Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

"No creáis que he venido a abolir la Ley y los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud"
14-02-2020
"No creáis que he venido a abolir la Ley y los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud"

La primera parte del Sermón de la Montaña proclama una revolución que quita valor a todo lo que la mentalidad común del mundo (paradójicamente en todas las épocas) estimaba mientras alaba lo que no tenía importancia. Pobres, mansos, pacificadores, limpios de corazón son los que pueden disfrutar de la nueva comunión con Dios. Esta amistad y relación con Él, sanea las demás relaciones personales y podría parecer que todo lo pasado, lo anterior ya no tiene valor ni sentido. Pero lo siguiente que proclama Jesús es la plena vigencia de la Ley mosaica, de la vieja Alianza. Se trata, ante todo, de la voluntad de Dios, que Jesús interpreta y comunica y así la une de modo inseparable a su persona, palabra y misión. La Ley significa toma de conciencia de que vivimos en relación con Dios y entre nosotros y que en estas relaciones debe haber verdad y justicia, pero solo con Jesús esta Ley se puede “cumplir”, esto es, hacer realidad, influir verdaderamente en la vida.

A los cristianos se nos pide una excelencia que supere lo conseguido por los máximos representantes de la vieja alianza, escribas y fariseos. Ser cristiano es algo extraordinario, significa un compromiso que tiene que ser real, una alternativa real, al tiempo que humildemente presentada, que signifique un avance, un cambio real, una nueva situación. No es que los judíos fuesen hipócritas, ya que siempre insistieron en la coherencia entre ley y obras, pero siempre quedaba un rastro entre las obras y lo estipulado que debía ser cubierto por el perdón. El cristiano, en comunión con Jesús, quien cumplió la Ley, parte ya de esta nueva realidad, y trata de extenderla, dejándose “ser”, con todas sus fuerzas, sal y luz del mundo. El Sermón replantea así lo que ahora es lo “justo”, la justicia. Y se comienza en relación al hermano, llamando así a todos los hombres, no solo a los hermanos discípulos. Así toda vida humana debe ser protegida y cuidada, sin que ningún cristiano se permita siquiera la más mínima erosión, especialmente las que se hacen con el insulto, la difamación, que tienen mucha más importancia que la que le asignamos normalmente. Especialmente interesa hoy cuando la calumnia se usa tranquilamente como herramienta para obtener fines e intereses supuestamente buenos. Igualmente que los hermanos, sus relaciones íntimas y profundas, tienen que ser respetadas, cuidadas. Tenemos que luchar por “cortar” en nosotros todas esas actitudes de egoísmo y codicia que se ensañan con la realidad y los hermanos. Las personas somos siempre fines, nunca medios para el placer, la seguridad o la comodidad de los demás.

» Primera Lectura

Lectura del libro del Eclesiástico 15, 16-21

Si quieres, guardarás los mandatos del Señor,
porque es prudencia cumplir su voluntad;
ante ti están puestos fuego y agua:
echa mano a lo que quieras;
delante del hombre están muerte y vida:
le darán lo que él escoja.
Es inmensa la sabiduría del Señor,
es grande su poder y lo ve todo;
los ojos de Dios ven las acciones,
él conoce todas las obras del hombre;
no mandó pecar al hombre,
ni deja impunes a los mentirosos.

» Segunda Lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios  2, 6-10

Hermanos:
Hablamos, entre los perfectos, una sabiduría que no es de este mun­do, ni de los príncipes de este mundo, que quedan desvanecidos, sino que enseñamos una sabiduría divina, misteriosa, escondida, predes­tinada por Dios antes de los siglos para nuestra gloria.
Ninguno de los príncipes de este mundo la ha conocido; pues, si la hubiesen conocido, nunca hubieran crucificado al Señor de la gloria.
Sino, como está escrito: «Ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el hom­bre puede pensar lo que Dios ha preparado para los que lo aman. »
Y Dios nos lo ha revelado por el Espíritu. El Espíritu lo sondea todo, incluso lo profundo de Dios.

» Evangelio

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 17-37

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
–«No creáis que he venido a abolir la Ley y los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud.
Os aseguro que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cum­plirse hasta la última letra o tilde de la Ley.
El que se salte uno sólo de los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos.
Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos.
Os lo aseguro: Si no sois mejores que los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.
Habéis oído que se dijo a los antiguos: "No matarás", y el que mate será procesado.
Pero yo os digo: Todo el que esté peleado con su hermano será pro­cesado. Y si uno llama a su hermano "imbécil", tendrá que compa­recer ante el Sanedrín, y si lo llama "renegado", merece la condena del fuego.
Por tanto, si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuer­das allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda.
Con el que te pone pleito, procura arreglarte en seguida, mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue al juez, y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último cuarto.
Habéis oído el mandamiento "no cometerás adulterio". Pues yo os digo: El que mira a una mujer casada deseándola, ya ha sido adúl­tero con ella en su interior.
Si tu ojo derecho te hace caer, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en el infierno.
Si tu mano derecha te hace caer, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero al infierno.
Está mandado: "El que se divorcie de su mujer, que le dé acta de repudio. "
Pues yo os digo: El que se divorcie de su mujer, excepto en caso de impureza, la induce al adulterio, y el que se case con la divorciada comete adulterio.
Habéis oído que se dijo a los antiguos: "No jurarás en falso" y "Cumplirás tus votos al Señor".
Pues yo os digo que no juréis en absoluto: ni por el cielo, que es el trono de Dios; ni por la tierra, que es estrado de sus pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del Gran Rey. Ni jures por tu cabeza, pues no puedes volver blanco o negro un solo pelo. A vosotros os basta decir "sí" o "no". Lo que pasa de ahí viene del Maligno.»

LECTURAS DEL DOMINGO


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