Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

"Está bien que cumplamos así todo lo que Dios quiere"
10-01-2020
"Está bien que cumplamos así todo lo que Dios quiere"

La Navidad concluye, como cada año, con la fiesta del Bautismo del Señor, que es como la presentación oficial del Hijo de Dios encarnado y el mismo comienzo de su vida pública, de su Misión, de su ministerio. Celebramos que Jesús empezara y de este modo el encargo que había recibido de Dios, su Padre. La Palabra que hemos escuchado nos invitaba a entender este momento como hundido en el anuncio del profeta Isaías: Jesús es el misterioso Siervo y profeta anunciado en los cuatro famosos cánticos de Isaías (primera lectura). En el texto, Dios mismo presentaba a este Siervo como “elegido”, “preferido” gracias a que ha puesto en él su espíritu con el fin de que traiga el “derecho” a las naciones. Para ello no usará la propaganda ni la “venta” de su supuesta mercancía, voceando por las calles. Al contrario: se introducirá en la realidad respetando profundamente todo lo respetable, es decir, todo lo que sea mínimamente verdadero o que contenga vida o luz. Esta será, no su propuesta, sino su actuación práctica y su proyecto de vida. Qué sea este derecho que tiene como objetivo no se aclara en el texto pero tiene que ver con la reconstrucción de la alianza entre Dios y los hombres, lo que implica dar luz y abrir a la visión a muchos que no ven o que creen ver.

Con este fondo, el Evangelista narra el hecho de que Jesús decidiese aparecer así en el mundo y comenzar su trabajo. Parece que hasta hubiese querido disuadirlo y lo intenta por boca de Juan: cómo tu, el Hijo de Dios, completamente alejado del pecado, se pone en la cola de los pecadores y se deja bautizar para cambiar radicalmente de vida, como un publicado o una prostituta. Ciertamente, esto es lo que Dios quería y, efectivamente, lo que Dios hace y la razón no se puede encontrar en los criterios antiguos o en la misma Escritura sino únicamente en este Hombre que así procede. Este es, precisamente, el modo absolutamente novedoso de reiniciar la historia de la salvación. El Hijo de Dios se ha encarnado para hacernos nuevos, de raíz, para hacernos posible renacer, reconstituirnos, reiniciarnos sobre la nueva base de experimentar y creer el amor incondicional del Padre. Así lo certifica el mismo Espíritu que se reúne aquí con el Padre que envía y el Hijo que obedece y se introduce en la realidad cambiante y complicada del mundo para ofrecer un nuevo modo de entender y de vivir, a la luz de Dios.

» Primera Lectura

Lectura del libro de Isaías 42, 1-4. 6-7

     Así dice el Señor:
      «Mirad a mi siervo, a quien sostengo;
      mi elegido, a quien prefiero.
      Sobre él he puesto mi espíritu,
      para que traiga el derecho a las naciones.
      No gritará, no clamará,
      no voceara por las calles.
      La caña cascada no la quebrará,
      el pabilo vacilante no lo apagará.
      Promoverá fielmente el derecho,
      no vacilará ni se quebrará,
      hasta implantar el derecho en la tierra,
      y sus leyes que esperan las islas.
      Yo, el Señor, te he llamado con justicia,
      te he cogido de la mano,
      te he formado, y te he hecho
      alianza de un pueblo, luz de las naciones.
      Para que abras los ojos de los ciegos,
      saques a los cautivos de la prisión,
      y de la mazmorra a los que habitan las tinieblas.»

» Segunda Lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 10, 34-38

      En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo:
      –«Está claro que Dios no hace distinciones; acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que sea. Envió su palabra a los israelitas, anunciando la paz que traería Jesucristo, el Señor de todos.
      Conocéis lo que sucedió en el país de los judíos, cuando Juan pre­dicaba el bautismo, aunque la cosa empezó en Galilea. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.»

» Evangelio

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 3, 13-17

      En aquel tiempo, fue Jesús de Galilea al Jordán y se presentó a Juan para que lo bautizara.
      Pero Juan intentaba, disuadirlo, diciéndole:
      –«Soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí?»
      Jesús le contestó:
      –«Déjalo ahora. Está bien que cumplamos así todo lo que Dios quiere. »
      Entonces Juan se lo permitió. Apenas se bautizó Jesús, salió del agua; se abrió el cielo y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él. Y vino una voz del cielo que decía:
      –«Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto.»

LECTURAS DEL DOMINGO


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