Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

"Lo que os digo de noche decidlo en pleno día"
19-06-2020
"Lo que os digo de noche decidlo en pleno día"

Volvemos al camino y al ritmo habitual, “ordinario” (así llamado al ciclo litúrgico que va desde la Pascua hasta el Adviento), lo que, después de todo lo que ha sucedido en estos meses “extraordinarios” casi es un como un descanso. De hecho, debido a las circunstancias, hemos pasado casi de puntillas por las principales fiestas de nuestra fe (Cuaresma y Pascua), aunque, supongo, se ha aprovechado para vivirlas desde dentro, en profundidad. Pero nuestra fe, por ser católica, tiende a salir de los límites privados y de la conciencia y abrirse a compartir la fiesta y la vivencia con los demás. Como celebrábamos el domingo anterior, todos somos cuerpo de Cristo y comulgar con Él nos empuja y llama a comulgar con los demás, a vivir juntos que Él está en medio nuestro y nos acompaña y sostiene en el camino. Vivir la fe es elegir un camino entre otros, valorar, decidirse y optar, sabiendo que otros toman otras opciones y que, incluso dentro de la misma iglesia o la misma comunidad. Obedecer la voluntad de Dios, seguir a Cristo es servir a la verdad, cueste lo que cueste y pase lo que pase. Así lo mostraba la primera lectura: el profeta Jeremías es despreciado y la Palabra de Dios con él por decir lo que nadie quiere oír. Le acusan de sembrador de bulos, de profeta de calamidades pero es el único que, en nombre de Dios, advierte lo que va a suceder. Y como no es escuchado, Israel tuvo que afrontar uno de los mayores desastres de su existencia.

En el Evangelio, Jesús instruye a su comunidad acerca de sus palabras, cómo entenderlas y difundirlas y las consecuencias que esto pueda tener. Él es el revelador de los misterios de Dios y ante Él todo queda al descubierto. El tiempo y las decisiones de los hombres acaban sacando a la luz todo aquello que se quiere esconder. Como estamos viendo y entendiendo tristemente, la ocultación de la verdad o su desvío según intereses es algo muy peligroso y que no solo afecta a la ética o la moral sino que hace perder vidas humanas. La enseñanza de Jesús nunca ha sido secreta y solo para unos pocos. El siempre habló en voz alta y para todo el que lo quisiera aceptar y entender y también para el que no quisiera. Dios no teme, al contrario, en Jesús ha mostrado que quiere que gritemos a todos sus secretos y misterios. Junto a su Palabra, la verdad, se hace presente su garantía y su protección: no hay que temer a quienes persiguen, maltratan e incluso asesinan porque el mismo Dios se encargará personalmente de reivindicar a quien afronte lo que sea dando la cara por él y por la Verdad, exactamente como hizo con su propio Hijo, Jesús.

 

» Primera Lectura

Lectura del libro de Jeremías 20, 10-13

Dijo Jeremías:
«Oía el cuchicheo de la gente:
"Pavor en torno;
delatadlo, vamos a delatarlo."
Mis amigos acechaban mi traspié:
"A ver si se deja seducir, y lo abatiremos,
lo cogeremos y nos vengaremos de él."
Pero el Señor está conmigo,
como fuerte soldado;
mis enemigos tropezarán y no podrán conmigo.
Se avergonzarán de su fracaso
con sonrojo eterno que no se olvidará.
Señor de los ejércitos, que examinas al justo
y sondeas lo íntimo del corazón,
que yo vea la venganza que tomas de ellos,
porque a ti encomendé mi causa.
Cantad al Señor, alabad al Señor,
que libró la vida del pobre de manos de los impíos.»

» Segunda Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 5, 12-15

Hermanos:
Lo mismo que por un hombre entró el pecado en el mundo, y por' el pecado la muerte, y así la muerte pasó a todos los hombres, por­que todos pecaron.
Porque, aunque antes de la Ley había pecado en el mundo, el pe­cado no se imputaba porque no había Ley. A pesar de eso, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés, incluso sobre los que no habían pe­cado con una transgresión como la de Adán, que era figura del que había de venir.
Sin embargo, no hay proporción entre el delito y el don: si por la transgresión de uno murieron todos, mucho más, la gracia otorgada por Dios, el don de la gracia que correspondía a un solo hombre, Je­sucristo, sobro para la multitud.

» Evangelio

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 10, 26-33

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles:
–«No tengáis miedo a los hombres, porque nada hay cubierto que no llegue a descubrirse; nada hay escondido que no llegue a saberse.
Lo que os digo de noche decidlo en pleno día, y lo que escuchéis al oído pregonadlo desde la azotea.
No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No, temed al que puede destruir con el fuego alma y cuerpo. ¿No se venden un par de gorriones por unos cuartos? Y, sin em­bargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis miedo; no hay comparación entre vosotros y los gorriones.
Si uno se pone de mi parte ante los hombres, yo también me pon­dré de su parte ante mi Padre del cielo. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre del cielo.»

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