Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

"No está aquí. Ha resucitado"
10-04-2020
"No está aquí. Ha resucitado"

Este es, sin duda, el más extraño domingo de Pascua que podíamos imaginar. Podría parecer que no ha amanecido, que seguimos todavía en la “noche” que nos anunciaba el evangelista el martes santo (cfr. Jn 13,30). Pero aunque todavía estemos en un túnel –del que saldremos, de eso no hay duda–, hoy es un día de alegría para celebrar la esperanza. Porque es verdad que estamos en la “noche”, pero es que toda la vida del hombre en este mundo es noche, incertidumbre, duda y toda esta situación no ha hecho sino recordarnoslo. Y es también verdad que esta noche, precisamente, es el espacio y la ocasión en que Dios tambíen actúa y lo hace a sus anchas. Y hoy, esta mañana, es la prueba más evidente. La noche conduce a la luz, la incertidumbre al amor, la muerte a la vida. Aunque no lo veamos ni lo sepamos, es de día y nos podemos cercionar acompañando al sepulcro al grupo de mujeres fieles que supieron mantenerse cerca de Jesús, a pesar de todos los pesares. Ellas (Evangelio) acuden al sepulcro doloridas, para llorar y recordar al amigo tristemente desaparecido. Pero encuentran una realidad muy distinta y que es una pequeña y "personalizada" experiencia del fin del mundo: tiembla la tierra, aparece un ángel, se desplaza la piedra del sepulcro y el "aparecido" se sienta encima. Este ángel es todo luz y vida y se deshace de los centinelas sin ningún esfuerzo porque no son los testigos que ahora se necesitan. Los verdaderos testigos de lo que ha pasado, de lo que sigue pasando, serán ellas, las fieles.

En primer lugar, el mensajero, siguiendo el guión de las manifestaciones divinas –asistimos al inicio de una nueva clase, la “cristofanía”– les dicen que nno tengan miedo y, en seguida, que Aquél a quien buscan, Jesús el Crucificado ya no está allí. Y algo literalmente increíble: ¡porque ha resucitado! Tal y como había prometido. No les ofrece pruebas, pero sí un signo evidente por sí mismo: ellas mismas pueden ver el sitio donde descansaba y comprobar que ya no está su cuerpo, que Jesús ha reemprendido el camino y va, como siempre, por delante de ellos a Galilea, al lugar donde comenzó y continuó todo. Y aún les anuncia que allí lo verán. Se trata de un mensaje para los discípulos, ahora asustados, desmoralizados, dispersos y quizá hasta cabreados. Estas mujeres fieles, buenas, no necesitan más. Aprietan a correr con todo su dolor convertido en alegría y esperanza, impresionadas pero teniendo que actuar, que transmitir y contar la buenísima noticia. Y es entonces cuando les sucede lo mejor: se topan con el mismísimo Jesús que las llama también a alegrarse, a no tener miedo, a ser valientes en comunicar esta buena noticia, quizá la única o entre las pocas que recibiremos estos días. Jesús vive y es bien cierto que esto no soluciona la crisis ni hace desaparecer la noche, pero sí la ilumina. Al final, en medio de ella, está la luz, está la vida, está Dios mismo que en Cristo nos da la mano, nos invita a no temer, a confiar en Él, en nosotros, en la fraternidad que el construye y sostiene con todos nosotros para aguantar, superar esto y todo lo que venga después.

» Primera Lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 10, 34a. 37-43

En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo:
–«Conocéis lo que sucedió en el país de los judíos, cuando Juan predicaba el bautismo, aunque la cosa empezó en Galilea. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.
Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en Judea y en Jerusa­lén. Lo mataron colgándolo de un madero. Pero Dios lo resucitó al tercer día y nos lo hizo ver, no a todo el pueblo, sino a los testigos que él había designado: a nosotros, que hemos comido y bebido con él después de su resurrección.
Nos encargó predicar al pueblo, dando solemne testimonio de que Dios lo ha nombrado juez de vivos y muertos. El testimonio de los profetas es unánime: que los que creen en él reciben, por su nombre, el perdón de los pecados.»

» Segunda Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 3, 1-4

Hermanos.
Ya que habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arri­ba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra.
Porque habéis muerto, y vuestra vida está con Cristo escondida en Dios. Cuando aparezca Cristo, vida nuestra, entonces también voso­tros apareceréis, juntamente con él, en gloria.

» Evangelio

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 28, 1-10
En la madrugada del sábado, al alborear el primer día de la sema­na, fueron María Magdalena y la otra María a ver el sepulcro. Y de pronto tembló fuertemente la tierra, pues un ángel del Señor, bajan­do del cielo y acercándose, corrió la piedra y se sentó encima. Su as­pecto era de relámpago y su vestido blanco como la nieve; los centi­nelas temblaron de miedo y quedaron como muertos. El ángel habló a las mujeres:
–«Vosotras, no temáis; ya sé que buscáis a Jesús, el crucificado.
No está aquí. Ha resucitado, como había dicho. Venid a ver el si­tio donde yacía e id aprisa a decir a sus discípulos: "Ha resucitado de entre los muertos y va por delante de vosotros a Galilea. Allí lo veréis." Mirad, os lo he anunciado.»
Ellas se marcharon a toda prisa del sepulcro; impresionadas y lle­nas de alegría, corrieron a anunciarlo a los discípulos.
De pronto, Jesús les salió al encuentro y les dijo:
–«Alegraos.»
Ellas se acercaron, se postraron ante él y le abrazaron los pies.
Jesús les dijo: –«No tengáis miedo: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán.»

LECTURAS DEL DOMINGO


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