Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

«Abriré mi boca diciendo parábolas, anunciaré lo secreto desde la fundación del mundo»
17-07-2020
«Abriré mi boca diciendo parábolas, anunciaré lo secreto desde la fundación del mundo»

Disfrutamos hoy una segunda y buena “ración” de parábolas, gran recurso del profeta y Maestro Jesús y de la tradición evangélica para exponer la nueva realidad (esta sí) del Reino de Dios que apareció en las palabras y obras del Maestro y se sostiene gracias a Él y a todos sus seguidores y discípulos. A través de su misión y ministerio ha manifestado de un modo práctico y real su “gobierno” y “gestión” del mundo (primera lectura). El es el creador y quien está “al cuidado de todo”. Su misma acción es “el principio de la justicia”, obra siempre con moderación y gran indulgencia, enseñando, humanizando a los hombres y no dando nunca nada ni a nadie por perdido sino luchando por provocar arrepentimiento y suscitar esperanza.

El modo de realizar todo este “programa” es esencial, porque raramente un fin justifica medios que no sean coherentes con él. Las parábolas testifican, recuerdan, obran este modo divino de cambiar la realidad. Ese poder e intervención de Dios es como una siembra de todo lo bueno pero que tiene que convivir con “otras siembras”, con toda la complejidad de medios bienes, medios males y males enteros que también van creciendo en la realidad, entre las personas. Ante esto, el Reino no aplica la hoz ni la cuchilla. Por más que tenga clara y esté cierto de su verdad, ese no es el modo de actuar pues hasta el final no se conoce auténticamente lo que hay dentro (y a menudo fuera) de cada cual. Aunque estemos ciertos hasta de la “identidad” del enemigo, la respuesta no es nunca el exterminio simbólico o real de la “no verdad”. Hasta el final es preciso convivir con el mal, a menudo dejarse golpear y maltratar y hasta confundir por él, aunque también es necesario encararlo, desenmascararlo, razonar con él, si “se deja” pero nada más. Junto a ello o, quizá, gracias a ello, sorprende también la fuerza que se esconde en esta acción “secreta” divina, que no se corresponde para nada con su apariencia externa. Es el signo y la certeza más evidente de que se cuenta con el favor de Dios: cuando se persevera, se permanece fiel en la esperanza de la realidad del Reino entre nosotros, a pesar de todos los pesares y apariencias, y quizá no se “venza” (como decíamos arriba) pero tampoco somos derrotados. Después, el Evangelio volvía a “explicar” la parábola, afirmando ahora que se trata de sacar a la luz lo “secreto”. Sigue siendo nuestra tarea: hablar de todo esto con voz alta, clara, comprensible, razonada y, mejor todavía, con las obras y la vida.

 

» Primera Lectura

Lectura del libro de la Sabiduría 12, 13. 16-19

Fuera de ti, no hay otro dios al cuidado de todo,
ante quien tengas que justificar tu sentencia.
Tu poder es el principio de la justicia,
y tu soberanía universal te hace perdonar a todos.
Tú demuestras tu fuerza a los que dudan de tu poder total,
y reprimes la audacia de los que no lo conocen.
Tú, poderoso soberano, juzgas con moderación
y nos gobiernas con gran indulgencia,
porque puedes hacer cuanto quieres.
Obrando así, enseñaste a tu pueblo
que el justo debe ser humano,
y diste a tus hijos la dulce esperanza
de que, en el pecado, das lugar al arrepentimiento.

» Segunda Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 26-27

Hermanos:
El Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad, porque nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene, pero el Espíritu mismo inter­cede por nosotros con gemidos inefables.
Y el que escudriña los corazones sabe cuál es el deseo del Espíritu, y que su intercesión por los santos es según Dios.

» Evangelio

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 13, 24-43

En aquel tiempo, Jesús propuso otra parábola a la gente:
–«El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero, mientras la gente dormía, su enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó. Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció también la cizaña. Enton­ces fueron los criados a decirle al amo:
"Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sa­le la cizaña?"
Él les dijo:
"Un enemigo lo ha hecho."
Los criados le preguntaron:
"¿Quieres que vayamos a arrancarla?"
Pero él les respondió:
"No, que, al arrancar la cizaña, podríais arrancar también el tri­go. Dejadlos crecer juntos hasta la siega y, cuando llegue la siega, diré a los segadores:
'Arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo almacenadlo en mi granero.'"»
Les propuso esta otra parábola:
–«El reino de los cielos se parece a un grano de mostaza que uno siembra en su huerta; aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es mas alta que las hortalizas; se hace un arbusto más alto que las hortalizas, y vienen los pájaros a anidar en sus ramas.»
Les dijo otra parábola:
–«El reino de los cielos se parece a la levadura; una mujer la ama­sa con tres medidas de harina, y basta para que todo fermente.»
Jesús expuso todo esto a la gente en parábolas y sin parábolas no les exponía nada.
Así se cumplió el oráculo del profeta:
«Abriré mi boca diciendo parábolas, anunciaré lo secreto desde la fundación del mundo.»
Luego dejó a la gente y se fue a casa. Los discípulos se le acercaron a decirle:
–«Acláranos la parábola de la cizaña en el campo.»
Él les contestó:
–«El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del reino; la ci­zaña son los partidarios del Maligno; el enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha es el fin del tiempo, y los segadores los ángeles.
Lo mismo que se arranca la cizaña y se quema, así será al fin del tiempo: el Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y arrancarán de su reino a todos los corruptores y malvados y los arrojarán al horno encendido; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga. »

LECTURAS DEL DOMINGO


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