Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

"Un escriba que entiende del reino de los cielos"
24-07-2020
"Un escriba que entiende del reino de los cielos"

Jesús concluye hoy el discurso de las parábolas con una apelación a la sabiduría, esto es, a saber pedir a Dios (primera lectura) luz y discernimiento pero también encontrarla mediante el estudio y el propio esfuerzo de los sucesos y obras de los hombres y la naturaleza. El rey Salomón se sabe pequeño y frágil y más después de la impresionante obra de su padre, el gran rey David. Consciente de sus limitaciones y también de quien y como puede subsanarlas, hace esa petición especial al Dios de Israel: no quiere riquezas ni que le libre de sus enemigos sino sabiduría, discernimiento, capacidad de entender la realidad y de actuar en consecuencia para conseguir el bien, el bienestar y el cumplimiento de la alianza. Discernir bien es la misma sabiduría hecha realidad, llevada a la vida y no solo mantenida en libros. La sabiduría no brota a modo de furúnculo en cada uno, sino que se tiene que adquirir. En nuestra tradición, se trata de un regalo de Dios, esto es, se obtiene el roce con el Señor mismo en la oración, pasando largas horas a solas “tratando de amistad” con Él, estudiando juntos la Palabra pero para llevarla a la vida y para llevar a la vida a otros, dándoles razón de nuestra esperanza. Es gratis, pero se da a quien está en el lugar esperado (oración) con los medios requeridos (corazón abierto, voluntad decidida e inteligencia despierta). Como todo regalo, es preciso trabajarlo, profundizarlo, asimilarlo. Nuestra tradición católica, en especial, nos recuerda que fe y razón no se oponen, sino que trabajan juntas y colaboran para hacer luz en nuestra vida y nuestro mundo. La fe no es oscurantismo (excepto si muta en fanatismo y deja de ser fe) sino todo lo contrario: luminosidad y en estos tiempos, y en todos, hemos de defenderlo con buenos argumentos y buenas obras.

Las últimas parábolas de Jesús subrayan que la fe conduce a la decisión plenamente humana (combinado de enamoramiento y discernimiento) de “preferir” el tesoro, la perla, que justifica la entrega de todo lo demás que somos y tenemos. La “contemplación” del Evangelio y la meditación sobre él conducen al gesto de la voluntad de asumirlo como fundamento e impulso de la propia existencia. Aunque la última parábola, paradójicamente, parece decir lo contrario que es más bien lo complementario: el reino es como una red con capacidad para recoger a todos, aunque luego vendrá el discernimiento. Esto es, que somos elegidos gratuitamente pero que más vale que le encontremos el gusto, que hagamos trabajar el inmenso don recibido. Por último, parece que el mismo evangelista se describe a sí mismo como ese escriba, esto es, un judío que conoce la sabiduría de la Ley, pero también sabe del reino de los cielos, esto es, ha encontrado el tesoro, la perla y ha decidido apostarlo y aportarlo todo por este gran regalo.

» Primera Lectura

Lectura del primer libro de los Reyes 3, 5. 7-12

En aquellos días, el Señor se apareció en sueños a Salomón y le dijo:
–«Pídeme lo que quieras.»
Respondió Salomón:
–«Señor, Dios mío, tú has hecho que tu siervo suceda a David, mi padre, en el trono, aunque yo soy un muchacho y no sé desenvol­verme. Tu siervo se encuentra en medio de tu pueblo, un pueblo in­menso, incontable, innumerable. Da a tu siervo un corazón dócil pa­ra gobernar a tu pueblo, para discernir el mal del bien, pues, ¿quién seria capaz de gobernar a este pueblo tan numeroso?»
Al Señor le agradó que Salomón hubiera pedido aquello, y Dios le dijo:
–«Por haber pedido esto y no haber pedido para ti vida larga ni riquezas ni la vida de tus enemigos, sino que pediste discernimiento para escuchar y gobernar, te cumplo tu petición: te doy un corazón sabio e inteligente, como no lo ha habido antes ni lo habrá después de ti.»

» Segunda Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 28-30

Hermanos:
Sabemos que a los que aman a Dios todo les sirve para el bien: a los que ha llamado conforme a su designio.
A los que había escogido, Dios los predestinó a ser imagen de su Hijo, para que él fuera el primogénito de muchos hermanos.
A los que predestinó, los llamó; a los que llamó, los justificó; a los que justificó, los glorificó.

» Evangelio

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 13, 44-52
En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:
–«El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el cam­po: el que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo.
El reino de los cielos se parece también a un comerciante en perlas finas que, al encontrar una de gran valor, se va a vender todo lo que tiene y la compra.
El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan, y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran.
Lo mismo sucederá al final del tiempo: saldrán los ángeles, sepa­raran a los malos de los buenos y los echarán al horno encendido. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.
¿Entendéis bien todo esto?»
Ellos le contestaron:
–«Sí.»
El les dijo:
–«Ya veis, un escriba que entiende del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando del arca lo nuevo y lo antiguo.»

LECTURAS DEL DOMINGO


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