Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

"También los perros se comen las migajas"
14-08-2020
"También los perros se comen las migajas"

Tiempo y espacio no parecían estar del lado de Jesús. Tenía mucho trabajo que hacer y poco tiempo para llevarlo a cabo, personalmente. Como enviado personal de Dios para los últimos tiempos, debía hacer llegar el mensaje y la actuación que proclamaban la llegada efectiva del reino a todos los lugares, al mayor número posible de personas. Primero, a los judíos, especialmente “a las ovejas descarriadas de Israel” pero sin descartar a los “paganos”, a los no judíos. Esta apertura está ya presente en la Escritura, especialmente en los profetas (segunda lectura) donde se valora la capacidad de los “goyim”, extranjeros, incircuncisos, paganos para acoger la palabra y, lo que es más importante, para hacer la voluntad de Dios. Esto es lo que más se alaba: que el acercamiento de los extranjeros al Dios de Israel, a menudo más auténtico y sincero que el de los propios judíos. Había, pues, una posibilidad, un camino siempre abierto más allá de la pertenencia en carne y sangre al pueblo judío. Desde que la Biblia se tradujo al griego y pudo ser conocida de la “ecumene” de esta cultura, no faltaron los extranjeros que se sintieron atraídos por la idea y la persona de este Dios misterioso y bien diferenciado tanto del mundo como de las pasiones humanas: eran los “prosélitos” que solo podían incorporarse al pueblo de la promesa tras un largo proceso y muchísimas trabas y problemas. El Evangelio nos mostraba a Jesús aproximándose, casi sin querer, a este mundo pagano de personas que se dejan tocar por la presencia de Dios. Por una vez, sin que sirva de precedente, Jesús se atiene a las “normas”, a las “formas”. Como cualquier otro rabino que se preciase de serlo, no hace caso a la mujer, evidentemente pagana, que le viene suplicando: su misión se limita a las ovejas perdidas de Israel. Al final, casi como para que les deje en paz, se decide a atenderla. Y así tiene lugar un diálogo corto pero impresionante que nos muestra directamente lo que es el encuentro en la fe.

Jesús le recuerda la separación, la diferencia que implica la alianza, que une a los judíos pero también les separa de los demás. La mujer, con verdadera humildad, la reconoce, asume, acepta pero logra encontrar una grieta, el camino de acercamiento a esa estructura de vida y salvación: la gracia y salvación son para los hijos, preferentemente, para quienes se sienta oficialmente a la mesa de la alianza, pero de esa mesa, de esa relación, rebosan migas, migajas que llegan a todos. Jesús sabe valorar el gesto en lo que vale: el reconocimiento del Dios de Israel, de su presencia y su fuerza salvífica que van más allá de la historia y de la misma alianza, que se desborda como misericordia sobre cualquiera que se le acerque o lo necesite. Esto significa que su fe es grande, que le “da” a Dios y le hace capaz de ver hecha realidad su petición.

 

» Primera Lectura

Lectura del libro de Isaías 56, 1. 6-7

Así dice el Señor:
«Guardad el derecho, practicad la justicia,
que mi salvación está para llegar,
y se va a revelar mi victoria.
A los extranjeros que se han dado al Señor,
para servirlo,
para amar el nombre del Señor
y ser sus servidores,
que guardan el sábado sin profanarlo
y perseveran en mi alianza,
los traeré a mi monte santo,
los alegraré en mi casa de oración,
aceptaré sobre mi altar
sus holocaustos y sacrificios;
porque mi casa es casa de oración,
y así la llamarán todos los pueblos.»

 

» Segunda Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 11, 13-15. 29-32

Hermanos:
Os digo a vosotros, los gentiles:
Mientras sea vuestro apóstol, haré honor a mi ministerio, por ver si despierto emulación en los de mi raza y salvo a alguno de ellos.
Si su reprobación es reconciliación del mundo, ¿qué será su reinte­gración sino un volver de la muerte a la vida?
Pues los dones y la llamada de Dios son irrevocables.
Vosotros, en otro tiempo, erais rebeldes a Dios; pero ahora, al re­belarse ellos, habéis obtenido misericordia.
Así también ellos, que ahora son rebeldes, con ocasión de la mise­ricordia obtenida por vosotros, alcanzarán misericordia.
Pues Dios nos encerró a todos en la rebeldía para tener misericor­dia de todos.

» Evangelio

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 15, 21-28

En aquel tiempo, Jesús se marchó y se retiró al país de Tiro y Sidón.
Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle:
–«Ten compasión de mi, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo.»
Él no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle:
–«Atiéndela, que viene detrás gritando. »
Él les contestó:
–«Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel.»
Ella los alcanzó y se postró ante él, y le pidió:
–«Señor, socórreme.»
Él le contestó:
–«No está bien echar a los perros el pan de los hijos.»
Pero ella repuso:
–«Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las mi­gajas que caen de la mesa de los amos.»
Jesús le respondió:
–«Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas.»
En aquel momento quedó curada su hija.

LECTURAS DEL DOMINGO