Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

"Al Señor, tu Dios, adora­rás y a él solo darás culto"
28-02-2020
"Al Señor, tu Dios, adora­rás y a él solo darás culto"

En la cuaresma, “estos días consagrados más especialmente a los misterios de la redención de la humanidad, estos días que preceden a la fiesta pascual” (S. León Magno) nos empeñamos en activar y profundizar nuestra vida de fe, nuestra experiencia personal y comunitaria del Espíritu a fin de reavivar todo lo reavivable en nosotros y nuestras comunidades. Este primer domingo se nos enfrenta cada año con la realidad de la tentación, del hecho de quien todo el que cree es tentado (y el que no cree también pero bastante tenemos con lo nuestro). El Evangelio nos invita a reflexionar y celebrar que Jesús, en tanto hombre como nosotros, también se enfrentó a esta tentación, desde el primer día hasta el último de su vida. La primera lectura revelaba la raíz de esta tentación, connatural al hombre en tanto que hombre: desde el mismo principio de la vida consciente cada ser humano se pronuncia con el corazón y con las obras eligiendo uno de los caminos posibles: o la vida y su compleja realidad, asumiendo el hecho fundamental de que vivimos interrelacionados y que tenemos que cuidar unos de otros si queremos ser nosotros y si queremos sobrevivir o el camino de la autodeterminación plena, es decir, el intento de deificación imposible de cada uno o de mi grupo (quien no se atreve solo). La primera lectura ya mostraba, con gran ironía, que este camino lleva a la soledad y la frustración y que no consigue más que conocer o reconocer que “estamos desnudos”, solos y sometidos a un mundo hostil y, lo peor, condenados a la extinción personal aunque en el caso de que consigamos enfrentar la hostilidad y sobrevivir.

El Evangelio subraya la falsedad de los argumentos del tentador y la tentación: es falsa la meta y es, por tanto, falso el camino. El verdadero hijo de Dios (y hermano de todos) escucha (y obedece) a Dios y a los demás, y no intenta aprovecharse o vivir de ellos. Tampoco piensa que los demás (Dios incluido) estén ahí para servirle a él y sus proyectos sino que él debe colaborar y construir y apoyar hasta lo que no quiera o comprenda siempre que sea bueno para todos o una gran mayoría. Por último, el verdadero hijo de Dios es libre precisamente porque no posee ni quiere poseer, pues poseer equivale a tener que aceptar un amo, el Maligno, y solo con el Señor es posible estar abierto a recibirlo y disfrutarlo todo, en gratuidad, en comunión, en plenitud.

» Primera Lectura

Lectura del libro del Génesis 2, 7-9; 3, 1-7

      El Señor Dios modeló al hombre de arcilla del suelo, sopló en su nariz un aliento de vida, y el hombre se convirtió en ser vivo.
      El Señor Dios plantó un jardín en Edén, hacia oriente, y colocó en él al hombre que había modelado.
      El Señor Dios hizo brotar del suelo toda clase de árboles hermosos de ver y buenos de comer; además, el árbol de la vida, en mitad del jardín, y el árbol del conocimiento del bien y el mal.
      La serpiente era el más astuto de los animales del campo que el Se­ñor Dios había hecho. Y dijo a la mujer:
      –«¿Cómo es que os ha dicho Dios que no comáis de ningún árbol del jardín?»
      La mujer respondió a la serpiente:
      –«Podemos comer los frutos de los árboles del jardín; solamente del fruto del árbol que está en mitad del jardín nos ha dicho Dios: "No comáis de él ni lo toquéis, bajo pena de muerte."»
      La serpiente replicó a la mujer:
      –«No moriréis. Bien sabe Dios que cuando comáis de él se os abri­rán los ojos y seréis como Dios en el conocimiento del bien y el mal. »
      La mujer vio que el árbol era apetitoso, atrayente y deseable, por­que daba inteligencia; tomó del fruto, comió y ofreció a su marido, el cual comió.
      Entonces se les abrieron los ojos a los dos y se dieron cuenta de que estaban desnudos; entrelazaron hojas de higuera y se las ciñeron.

» Segunda Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 5, 12-19

      Hermanos:
      Lo mismo que por un hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y así la muerte pasó a todos los hombres, por­que todos pecaron.
      Porque, aunque antes de la Ley había pecado en el mundo, el pe­cado no se imputaba porque no había Ley. A pesar de eso, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés, incluso sobre los que no habían pe­cado con una transgresión como la de Adán, que era figura del que había de venir.
      Sin embargo, no hay proporción entre el delito y el don: si por la transgresión de uno murieron todos, mucho más, la gracia otorgada por Dios, el don de la gracia que correspondía a un solo hombre, Je­sucristo, sobró para la multitud.
      Y tampoco hay proporción entre la gracia que Dios concede y las consecuencias del pecado de uno: el proceso, a partir de un solo delito, acabó en sentencia condenatoria, mientras la gracia, a partir de una multitud de delitos, acaba en sentencia absolutoria.
      Por el delito de un solo hombre comenzó el reinado de la muerte, por culpa de uno solo. Cuanto más ahora, por un solo hombre, Jesucristo, vivirán y reinarán todos los que han recibido un derroche de gracia y el don de la justificación.
      En resumen: si el delito de uno trajo la condena a todos, también la justicia de uno traerá la justificación y la vida.
      Si por la desobediencia de uno todos se convirtieron en pecadores, así por la obediencia de uno todos se convertirán en justos.

» Evangelio

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 4, 1 -11

      En aquel tiempo, Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió hambre.
      El tentador se le acercó y le dijo:
      –«Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes. »
      Pero él le contestó, diciendo:
      –«Está escrito: "No sólo de pan vive el hombre, sino de toda pa­labra que sale de la boca de Dios."»
      Entonces el diablo lo lleva a la ciudad santa, lo pone en el alero del templo y le dice:
      –«Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: «Encar­gara a los ángeles que cuiden de ti, y te sostendrán en sus manos, pa­ra que tu pie no tropiece con las piedras. " »
      Jesús le dijo:
      –«También está escrito: "No tentarás al Señor, tu Dios."»
      Después el diablo lo lleva a una montaña altísima y, mostrándole los reinos del mundo y su gloria, le dijo:
      –«Todo esto te daré, si te postras y me adoras.»
      Entonces le dijo Jesús:
      –«Vete, Satanás, porque está escrito: "Al Señor, tu Dios, adora­rás y a él solo darás culto."»
      Entonces lo dejó el diablo, y se acercaron los ángeles y le servían.

LECTURAS DEL DOMINGO


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