Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

«No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resu­cite de entre los muertos»
06-03-2020
«No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resu­cite de entre los muertos»

Hoy revivimos y recordamos de modo especial que la vida cristiana es camino emprendido en respuesta a una llamada (primera lectura) que se dirige a nuestro verdadero hogar y auténtica patria: la plena comunión con Dios en Cristo, la Pascua de cada uno, cumplimiento de que recordamos y celebramos todos. Celebramos y recordamos que mientras vivimos no estamos solos, que siempre tenemos a Alguien que nos acompaña, escucha y cuida de lo más importante, que es quien somos. Vivir es también creer, ponerse en camino hacia una meta no obvia ni demostrable, pero que sí hemos experimentado en cantidad y calidad suficiente como para poder decidirnos y también poder mantenernos en él a pesar de las dificultades. Con este propósito, Jesús invitó a sus discípulos de cabecera, los más cercanos o lo más críticos (Evangelio) a una experiencia especial, a un encuentro desvelador. El relato de Mateo de este año es claro y conciso, va a lo que va: en aquel momento y aquel lugar, “se transfiguró” delante de ellos: su rostro resplandecía como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como luz.

Esto es, el hombre Jesús dejó ver a los suyos la luz, signo equívoco de la presencia y cercanía de Dios, de su interior, de su auténtica realidad. Normalmente, nuestra realidad refleja la luz, necesita la luz para hacer sentir su presencia y ahora esta misma luz surge del interior de este hombre y se muestra en su ser físico de hombre. Se afirma así con mucha claridad a la vez que con mucho respeto la esencial conexión de Jesús con Dios, un dato que solo quedará manifiesto ante el mundo (de los creyentes) en la resurrección, en la Pascua, en la meta de este camino que hacemos con Él. El relato está lleno de alusiones a este momento: la presencia de Moisés y Elías, personajes de los que la Escritura afirma que viven con Dios; y, sobre todo, la teofanía que manifiesta claramente a todos los presentes cuál es esta especialísima relación entre Dios y Jesús: es el Hijo, amado, predilecto, y por eso regalado como hombre a los hombres y solo pide, en consecuencia, que lo escuchemos. Solo escuchándole, llevando a la vida su palabra, podemos hacer experiencia de esta luz que vive y se nos da en Él, solo así podemos asumir este camino de fe que es oscuro, que es noche, pero que, al mismo tiempo, es encuentro con la luz, con la verdad, con el amor que se nos entregan en Jesucristo.

» Primera Lectura

Lectura del libro del Génesis 12, 1-4a

      En aquellos días, el Señor dijo a Abrán:
      –«Sal de tu tierra y de la casa de tu padre, hacia la tierra que te mostraré.
      Haré de ti un gran pueblo, te bendeciré, haré famoso tu nombre, y será una bendición.
      Bendeciré a los que te bendigan, maldeciré a los que te maldigan. Con tu nombre se bendecirán todas las familias del mundo.»
      Abrán marchó, como le había dicho el Señor.

» Segunda Lectura

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo 1,8b-10

      Querido hermano:
      Toma parte en los duros trabajos del Evangelio, según la fuerza de Dios.
      Él nos salvó y nos llamó a una vida santa, no por nuestros méritos, sino porque, desde tiempo inmemorial, Dios dispuso darnos su gra­cia, por medio de Jesucristo; y ahora, esa gracia se ha manifestado al aparecer nuestro Salvador Jesucristo, que destruyó la muerte y sa­co a la luz la vida inmortal, por medio del Evangelio.

» Evangelio

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 17, 1–9

      En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y se los llevó aparte a una montaña alta.
      Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz.
      Y se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él.
      Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús:
      –«Señor, ¡qué bien se está aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.»
      Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra, y una voz desde la nube decía:
      –«Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo.»
      Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto.
      Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo:
      –«Levantaos, no temáis.»
      Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo.
      Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó:
      –«No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resu­cite de entre los muertos.»

LECTURAS DEL DOMINGO


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