Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

"Pero sí la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán?"
07-02-2020
"Pero sí la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán?"

Tras la presentación el protagonista, el Evangelio de Mateo, expone el primero de los cinco grandes discursos con los que pretende resumir el mensaje de Jesús, de acuerdo a los retazos y fuentes en que le ha llegado. Este profeta, maestro ofrece su persona a través de su palabra y de sus gestos que la corroboran. El primer discurso, el “sermón del monte” se compone, en gran parte, con estos dichos chocantes e impresionantes que, a menudo, se ve o pretende ver como la quintaesencia del cristianismo. Jesús lo comienza recordando a todos y directamente a los que ya son sus discípulos, la realidad básica de nuestra pobreza, debilidad y dependencia, que aceptada y puesta en práctica, se puede convertir en riqueza y fuerza. Nos recuerda que solo seremos nosotros desde esta verdad pero estamos abiertos unos a otros y a Dios, y esa es nuestra mayor fortaleza.

Pero inmediatamente, señala a esos mismos discípulos, “desengañados”, esto es, conscientes de la verdad al asumir la realidad, como sal y luz. Es decir, afirma que los cristianos somos un valor real en el mundo: la sal que conserva la tierra y la vida (divina la llamó Homero) y que alude a la misión de los discípulos que, conservando la comunión con el Maestro y así se sostenga en su “calidad” y valor, purifique y sazone un mundo cada vez con menos gusto y menos vida. Es importante que consideremos que es la llamada de Jesús y la fe en Él, el seguimiento efectivo, lo que hace de nosotros “sal de la tierra” y que es un valor que se puede perder. Nuestra persona, comunidad e iglesia puede perder su “fuerza” de sazonar y salvar si se desliga de su comunión con Jesús. Al mismo tiempo que esta acción por inducción o contagio de la sal, el Maestro también hacer ver a la comunidad que tienen el resplandor visible de la luz. Una luz que no viene de lo que dicen o hacen, sino de ellos mismos, de quienes son o de quienes se van haciendo gracias al seguimiento, que tiene que ser real e histórico además de una comunión interpersonal profunda y verdadera. Los discípulos son esa lámpara que brilla pero lo hace gracias a ese aceite interior que permite que la llama siga viva. Sigue siendo nuestra responsabilidad, nuestra misión, nuestra vida. Humilde y pobremente sí, pero somos sal y luz y el mundo espera, necesita no las aportaciones de nuestra a autorrealización sino el fruto de nuestro seguimiento de Cristo, esa palabra convencida y esas obras que realmente muestran que la salvación de Cristo aún actúa en este mundo.

» Primera Lectura

Lectura del libro de Isaías 58, 7-10

Así dice el Señor:
«Parte tu pan con el hambriento,
hospeda a los pobres sin techo,
viste al que ves desnudo,
y no te cierres a tu propia carne.
Entonces romperá tu luz como la aurora,
en seguida te brotará la carne sana;
te abrirá camino la justicia,
detrás irá la gloria del Señor.
Entonces clamarás al Señor,
y te responderá;
gritarás, y te dirá:
«Aquí estoy. »
Cuando destierres de ti la opresión,
el gesto amenazador y la maledicencia,
cuando partas tu pan con el hambriento
y sacies el estómago del indigente,
brillará tu luz en las tinieblas,
tu oscuridad se volverá mediodía.»

» Segunda Lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios  2, 1-5
Yo, hermanos, cuando vine a vosotros a anunciaros el misterio de Dios, no lo hice con sublime elocuencia o sabiduría, pues nunca entre vosotros me precié de saber cosa alguna, sino a Jesucristo, y éste crucificado.
Me presenté a vosotros débil y temblando de miedo; mi palabra y mi predicación no fue con persuasiva sabiduría humana, sino en la manifestación y el poder del Espíritu, para que vuestra fe no se apoye en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.

» Evangelio

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 13-16

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
–«Vosotros sois la sal de la tierra. Pero sí la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán?
No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente.
Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte.
Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del cele­mín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa.
Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras bue­nas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo.»

LECTURAS DEL DOMINGO


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