Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

«Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos»
24-01-2020
«Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos»

El Evangelio de Mateo presentaba hoy a Jesús del modo más solemne, cuando, efectivamente, abre su propia boca para comenzar su verdadero ministerio, su misión, su labor entre nosotros. Se afirma, en primer lugar, la unidad entre la misión de Juan y la de Jesús, que solo comienza cuando el primero es quitado de en medio. En segundo lugar, decide comenzar en Galilea, la región más abierta, más paganizada, pero donde habían tenido y tendrían asiento más movimientos de reforma y hasta de revolución. En este ambiente bien concreto, deja Nazaret y se traslada a Cafarnaúm, ciudad o lugar poblado más grande y abierto donde lo que dijera e hiciera tendría sin duda mucha más resonancia. Para el evangelista se trata de una decisión tan importante porque coincide con la profecía de Isaías (primera lectura) que canta el resurgir de un profeta, de la Palabra de Dios, en esta misma  tierra de encuentro y conflicto: “el camino del mar” es el único acceso llano que une Egipto en el sur y Asiria en el norte, lo cual le garantizaba el trasiego de personas, sabiduría y los inevitables ejércitos de castigo o invasión entre el gran imperio del sur y el del norte. El profeta habla de que esta Palabra traerá luz, alegría, gozo, alejará la guerra y la aflicción, como ya sucedió en la gran victoria de Jedeón sobre los madianitas donde la luz de una antorcha mantenida oculta dentro de un cántaro hasta el momento oportuno, tuvo una singular importancia.

La luz concreta, la palabra específica de este profeta, Jesús, también se describe en detalle: es la eterna y siempre viva llamada a la “conversión”, la vuelta hacia Dios, hacia esta luz que vuelve a brillar, pues, en la Palabra de Jesús. Se trata de la cercanía del reino de los cielos, esto es, de la intervención directa de Dios en la realidad y la historia. Todo se resume y concreta en este Hombre, Él es esta misma intervención, lo que a unos les podría parecer poco y a otros demasiado. De hecho, aunque Jesús parece decir lo mismo que decía Juan, no es así y lo demuestra con su actuación. Mientras Juan no tenía discípulos (si acaso, seguidores, a los que no podría quitar de encima), Jesús los busca, los llama para integrarlos directamente en esta misión y proyecto. Los elige personalmente, por sus personas, y, además, por parejas de hermanos, al menos en principio. Lo que Jesús comienza es una familia humana, una comunidad que comparta lo que Él trae y le ayude a ponerlo por obra a fin de que se convierta en luz, gozo, salvación y alegría para todos.

 

» Primera Lectura

Lectura del libro de Isaías 8, 23b-9, 3

En otro tiempo el Señor humilló el país de Zabulón y el país de Neftalí; ahora ensalzará el camino del mar, al otro lado del Jordán, la Galilea de los gentiles.
El pueblo que caminaba en tinieblas
vio una luz grande;
habitaban tierra de sombras,
y una luz les brilló.
Acreciste la alegría,
aumentaste el gozo;
se gozan en tu presencia,
como gozan al segar,
como se alegran al repartirse el botín.
Porque la vara del opresor,
y el yugo de su carga,
el bastón de su hombro,
los quebrantaste como el día de Madián.

» Segunda Lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios  1, 10-13. 17

Os ruego, hermanos, en nombre de nuestro Señor Jesucristo: po­neos de acuerdo y no andéis divididos. Estad bien unidos con un mis­mo pensar y sentir.
Hermanos, me he enterado por los de Cloe que hay discordias en­tre vosotros. Y por eso os hablo así, porque andáis divididos, dicien­do: «Yo soy de Pablo, yo soy de Apolo, yo soy de Pedro, yo soy de Cristo. »
¿Está dividido Cristo? ¿Ha muerto Pablo en la cruz por vosotros? ¿Habéis sido bautizados en nombre de Pablo?
Porque no me envió Cristo a bautizar, sino a anunciar el Evange­lio, y no con sabiduría de palabras, para no hacer ineficaz la cruz de Cristo.

» Evangelio

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 4, 12-23

Al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan, se retiró a Galilea. Dejando Nazaret, se estableció en Cafarnaún, junto al lago, en el territorio de Zabulón y Neftalí. Así se cumplió lo que había dicho el profeta Isaías:
«País de Zabulón y país de Neftalí,
camino del mar, al otro lado del Jordán,
Galilea de los gentiles.
El pueblo que habitaba en tinieblas
vio una luz grande;
a los que habitaban en tierra y sombras de muerte,
una luz les brilló.»
Entonces comenzó Jesús a predicar diciendo:
–«Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos.»
Pasando junto al lago de Galilea, vio a dos hermanos, a Simón, al que llaman Pedro, y a Andrés, su hermano, que estaban echando el copo en el lago, pues eran pescadores.
Les dijo:
–«Venid y seguidme, y os, haré pescadores de hombres.»
Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.
Y, pasando adelante, vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, que estaban en la barca repasando las redes con Zebedeo, su padre. Jesús los llamó también.
Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron.
Recorría toda Galilea, enseñando en las sinagogas y proclamando el Evangelio del reino, curando las enfermedades y dolencias del pueblo.

LECTURAS DEL DOMINGO


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