Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

"Enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado"
22-05-2020
"Enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado"

Cuarenta días ya desde la resurrección, aprovechados por Jesús para dar a sus discípulos “numerosas pruebas de que estaba vivo” y para hablarles, durante esos cuarenta días, “del reino de Dios”. Se ha tratado de una preparación inmediata a lo inevitable, a lo que tenía que suceder, “hasta que lo vieron levantarse”, volver al cielo, al Padre, desde donde había bajado en nuestra carne para estar con nosotros y manifestar que el reinado de Dios había comenzado. Este gesto suyo, como los demás, certifican su comunión única con el Padre, que los dos son Uno, y que su “reunión” provocará que el tercero en comunión, el Espíritu descienda desde ese mismo cielo, venga desde el corazón de ese inmenso Padre sobre todos y cada uno de nosotros. Jesús vino del cielo y allí vuelve y así lo tenemos que entender: Jesús vino desde el Dios verdadero, desde su esfera, desde su realidad más íntima y estrecha y allí es donde vuelve. Si es verdad que Él ha compartido mucho, muchísimo, con los discípulos, que ha derrochado, paciencia, confianza, amor, para enseñarles y mostrarles la verdad sobre Dios y sobre ellos mismos, y hasta el último momento cuando todavía tiene que deshacer malentendidos y “desengañar” de falsas esperanzas de restauración del antiguo reino y poder de Israel. Si esto es bien cierto, también lo es que marcha al Padre llevándose de lo nuestro. En primer lugar, nuestra carne, nuestra experiencia, que ya forma parte de Dios desde entonces y para siempre. Nuestra realidad está presente en el Padre a través del Hijo y por eso podrá venir a cada uno el Espíritu. Nuestra carne y vida entera es ahora signo de la presencia de ese reino, no sus cimientos pero sí sus muros, su visibilidad al alcance de cualquiera. Una visibilidad que es capaz de señalar donde y cómo actúa Dios.

Y por si no fuera claro, por si no se “sintiera” desde dentro, Jesús mismo lo declara  en el Evangelio: desde Galilea, donde todo empezó, todo recomienza. Los discípulos todos, los que adoran y los que vacilan o dudan, reciben muy claro el mensaje y el encargo. Jesús, sobre la base de que “ha recibido pleno poder en el cielo y en la tierra”, esto es, el poder mismo de Dios, para salvar, para dar vida y sanarla, un poder que no es dominio sino literalmente que Jesús “puede” y obra, actúa, salva. Y lo comparte con todos esos discípulos y con todos nosotros para que lo ejerzan al comunicarlo. Así “pueden” y deben hacer discípulos de todos, sin ningún límite ni discriminación, mediante la acción y compromiso personal de cada uno con Dios que es Padre, Hijo, Espíritu. Este don y compromiso se corresponde con la “guarda” de todo lo mandado y, sobre todo, con la alegría y experiencia ordinaria de la presencia de Dios, que está y estará con nosotros “todos los días hasta el fin del mundo”.

» Primera Lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 1, 1 - 11

En mi primer libro, querido Teófilo, escribí de todo lo que Jesús fue haciendo y enseñando hasta el día en que dio instrucciones a los apóstoles, que había escogido, movido por el Espíritu Santo, y as­cendió al cielo. Se les presentó después de su pasión, dándoles nume­rosas pruebas de que estaba vivo, y, apareciéndoseles durante cua­renta días, les habló del reino de Dios.
Una vez que comían juntos, les recomendó:
–«No os alejéis de Jerusalén; aguardad que se cumpla la promesa de mi Padre, de la que yo os he hablado. Juan bautizó con agua, dentro de pocos días vosotros seréis bautizados con Espíritu Santo.»
Ellos lo rodearon preguntándole:
–«Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el reino de Israel?»
Jesús contestó:
–«No os toca a vosotros conocer los tiempos y las fechas que el Padre ha establecido con su autoridad. Cuando el Espíritu Santo des­cienda sobre vosotros, recibiréis fuerza para ser mis testigos en Jeru­salén, en toda Judea, en Samaria y hasta los confines del mundo.»
Dicho esto, lo vieron levantarse, hasta que una nube se lo quitó de la vista. Mientras miraban fijos al cielo, viéndole irse, se les pre­sentaron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron:
–«Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? El mis­mo Jesús que os ha dejado para subir al cielo volverá como le habéis visto marcharse.»

» Segunda Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 1, 17-23

Hermanos:
Que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo. Ilumine los ojos de vuestro corazón, para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama, cuál la riqueza de gloria que da en herencia a los santos, y cuál la extraordinaria grandeza de su poder para nosotros, los que creemos, según la eficacia de su fuerza poderosa, que desplegó en Cristo, resucitándolo de entre los muertos y sentándolo a su derecha en el cielo, por encima de todo principado, potestad, fuerza y dominación, y por encima de todo nombre conocido, no sólo en este mundo, sino en el futuro.
Y todo lo puso bajo sus pies, y lo dio a la Iglesia como cabeza sobre todo. Ella es su cuerpo, plenitud del que lo acaba todo en todos.

» Evangelio

+ Conclusión del santo evangelio según san Mateo 28, 16-20

En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado.
Al verlo, ellos se postraron, pero algunos vacilaban.
Acercándose a ellos, Jesús les dijo:
–«Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra.
Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado.
Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.»

LECTURAS DEL DOMINGO


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