Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

"Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él"
05-06-2020
"Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él"

Celebramos hoy la Fiesta de la Santísima Trinidad, que nos recuerda el conocimiento vital y la consciencia acerca del verdadero rostro y ser de Dios. Y esto porque Él lo ha querido mostrar, por su gracia, porque ha querido, porque sabe perfectamente que se trata que esta sabiduría es un gran bien y un gran regalo para nosotros. Así lo relataba la primera lectura: la salvación, la alianza no es la acción benévola de un Ser supremo hacia sus siervos o criaturas sino el comienzo de una relación de mutuo conocimiento y de amistad que va revelando, poco a poco, al ritmo que las personas podemos vislumbrarlo e irlo asumiendo, en la vida y con la razón, con nuestra comprensión y entendimiento hasta caer en la cuenta del papel que desempeña en nuestra vida así como del lugar que nosotros, también, tenemos en su plan y, más todavía, junto a él, en su propio ser. En realidad, poco a poco, paso a paso, se irá sabiendo que la verdadera salvación es la certeza de la cercanía, protección y amistad de este Ser misterioso que es eso ante todo, Ser, origen y sustentación de todo cuanto existe, incluidos nosotros. Es lo que revelaba el Evangelio: Jesús mismo, con su palabra clara y directa, y con sus gestos y obras mostró lo que decía el texto: que Dios es Aquél que nos creó y que siempre nos ha amado y que este amor es tan intenso que nos envío a su propio y único Hijo, con el fin de poder darnos lo mismo que él es y tiene: la vida eterna, la alegría esencial que no hemos nacido a la luz para apagarnos simplemente un día como si no hubiésemos existido. Lo que somos cada uno, lo nuestro, tuvo y tiene siempre un valor que se muestra porque no estamos aquí a causa de una extremada y extrañísima red de casualidades casi imposibles sino de la voluntad amorosa de Quien Es que, además, no nos deja y nos sostendrá siempre.

El Evangelio no es juicio ni medición ni propuesta de valores sino la revelación de la realidad concreta de la amistad de un Dios que es fraternidad, familia y, por tanto, nos llama a nosotros a participar de esa comunidad. Por todo eso también, celebramos hoy el día de las contemplativas y los contemplativos: monjes y monjas consagrados con la ocupación principalísima de estar siempre con Él, de conocer y profundizar esta amistad con la entrega completa de la vida. Como escribió la gran carmelita Edith Stein, se trata de “estar en presencia de Dios por todos”. Profundizar esta amistad, esta relación con Dios, no es una especie de aventura o reto personal sino un gran servicio. En estos tiempos cuando todos hemos hecho, más o menos a la fuerza, una experiencia de vida encerrada y contemplativa, y no sabemos si hemos aprovechado bien el tiempo y la ocasión, podemos valorar con todo a estos monjes y monjas y su vida sencilla, oculta, pero totalmente dedicada a lo esencial, a lo único importante, en realidad.

» Primera Lectura

Lectura del libro del Éxodo 34, 4b-6. 8-9

En aquellos días, Moisés subió de madrugada al monte Sinaí, co­mo le había mandado el Señor, llevando en la mano las dos tablas de piedra.
El Señor bajó en la nube y se quedó con él allí, y Moisés pronunció el nombre del Señor.
El Señor pasó ante él, proclamando:
–«Señor, Señor, Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia y lealtad.»
Moisés, al momento, se inclinó y se echó por tierra.
Y le dijo:
–«Si he obtenido tu favor, que mi Señor vaya con nosotros, aun­que ése es un pueblo de cerviz dura; perdona nuestras culpas y peca­dos y tómanos como heredad tuya.»

» Segunda Lectura

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios       13, 11-13

Hermanos:
Alegraos, enmendaos, animaos; tened un mismo sentir y vivid en paz. Y el Dios del amor y de la paz estará con vosotros.
Saludaos mutuamente con el beso ritual.
Os saludan todos los santos.
La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo esté siempre con todos vosotros.

» Evangelio

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 3, 16-18
Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna.
Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.
El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.

LECTURAS DEL DOMINGO


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