Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

"Creedrne: yo estoy en el Padre, y el Padre en mí"
08-05-2020
"Creedrne: yo estoy en el Padre, y el Padre en mí"

El tiempo de Pascua nos hace recordar y revivir cómo Cristo el Señor sigue presente en el mundo y, muy especialmente, cómo nosotros, los creyentes, su Iglesia, experimentamos su cercanía, su apoyo y su empuje para que salgamos de nosotros mismos y demos testimonio de Él, de lo que ha sucedido en nuestras vidas. En este tiempo también, la Palabra nos hace recordar la realidad humana y la importancia real de esta Iglesia, de la que, como de tantas realidades de la vida, nos aprovechamos, intentamos aportar lo menos posible, y no perdemos ocasión de criticar, de sacar a la luz todas sus negatividades. Pero, en verdad, sin la Iglesia y todas sus luces y sombras, no estaríamos aquí y no tendríamos nada. Es en este cuerpo humano y débil de Cristo y que es, al mismo tiempo, testigo de su acción y de su presencia, en el que tendremos siempre un lugar, porque también somos débiles e imperfectos y, a la vez, una ocasión verdadera de redención, vida, salvación. Así, narraba la primera lectura cómo la primera iglesia se va estructurando, mejor o peor, siempre con el acierto y los defectos de quienes dirigen y orientan, guiados por el Espíritu Santo. Es cierto que lo importante es la oración y el servicio de la Palabra porque sin profundizar en la relación interpersonal con Cristo y dar un testimonio cualificado de su presencia, el resto no vale para nada y a la estructura le faltaría el corazón. Pero el corazón también es servido por la estructura, que hunde sus raíces en la realidad interna y la manifiesta, de hecho, como se ve muy bien en la lectura: el servicio es tan esencial como la oración y la predicación pero requiere, quizá, una buena organización y la iglesia ha sabido casi siempre cómo reflejar en sus necesarias estructuras el amor y la salvación de Cristo que le habitan.

En el Evangelio, contemplamos directamente este corazón de la iglesia y a Quien lo alienta: Jesús mismo, que nos recuerda que creer ahora en Dios es creer en Él ya que no queda otro camino, otra verdad u otra vida más que a través de la comunión con su persona humana. Ver, estar y seguir a Jesús es contemplar, permanecer y caminar hacia Dios o desde Dios o con Dios, como cada uno lo quiera entender. Y también llegar a hacer sus obras, esto es, a actuar de modo real y operativo en la vida de las personas y sobre este mundo como solo Dios sabe y puede hacerlo. Llegar a esta comunión, que permita al Señor actuar plenamente es nuestra última y máxima esperanza.

» Primera Lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 6, 1-7

En aquellos días, al crecer el número de los discípulos, los de len­gua griega se quejaron contra los de lengua hebrea, diciendo que en el suministro diario no atendían a sus viudas. Los Doce convocaron al grupo de los discípulos y les dijeron:
–«No nos parece bien descuidar la palabra de Dios para ocupar­nos de la administración. Por tanto, hermanos, escoged a siete de vo­sotros, hombres de buena fama, llenos de espíritu y de sabiduría, y los encargaremos de esta tarea: nosotros nos dedicaremos a la ora­ción y al ministerio de la palabra.»
La propuesta les pareció bien a todos y eligieron a Esteban, hom­bre lleno de fe y de Espíritu Santo, a Felipe, Prócoro, Nicanor, Ti­món, Parmenas y Nicolás, prosélito de Antioquía. Se los presenta­ron a los apóstoles y ellos les impusieron las manos orando.
La palabra de Dios iba cundiendo, y en Jerusalén crecía mucho el número de discípulos; incluso muchos sacerdotes aceptaban la fe.

» Segunda Lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro 2, 4-9

Queridos hermanos:
Acercándoos al Señor, la piedra viva desechada por los hombres, o­pero escogida y preciosa ante Dios, también vosotros, como piedras y vivas, entráis en la construcción del templo del Espíritu, formando a­un sacerdocio sagrado, para ofrecer sacrificios espirituales que Dios acepta por Jesucristo.
Dice la Escritura:
–«Yo coloco en Sión una piedra angular,
escogida y preciosa;
el que crea en ella no quedará defraudado.»
Para vosotros, los creyentes, es de gran precio, pero para los incré­dulos es la «piedra que desecharon los constructores: ésta se ha con­vertido en piedra angular», en piedra de tropezar y en roca de estre­llarse. Y ellos tropiezan al no creer en la palabra: ése es su destino.
Vosotros sois una raza elegida, un sacerdocio real, una nación con­sagrada, un pueblo adquirido por Dios para proclamar las hazañas del que os llamó a salir de la tiniebla y a entrar en su luz maravillosa.

» Evangelio

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 14, 1-12

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
–«Que no tiemble vuestro corazón; creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas estancias; si no fuera así, ¿os habría dicho que voy a prepararos sitio? Cuando vaya y os prepare sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino.»
Tomás le dice:
–«Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?»
Jesús le responde:
–«Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí. Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto.»
Felipe le dice:
–«Señor, muéstranos al Padre y nos basta.»
Jesús le replica:
–«Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: "Muéstranos al Padre"? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace sus obras. Creedrne: yo estoy en el Padre, y el Padre en mí. Si no, creed a las obras. Os lo aseguro: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aún mayores. Porque yo me voy al Padre.»

LECTURAS DEL DOMINGO


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