad de Dios, que es Comunión de Personas iguales en dignidad y valor pero distintas en cuanto a misión y funciones. Así, la Palabra que se encarna viene definida como Sabiduría, esto es, Dios en tanto que inteligencia reflexiva, principal agente de la Creación (aunque aquí como en las principales obras divinas participa toda la Trinidad), que se vuelve y dirige también hacia la creación como sentido y como diálogo que inicia Dios mismo para comunicar y revelar su presencia especialmente a la criatura que culmina la creación, el hombre. Y más todavía: la Sabiduría está destinada a vivir en Sión, entre su pueblo, es como la Gloria de Dios que llena y dirige el Templo, habla y escucha también las peticiones y conoce las intenciones del corazón de los hombres.

En la perspectiva de la historia de la salvación, esto significa el cumplimiento más importante de la Alianza que aparece en el antiguo testamento: el Templo manifiesta la presencia intangible pero cierta del Dios de Israel, creador, salvador y protector de su pueblo. El Evangelio, que pertenece al núcleo mismo de nuestra fe, afirma que la Sabiduría, que la Palabra se comprometió radicalmente con esta realidad para crear la nueva alianza y la culminación de la revelación. Pese al rechazo, a la negación de esta luz y esta presencia, el mensaje sigue siendo que “a cuantos lo reciben la Palabra les da poder para ser hijos de Dios”, es decir, una nueva vida que no viene de la carne, de la sangre ni de la voluntad humana, sino de Dios mismo y personal. Celebramos hoy esta contemplación de su Gloria, su manifestación en esta Palabra, hecha carne, hecha hombre en quien se manifiesta nada más y nada menos que la gracia y la verdad del auténtico rostro de Dios. Esta Gloria, este Hombre, ha venido del seno mismo del Padre para revelarnos que es amor, que es vida, que es positividad pero también es luz, es crítica de cualquier condescendencia nuestra o cualquier autocompasión. Se nos ha dado mucho, se nos ha dado todo. Acojámoslo, vivamos esta amistad, esta presencia para que también a cada uno se nos manifieste la Gracia y la Verdad.

» Primera Lectura

Lectura del libro del Eclesiástico (24,1-2.8-12):

La sabiduría hace su propia alabanza,
encuentra su honor en Dios
y se gloría en medio de su pueblo.
En la asamblea del Altísimo abre su boca
y se gloría ante el Poderoso.
«El Creador del universo me dio una orden,
el que me había creado estableció mi morada
y me dijo: “Pon tu tienda en Jacob,
y fija tu heredad en Israel”.
Desde el principio, antes de los siglos, me creó,
y nunca más dejaré de existir.
Ejercí mi ministerio en la Tienda santa delante de él,
y así me establecí en Sión.
En la ciudad amada encontré descanso,
y en Jerusalén reside mi poder.
Arraigué en un pueblo glorioso,
en la porción del Señor, en su heredad».

» Segunda Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios (1,3-6.15-18):

Bendito sea el Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en Cristo
con toda clase de bendiciones espirituales en los cielos.
Él nos eligió en Cristo, antes de la fundación del mundo
para que fuésemos santos e intachables ante él por el amor.
Él nos ha destinado por medio de Jesucristo,
según el beneplácito de su voluntad,
a ser sus hijos,
para alabanza de la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido en el Amado.
Por eso, habiendo oído hablar de vuestra fe en Cristo y de vuestro amor a todos los santos, no ceso de dar gracias por vosotros, recordándoos en mis oraciones, a fin de que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo, e ilumine los ojos de vuestro corazón para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama, cuál la riqueza de gloria que da en herencia a los santos.

» Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Juan (1,1-18):

En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios.
Él estaba en el principio junto a Dios.
Por medio de él se hizo todo, y sin él no se hizo nada de cuanto se ha hecho.
En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.
Y la luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no lo recibió.
Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él.
No era él la luz, sino el que daba testimonio de la luz.
El Verbo era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre, viniendo al mundo.
En el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de él, y el mundo no lo conoció.
Vino a su casa, y los suyos no lo recibieron.
Pero a cuantos lo recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre.
Estos no han nacido de sangre, ni de deseo de carne,
ni de deseo de varón, sino que han nacido de Dios.
Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.
Juan da testimonio de él y grita diciendo:
«Este es de quien dije: el que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo».
Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia.
Porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad nos ha llegado por medio de Jesucristo.
A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios Unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.

LECTURAS DEL DOMINGO


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