Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

"Exhaló su aliento sobre ellos: Recibid el Espíritu Santo"
29-05-2020
"Exhaló su aliento sobre ellos: Recibid el Espíritu Santo"

Mientras salimos o pensamos que salimos de esta calamidad o tribulación, como cada uno lo considere, hemos llegado a la culminación de la Pascua, la gran Fiesta de Pentecostés. Se nos recuerda y revivimos la meta de todo lo anterior: para esto vino Cristo, para esto murió y resucitó, para podernos hacer el mayor don de todos, el Espíritu Santo. Esto que son palabras que oímos y repetimos es, en realidad, la más verdadera y gozosa experiencia de la fe: el Espíritu es la cotidianeidad de la fe, su consubstancialidad con nuestra vida ordinaria, la presencia verdadera de Dios lo más cerca posible de cada uno de nosotros, es decir, todo lo cerca que le dejamos estar. El Pentecostés original (primera lectura) nos revela esta dinámica y relación: el Espíritu es un don personal que llega sobre todos y cada uno y consiste en una experiencia radical del verdadero ser de Dios tal y como se ha manifestado en Jesucristo. El Espíritu nos “recuerda” las palabras y  gestos de Jesús y recibirlo es como experimentar la resurrección. Todo ello, por supuesto, impulsa y empuja a la misión, esto es, a contarlo, a dar testimonio, a contagiar esta experiencia y esta realidad que lo ha cambiado todo aunque tan al estilo de Dios que no se percibe si no se acepta y asume en toda su extensión, esto es, si no se “guardan los mandamientos” de Jesús. Porque este don y regalo se puede y debe compartir por todos, empezando por las palabras, que todos pueden entender, pero para llegar, por ellas, a la realidad de entrar en la familia de los creyentes, el nuevo pueblo de Dios.

Pero lo decisivo es lo que nos decía el Evangelio: el Espíritu nos relaciona personal y comunitariamente con Jesús porque es “otro” Jesús, el Jesús que vive en medio del grupo de hombres y mujeres que son la Iglesia, su comunidad, su cuerpo. Él los sostiene con su vida, perdón, fuerza y ellos dan testimonio con sus vidas, cuerpos y palabras, de quien está con ellos. En la asamblea eucarística que se repite cada primer día de la semana, especialmente, Jesús nos recuerda y nos hace revivir este don fundamental. De su persona presente entre nosotros, emana el Espíritu, hace posible que seamos efectivamente hijos de Dios, y esta filiación no se vive como una especie de paz mental sino como la lucha contra el pecado, el egoísmo y la muerte, en nosotros, en los demás y en esta sociedad que hoy más que nunca necesita y va a necesitar de la acción de Dios.

» Primera Lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 2, 1-11

Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar. De repente, un ruido del cielo, como de un viento recio, resonó en toda la casa donde se encontraban. Vieron aparecer unas len­guas, como llamaradas, que se repartían, posándose encima de cada uno. Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en lenguas extranjeras, cada uno en la lengua que el Espíritu le sugería.
Se encontraban entonces en Jerusalén judíos devotos de todas las naciones de la tierra. Al oír el ruido, acudieron en masa y quedaron desconcertados, porque cada uno los oía hablar en su propio idioma.
Enormemente sorprendidos, preguntaban:
–«¿No son galileos todos esos que están hablando? Entonces, ¿có­mo es que cada uno los oímos hablar en nuestra lengua nativa?
Entre nosotros hay partos, medos y elamitas, otros vivimos en Me­sopotamia, Judea, Capadocia, en el Ponto y en Asia, en Frigia o en Panfilia, en Egipto o en la zona de Libia que limita con Cirene; algunos somos forasteros de Roma, otros judíos o prosélitos; también hay cretenses y árabes; y cada uno los oímos hablar de las maravillas de Dios en nuestra propia lengua.»

» Segunda Lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios  12,3b-7. 12-13

Hermanos:
Nadie puede decir: «Jesús es Señor», si no es bajo la acción del Espíritu Santo.
Hay diversidad de dones, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor; y hay diversidad de funciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos. En cada uno se mani­fiesta el Espíritu para el bien común.
Porque, lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo.
Todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bau­tizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu.

» Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Juan 20, 19-23

Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:
–«Paz a vosotros.»
Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípu­los se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:
–«Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. »
Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo:
–«Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos. »

LECTURAS DEL DOMINGO


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