Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

«¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?»
12-06-2020
«¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?»

La Fiesta del Cuerpo y Sangre del Señor Jesucristo es una de las entrañables y características de nuestra iglesia que, gracias a la encarnación y en consecuencia a la Eucaristía, es universal, católica y sigue aun hoy abierta a todo hombre y toda mujer. Porque Dios, en Jesús, ha asumido nuestra corporalidad y no con resignación o como una especie de castigo aunque viese lógicamente “limitadas” sus posibilidades no porque, siendo Dios, fuese una especie de substancia espiritual e incorpórea, sino porque al asumir el cuerpo asumió también la temporalidad y todo lo humano. Como decimos por aquí abajo, ‘quien algo quiere, algo le cuesta’. Y Dios, en Cristo, algo quería: acercarse a cada uno de nosotros y llevarnos, también a cada uno, a compartir la vida de Dios. Y así le costó algo, mucho, su propia vida y entrega, el tener que darse a entender con palabras claras pero  también con símbolos, signos y parábolas que condujesen a quien estuviese dispuesto a dejarse conducir, a donde querían llevarle. Todos tenemos cuerpo o, mejor, somos nuestro cuerpo, y todo lo nuestro y lo que nos implica empieza y termina en la corporalidad. Por eso, aunque caminemos en la fe, necesitamos alimentarnos, comer pan y beber agua (primera lectura) o vino, si pudiera ser. Lo espiritual impulsa, decide, sostiene pero no en solitario: se necesita siempre sustentar el cuerpo que también somos y más todavía: el encuentro con Dios tiene que ser también corporal, entre nuestra carne y la suya. No puede ser solamente un encuentro de mentes o de ideas porque se nos pide un seguimiento radical y completo, no un cambio de ideas o una reorganización de prioridades.

Por eso decía el Evangelio que “si no coméis la carne del Hijo del Hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” porque “mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida”. El Cuerpo y la Sangre de Cristo hace realidad este encuentro salvador aunque mantiene todo el misterio de Dios, de cada persona, de la comunidad. Significa máxima entrega, máximo encuentro (plena comunión, comida, inserción de una vida en la otra) pero también máximo respeto a Quien se entrega y a quien acoge. Con fe, con asentimiento compartimos la mesa del Reino de Dios donde nos regalan con todos los bienes de la salvación logrados por la entrega de Cristo y se nos adelanta el regalo último de la comunión total, la salvación de, la vida eterna.

» Primera Lectura

Lectura del libro del Deuteronomio 8, 2-3. 14b-16a

Moisés habló al pueblo, diciendo:
–«Recuerda el camino que el Señor, tu Dios, te ha hecho recorrer estos cuarenta años por el desierto; para afligirte, para ponerte a prue­ba y conocer tus intenciones: si guardas sus preceptos o no.
Él te afligió, haciéndote pasar hambre, y después te alimentó con el maná, que tú no conocías ni conocieron tus padres, para enseñarte que no sólo vive el hombre de pan, sino de todo cuanto sale de la boca de Dios.
No te olvides del Señor, tu Dios, que te sacó de Egipto, de la escla­vitud, que te hizo recorrer aquel desierto inmenso y terrible, con dra­gones y alacranes, un sequedal sin una gota de agua, que sacó agua para ti de una roca de pedernal; que te alimentó en el desierto con un maná que no conocían tus padres.»

» Segunda Lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios  10, 16-17

Hermanos:
El cáliz de la bendición que bendecimos, ¿no es comunión con la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión con el cuer­po de Cristo?
El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque comemos todos del mismo pan.

» Evangelio

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 6, 51-58

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos:
–«Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.»
Disputaban los judíos entre sí:
–«¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?»
Entonces Jesús les dijo:
–«Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.
Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.
El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mi y yo en él.
El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mis­mo modo, el que me come vivirá por mi.
Este es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros pa­dres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre. »

LECTURAS DEL DOMINGO


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